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MERECIDO RECONOCIMIENTO AL POETA EDGAR ALFARO CHAVERRI

CLARABOYA

Álvaro Darío Lara

Eran tardes muy frescas, así las recuerdo a una distancia de cuarenta y un años, cuando todos los sábados un grupo de jóvenes de entonces, nos reuníamos en el campus de la Universidad de El Salvador, para leernos versos, prosas y conversar amenamente.

La mayoría de las veces esas conversaciones se extendían por cafeterías, calles interminables, casas de habitación, y algunos bares y cervecerías. Era el delirio poético que nos abrasaba, la gran necesidad de decir nuestras verdades internas en la forma misteriosa, metafórica, sugerente y profunda que la literatura proporciona a sus hacedores y lectores.

Por ese tiempo, dentro de un grupo muy diverso, heterogéneo de voces y formación (aunque la gran mayoría oscilaba entre dieciocho y veintitantos años a lo sumo), sobresalía por su edad, y blancura de piel, Edgar Alfaro Chaverri, el famoso “Chele Edgar”, un poco mayor que nosotros, trabajador remunerado ya, y padre de familia ya, con una inquietud y pasión desbordante por la palabra, y también con una gran humildad y deseo de aprender. Estudiante de Letras.

Muy respetuoso de sus mentores pasados y actuales. Edgar, siempre estaba atento a las sugerencias, opiniones, valoraciones, que otros contertulios pudiéramos darle respecto a sus escritos, a sus textos literarios.

La gran devoción y aprecio por la palabra, andando el tiempo, viniendo muchas hojas nuevas en los árboles, y marchitándose también muchas, dieron paso a una apreciable y voluminosa obra, que el poeta ha ido publicando en sus cuadernos poéticos, bellezas artesanales, donde de intento en intento, Edgar, aprendió el oficio de editor e impresor de libros. Calculo varias decenas de ellos, y con los cuales, en momentos apremiantes, se ha ganado noblemente el sustento.

Por todo esto, por una vida dedicada a la poesía, y viviendo como un verdadero poeta, muchos de sus amigos, no dudaron con ocasión de la festividad del día del padre y del maestro, de tributarle un sentido reconocimiento el pasado 27 de junio, en la Casa del Maestro de Santa Tecla, donde hubo arte: música, pintura y literatura.

Allí, en ese recinto, se produjo una significativa reunión intergeneracional de artistas, unidos en el homenaje al poeta, solidarios con él. Fue verdaderamente un privilegio poder compartir la palabra con quien fuera nuestro gran compañero en el Taller Literario Xibalbá y amigo querido por tantos años.

Gran razón tenía nuestro recordado poeta Ricardo Lindo (1947-2016) cuando nos dijo: “Sí, la voz de Edgar Alfaro Chaverri es la de un poeta auténtico y por momentos toca lo excepcional. Varios son los referentes del poeta, pero su voz es suya y sólo suya”.

Si bien el infortunio, la terrible locura, el desaliento, han marcado el paso del poeta, en ocasiones, cierto es que su actitud alegre, dichosa, ha disipado, y sigue disipando los sinsabores con que el tiempo nos manda: achaques de salud, líos monetarios, soledad; sin embargo, airoso, sabe que su palabra, al igual que los amores (la poesía de Edgar ha sido fundamentalmente amatoria), se queda, por su propio derecho, en el milagro de la poesía.

Las personas solidarias, amantes de su poesía, y amigos, que deseen apoyarlo en estos momentos de quebrantos de salud, pueden hacerlo a la siguiente cuenta bancaria:003510774800 del Banco Agrícola, a nombre de EDGAR MANUEL ALFARO.

Finalizamos con sus versos, tomados de su poema “Sólo queda tu nombre”: “No llores musa, no llores;/ aquí tienes todo lo que de ángel/ diste a mis demonios. / Amiga, /pasa todo y nada:/ por dicha, tus migas de ambrosía/ son eternas;/ sólo queda tu nombre, / para rondar corazones locos/ y cálidos amores”.

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