Marlon Chicas
El Tecleño Memorioso
Mucho se ha escrito sobre los orígenes de Santa Tecla y su fundación, pero poco sobre sus topónimos o nombres propios en náhuatl del valle donde se asentó la Ciudad de Las Colinas.
De acuerdo con la historia, Santa Tecla fue establecida en 1854 bajo el nombre de Nueva San Salvador. La intención de las autoridades y élites de la época fue la de mudar la ciudad capital a esta zona, tras el terremoto que destruyó San Salvador ese mismo año.
Para el establecimiento de la nueva capital, el presidente de la república teniente general José María San Martín designó dicho terreno por su clima fresco y su proximidad con el Puerto de La Libertad.
En cuanto al valle donde se pensó construir la nueva metrópoli existen varios nombres en náhuatl que, de acuerdo al historiador tecleño Carlos Mejía se le conoció con los siguientes nombres.
Valle de Huetepec, que significa «Cerro Grande», ya que la ciudad se encuentra ubicada entre dos elevaciones como lo son La Cordillera del Bálsamo y El Boquerón.
Otro topónimo con que fue conocido este lugar fue Valle de Ululam que se traduce como “Lugar de árboles de Hule”. Existe otro nombre según los expertos que se denomina Valle de Pulamil, que se traduce como “Sembradío de plátanos” o “Platanar”, aunque también está ligado a la siembra de maíz.
De acuerdo con lo anterior, Santa Tecla cuenta con extensa riqueza cultural de nuestros pueblos originarios, la que poco a poco se desvanece en el tiempo, por el desinterés de las autoridades de transmitir sentido de identidad a las nuevas generaciones en nuestras escuelas y colegios.
No olvidemos que nuestra ciudad se caracterizó por su clima gélido a toda hora del día, su exuberante vegetación que poco a poco desaparece por la voracidad del modernismo que, si bien es necesario debe normarse para evitar excesos que ocasionan daños al ecosistema.
Nuestras tradiciones ancestrales, que aún perduran tímidamente en las comunidades rurales de la Cordillera del Bálsamo y del Boquerón, del que ya hay un inventario cultural que duerme el sueño de los justos.
En conclusión, es responsabilidad de todos los tecleños, conocer la historia de nuestra ciudad, que nos invite a sentirnos orgullosos de nuestra identidad y tradiciones, así como proteger los pocos recursos naturales que aún nos quedan, antes que sea demasiado tarde.
“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla» George Santayana.

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