Por Julio Enrique Ávila
El Momento Oportuno
El mar soberbio. La luna.
Mil y mil estrellas. Y una
canción tan suave
y tan lejana
y tan cansada,
que parecía un ave
buscando una ventana
ignorada…..
¿Dónde la encontrará la mañana
-me dijiste- después de tanto andar?…..
Yo repuse: Como a todo soñar,
la encontrará esperando…..
Que el sueño es incansable
como el mar….
¡Sabia hora oportuna!
Mar, estrellas y luna,
y una
canción
lejana,
cansada,
a quien el corazón
le brindó su posada
como a una dulce hermana.
Tú estabas junto a mí
y dentro de mí….. Éramos uno
ante la inmensidad….
Y así, tú en mí, yo en ti,
apuramos cada uno
toda la eternidad!
La Libertad, diciembre 22-23
ESPIRALES
Nací a las 6 de la tarde
(si así no fue así debió
haber sido)
Matiz tenue, sin alarde
de luz y sin violencia.
Una llamita de ciencia
y un ansia de nido.
Si así no fue así debió
haber sido…
Si el espíritu vive en el
paisaje- temblor en la luna, tono
en el celaje,
efluvio en el cielo dormido-
el mío se ilumina y arde
sólo a las 6 de la tarde.
Matiz tenue, sin alarde
de luz y sin violencia….
En lo íntimo florece
la eucarística paciencia,
y el alma, en éxtasis, parece
el alma misma de la tarde.
Nací a las 6 de la tarde
(si así no fue debió haber
sido).
Matiz tenue, sin alarde
de luz y sin violencia.
Una llamita de ciencia
y un ansia de nido….
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