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martes , 24 octubre 2017
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Morir por el fútbol en Qatar

Iosu Perales

Qatar tiene una población cercana a los dos millones, nurse pero de ellos tan sólo 250 000 son ciudadanos, no rx la mayor parte de sus habitantes son extranjeros que trabajan y viven allí. Es una monarquía absoluta, try vecina de Arabia Saudí, y cuenta solamente con 11.000 kilómetros cuadrados. A este país que desconoce la democracia y aplica unas relaciones laborales (a los trabajadores extranjeros) próximas a un tipo de esclavitud moderna, le ha sido concedida la organización de la Copa Mundial de Fútbol de 2022.

¿Es Qatar un país con tradición futbolística? Rotundamente no. Para los qataríes se trata de un deporte exótico. ¿Es acaso un país que goza en verano de un clima amable para la práctica del fútbol? Pues no, en esa época del año el termómetro anda por los 50 grados, de tal manera que ya se piensa en trasladar la competición al mes de noviembre, con lo que ello supone de trastorno para todas las ligas mundiales. Entonces, ¿por qué a un país tan pequeño y con un clima adverso, que apenas conoce el fútbol, le ha sido concedido tal honor? La respuesta está en el hecho de que es la tercera reserva mundial en gas natural, a lo que hay que sumar sus enormes reservas petroleras, todo lo cual ha hecho del pequeño emirato el país con la mayor renta per cápita del planeta. Con esta carta de presentación, la directiva de la FIFA (Federación Mundial de Fútbol Asociación) no podía resistirse: Qatar huele a mucho dinero.

Este asunto no sería sino uno más en el debe de la industria del fútbol, sino fuera por la gran tragedia que desvela los muertos y más muertos que se está cobrando la construcción de lo estadios. La denuncia del Comité para los Emigrantes Nepalíes (suponen un 20% de la población activa de Qatar) es de impacto: más de 400 trabajadores de esa nacionalidad han muerto ya en las obras de los estadios. La ONG denuncia las condiciones de trabajo, de extrema inseguridad, y hace la proyección siguiente: de seguir así unos 4.000 trabajadores habrán muerto para cuando concluyan las obras. Este cálculo es compartido por la Confederación Internacional de Sindicatos que advierte que doce obreros mueren cada semana. La situación es tan grave que Amnistía Internacional publicó el pasado mes de noviembre un detallado informe sobre los abusos que sufren los trabajadores de la construcción en Qatar.

Es de interés señalar que el diario inglés “The Guardian” ha publicado un reportaje en el que se denuncia las inhumanas condiciones laborales que sufren los trabajadores, especialmente los emigrantes, en Qatar. Los obreros trabajan a pleno sol, a 50ºC, con los salarios retenidos durante meses, sin acceso agua potable gratuita, sufren hambre, viven en casas superpobladas sin ninguna condición sanitaria… Las muertes se producen fundamentalmente por fallos cardiacos y accidentes laborales, y la Confederación Internacional de Sindicatos cree que gran parte de los trabajadores viven constantemente enfermos.

La citada Confederación ha pedido a la FIFA que presione al gobierno qatarí para poner fin a esta dramática situación. La federación de fútbol ha reconocido estar “preocupada” por tanta muerte (a este ritmo la Copa Mundial terminará siendo causa de genocidio) y su presidente Joseph Blater se ha dirigido a las autoridades políticas y económicas del emirato pidiendo “condiciones laborales justas de inmediato”. Pero es dudoso que le hagan caso, más allá de la retórica formal. Es un país en el que sólo el 13% son ciudadanos con derechos, en tanto que el resto de habitantes constituye una masa subordinada, sobre todo los trabajadores nepalíes, indios, pakistaníes y de otros países asiáticos, que no son sino un ejército de mano de obra al servicio de una minoría despótica. El comité organizador del Mundial 2022, ante las presiones de organismos de derechos humanos ha prometido que va a hacer que se respeten los derechos de los trabajadores en las obras para la copa de fútbol. El año pasado ya hizo una promesa similar. Veremos que ocurre tras este nuevo compromiso. Pero aunque así fuera ¿quién protegerá a los trabajadores que no están en los estadios pero sí levantando los enormes rascacielos que pueblan la capital Doha?

A los trabajadores nepalíes que llegan a la construcción de los estadios les quitan el pasaporte, de modo que no pueden salir del país libremente. Las empresas contratistas les pagan con retrasos de hasta 12 meses (en más del 70% de los casos) o simplemente no les pagan. Si los trabajares denuncian su situación ante autoridades judiciales, enseguida se les exige un depósito como garantía del proceso jurídico. Casi nunca tienen el dinero para hacerlo. Ocurre que en Qatar las empresas funcionan al margen del marco del derecho internacional del trabajo. Sencillamente ignoran todo derecho laboral del empleado, aun cuando las leyes qataríes prevén derechos laborales formales. En estas condiciones decenas de trabajadores nepalíes han ingresado en la embajada de su país en busca de protección y como vía para volver a Nepal. Los que construyen el sueño mundialista viven como esclavos. Son personas anónimas, invisibilizadas al mundo. La FIFA y el gobierno qatarí lo saben, pero callan. Y uno no sabe que pensar cuando observa tanta complicidad para no hacer pública esta sangrante situación: ¿Qué dicen los medios de comunicación de nuestro entorno? Nada. ¿Se habla de este asunto en las tertulias futbolísticas de los medios? No. Por lo visto hay demasiados intereses que obligan o aconsejan callar.

Ah! una sola pregunta: ¿cómo justifica el Barsa llevar en su camiseta la publicidad “Qatar Airways”, la de un país donde se mata y se muere por el fútbol?

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