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“Nunca imaginé que la obra que inició mi carrera literaria pudiera seguir vigente casi 20 años después” Entrevista a Isabel Mesa Gisbert

Gito Minore, 

Escritor argentino

 

Isabel Mesa Gisbert nació en La Paz en el año 1960. Es escritora de literatura infantil y juvenil, licenciada en Ciencias de la Educación con maestría en Literatura Infantil. En el año 2006 fundó la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil (ABLIJ) de la cual fue presidenta hasta el 2010. Entre sus tantos títulos publicados, La pluma de Miguel de 1998 es considerada “la mejor novela juvenil boliviana”.

 

P- En el año 2015 compiló la Antología de la Literatura Infantil y Juvenil de Bolivia en la cual están representados todos los géneros (poesía, cuento, novela, etc) Allí  mismo se recogen diversas obras que fueron publicadas en estos casi 100 años de historia ¿Podría contarnos cómo fue el trabajo de compilación? ¿Cuáles fueron los ejes fundamentales que tomó en cuenta para su elaboración?

R-Es un trabajo que me lo encargó la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia en el momento justo. Desde hace 22 años que yo empecé a interesarme por la literatura infantil de mi país y acumulé en casa todos los libros que pude conseguir hasta armar en todo ese tiempo una biblioteca interesante sobre LIJ boliviana que me ahorró tiempo y mucho trabajo a la hora de hacer la antología. Hace unos cinco años atrás inicié un estudio sobre los pioneros de la LIJ de mi país, y luego, poco a poco, fui avanzando en el tiempo con otros autores; así que ya tenía gran parte del trabajo de lectura realizado.

Hacer una antología no es fácil, no por el trabajo que esta conlleva sino porque lo que uno elige es muy subjetivo, básicamente termina siendo un gusto personal y, de pronto, muchos autores u obras quedan fuera. El eje fundamental de toda antología es tener obras de calidad literaria, además de ese criterio, primó el hecho de que estuvieran presentes autores de todas las épocas, la mayor cantidad de géneros posibles, y una representación de autores de diversas regiones del país. En realidad, la antología resultó ser, sin querer, una pequeña historia de la literatura infantil y juvenil del país. Para fortuna mía, todos los libros de la Biblioteca del Bicentenario tienen un tribunal de otras tres personas que colaboran con el antologador. Estuve reunida con otros tres especialistas que me ayudaron, en definitiva, a decidir lo que iba y lo que no. Fue una selección muy complicada. Sin embargo, no puedo menos que sentirme satisfecha. En sus dos años de vida, la antología es el libro más vendido de la Biblioteca del Bicentenario. Está en su tercera edición con 40.000 ejemplares publicados y el Ministerio de Educación la ha dispuesto, junto a otros libros más, como texto oficial para los colegios bolivianos.

P-Entre sus títulos, el primero de ellos, La pluma de Miguel es considerado por la crítica como “la mejor novela juvenil boliviana”, de hecho es una de las obras más vendidas de los últimos años ¿En qué cree que radica el éxito del mismo?

R-La Pluma de Miguel: una aventura en los Andes es una de las primeras novelas juveniles que se hizo en Bolivia cuando ese sector de lectores estaba desatendido. Ganó el Premio ENKA de Literatura Infantil en Colombia (1998) y el libro se publicó en La Paz con todo ese plus. Sin embargo, nunca imaginé que la obra que inició mi carrera literaria pudiera seguir vigente casi 20 años después. El tema es interesante, porque es la lucha entre ángeles y demonios por el rescate de la conciencia humana en una aventura que recorre toda la zona andina y que está ambientada en pleno siglo XVII, cuando la ciudad de Potosí era la más apetecida ya que las minas de plata se encontraban allí. Es una mezcla de personajes sobrenaturales y seres humanos que se insertan en un trozo de la geografía y la historia de la época de la colonia.

P-Muchas de sus novelas tratan el tema de los pueblos originarios, no tanto de una manera didáctica o documental, sino más bien con un abordaje desde la aventura o la acción. ¿A qué se debe su elección?

R-Yo creo que se debe al bagaje cultural que mis hermanos y yo recibimos cuando éramos niños y adolescentes. Nuestros padres fueron historiadores del arte muy reconocidos dentro y fuera del país. Nos vimos involucrados en todos los paseos a las ruinas precolombinas e iglesias coloniales de la zona andina que recorrieron para buscar a escultores, pintores y arquitectos de la colonia, y también el estudio histórico de los pueblos que existieron antes de la llegada de los españoles a América.

Cuando comencé con la escritura para niños y jóvenes, pensé que mis libros deberían en primera instancia dar a conocer a los jóvenes nuestro patrimonio cultural; nunca de una manera didáctica, pero sí de una manera amena y divertida. De esa forma surgen libros con temas como El espejo de los sueños (mitos de las comunidades indígenas), La portada mágica (aventura para conseguir los elementos de las portadas barrocas del siglo XVIII), La Turquesa y el Sol (aventuras de dos adolescentes en el imperio incaico), Trapizonda: un video juego para leer (dinosaurios que pasaron por América del sur en la época cretácica), La esfera de cristal (una aventura navideña que muestra los orígenes del pesebre y las costumbres navideñas) y Fábula verde (una aventura de ciencia ficción unida a las fábulas contadas por los cronistas de los siglos XVI, XVII y XVIII). Además también fui una gran fan de los cuentos de hadas. Con ese tema surgieron El revés del cuento (novela basada en un cuento de los hermanos Grimm) y El cuento que nunca se contó (novela corta basada en la vida de un príncipe de cuento de hadas).

P-En el año 2006 ha creado la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil (ABLIJ) y ha sido presidenta de ella hasta el 2010. ¿Qué la llevó a emprender semejante desafío? ¿Cuáles cree que fueron los logros más destacados de su gestión?

R-Fundamos la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil a pedido de los especialistas Sylvia Puentes (Uruguay) y Luis Cabrera Delgado (Cuba) quienes ya habían fundado la Academia Latinoamericana de Literatura Infantil. Ya se habían fundado academias similares en Uruguay y Perú. Luego surgieron la Academia de Ecuador, Chile, México y Panamá. A mí me interesó mucho la idea porque el objetivo principal de la Academia era la investigación y en ese campo en Bolivia no hay casi nada. Es un área en la que hay mucho por hacer.

Después de 11 años de su fundación, la Academia se ha convertido en un referente importante sobre la LIJ boliviana. En 2009, por ejemplo, terminamos la primera (y hasta ahora única) página web sobre literatura infantil boliviana (www.ablij.com) que reúne a autores, ilustradores, casi 500 libros, reseñas, artículos, etc. Ese mismo año lanzamos el primer número de nuestro boletín virtual de literatura infantil “Vuelan, vuelan” que sale de manera mensual y nunca se ha interrumpido. Actualmente, estamos en el boletín No. 95. Este boletín contiene artículos, reseñas de libros, noticias, novedades, cartas de lectores, etc. La Academia ha recibido seis distinciones dentro y fuera de Bolivia, así que los integrantes nos sentimos realmente satisfechos por todo el trabajo realizado. Además, la Academia tiene publicaciones con trabajos de investigación y otras con reseñas de libros recomendados. Por otro lado, cada dos años se realiza la distinción a los mejores libros de LIJ boliviana que la Academia reconoce colocando un sello de calidad en la tapa de sus próximas ediciones.

P-¿Cómo ve el panorama de la actual literatura infantil y juvenil boliviana?

R-La literatura infantil en Bolivia ha dado un gran salto. Hasta principios del siglo XXI, la mayoría de los autores publicaban con sus propios recursos y vendían sus libros puerta a puerta. Hoy en día, hay editoriales que le han dado valor a la literatura infantil y juvenil y que apoyan a labor de los autores. Santillana fue la primera que publicó un libro infantil en 1998. Luego apareció Grupo Editorial La Hoguera, Editorial Gente Común (Hoy 3600), Grupo Editorial Kipus. Otero Ediciones y Editorial Gisbert. Por primera vez, el gobierno se interesa por la LIJ y por eso la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia ha publicado la Antología de la Literatura Infantil y Juvenil en Bolivia; esa ha sido una de las mayores satisfacciones.

Bolivia es uno de los países que menos literatura infantil produce al año en todo Latinoamérica (tal vez junto a Guatemala, Honduras y El Salvador). De acuerdo a estadísticas no se publican más de 50 libros anuales, cuando en otros países pasan de los cientos. En Argentina, Colombia y México, por ejemplo, sobrepasan los miles. Llegan muy pocos libros del exterior, así que es difícil estar al día en cuanto a tendencias, pero creo que se está mejorando poco a poco. Como en muchos países, el teatro y la poesía que fueron los géneros con los que se inicia la LIJ boliviana, hoy en día casi han desaparecido. El cuento fue un boom hasta el año 2000. Hoy en día es la novela infantil y juvenil el género que prima en nuestra literatura. Incluso, ya se tiene el concepto de libro álbum que es algo muy nuevo. La Academia trajo al especialista Fanuel Díaz a hablar del tema el año 2010, y el primer concurso sobre libro álbum se da en 2012. Ya tenemos algunos publicados.

Por otro lado, existen instituciones que se dedican a la literatura infantil como el Comité Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, IBBY-Bolivia, FODEI y el Centro de Promoción Benjamín de la Lectura, Letras y Artes; todas estas dedicadas a la difusión y promoción de la LIJ. La Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil es la que se dedica a los registros y datos sobre los libros para niños. Es la única entidad que realiza  investigación de la literatura infantil.

P-¿Cuáles son sus proyectos futuros?

R-En este momento estos 100% dedicada a la investigación de la literatura infantil y juvenil de mi país. Me imagino que este proyecto me llevará un año más. Luego, regresaré nuevamente a la ficción que es otra cosa que me encanta hacer.

Gito Minore: [email protected]

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