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Los Derechos Humanos

José M. Tojeira

Dado que nos acercamos al día de los Derechos Humanos, purchase el próximo 10 de Diciembre, cialis sale conviene reflexionar sobre el tema. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, find los Derechos Humanos se han convertido en una especie de moralidad externa al poder. Pero salvo en las declaraciones formales, quienes están en la esfera del poder no demuestran mayor interés por este aspecto clave de los Derechos Humanos. En el pasado se hablaba de los medios de comunicación como el gran sistema de control social del poder, más allá del método democrático de los pesos y contrapesos. Porque la democracia representativa reparte el poder en diversas instancias que se  controlan unas a otras. Y en la medida en que éstas se pueden volver dependientes de los partidos en el poder, pueden dejar a los ciudadanos fuera de los mecanismos de control. Los medios, que inicialmente expresaban la opinión ciudadana, se convertían en una opción ciudadana de control. Cuando con el paso del tiempo la mayoría de los grandes medios han pasado a expresar posiciones excesivamente ligadas al poder económico y sus intereses políticos, han sido los Derechos Humanos, en buena parte en manos de la sociedad civil (todo el mundo puede reclamarlos), los que se han convertido en la más importante dimensión moral externa al poder.

En El Salvador, cuando las instituciones han estado durante demasiado tiempo total o casi totalmente cooptadas por el poder político y económico dominante, los Derechos Humanos eran el último recurso de las víctimas. Los niños desaparecidos, desde las hermanitas Serrano, que el defensor del Estado decía que no había prueba de su existencia, hasta el caso de los cinco niños desaparecidos, en el que el Estado aceptó su responsabilidad, nos dicen que sólo una autoridad vinculada a los Derechos Humanos ha logrado un inicio de justicia. En el caso jesuitas y en el caso Romero ahí siguen las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sin cumplirse a cabalidad, como debieran. Ni siquiera la actual Sala de lo Constitucional, tan positiva y veloz en muchas ocasiones, se atreve a enfrentar con la celeridad debida esa ley de amnistía de 1993 que sirvió para taponar y encubrir las farsas de enjuiciamiento que llevaron a cabo un buen número de nuestros jueces. Sólo los sistemas internacionales de Derechos Humanos repiten, por activa y pasiva, que ese tipo de amnistías violan tratados internacionales, pensamiento democrático moderno, convivencia pacífica y amistosa. Y sobre todo patean y desprecian los derechos de las víctimas mientras protegen a los victimarios.

En este contexto es importante señalar un conflicto que aparece por segunda vez entre la Sala de lo Constitucional y la Procuraduría de los Derechos Humanos en El Salvador. Recientemente el Procurador de Derechos Humanos sentó posición a favor de Alfredo Bukele, afirmando que la Sala de lo Constitucional había violado sus derechos. Y la Sala casi inmediatamente envió una advertencia al actual Procurador acusándole por segunda vez de intervenciones indebidas, dado que sólo la Sala tiene la facultad de decretar lo que es constitucional o no. En realidad, los Derechos Humanos están más allá de la Sala de lo Constitucional o de la Corte Suprema de Justicia o de cualquier otro poder del Estado. Y es importante que el Procurador recuerde a todos los poderes del Estado que los Derechos Humanos están por encima de ellos. No se puede dudar de que tanto la Corte Suprema como anteriores Salas de lo Constitucional violaron los Derechos Humanos por comisión y por omisión. No digamos del Ejecutivo o de la Asamblea Legislativa, que a lo largo de nuestra historia justificaron e hicieron una buena serie de tropelías. Que alguien recuerde la importancia de los Derechos Humanos no es una intromisión ni una intervención indebida. Es cierto que el Procurador se puede equivocar en sus apreciaciones como se puede equivocar cualquier humano, esté o no en el poder del Estado. Pero si afirma que a alguien se le violaron derechos humanos la respuesta no debe ser descalificatoria, sino respetuosa. Se debe mirar hacia el interior de la institución a la que se le advierte y se debe contestar sin prepotencia.

Todos los ciudadanos tenemos la obligación de cultivar el respeto a los Derechos Humanos. Éstos son patrimonio de todos y garantía de que la humanidad es una, sin distingos, teniendo cada persona la misma e igual dignidad. A toda persona que reclame sus derechos básicos hay que escucharla y responderle con cordura. Y en El Salvador la necesidad es todavía mayor, dado que muchos de los derechos económicos y sociales de la población son solamente, hasta el momento, derechos formales, pero sin fundamento en la realidad. La fiesta del 10 de Diciembre deberíamos celebrarla todos como algo propio y al mismo tiempo como tarea inconclusa.

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