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Los cinco primeros telemaestros

Carlos Burgos

Fundador

Televisión educativa

 

En un principio, sildenafil algunos maestros rechazaban la idea de la TVE en sus aulas, recipe decían que sería una intrusa en su labor, pills pero esto se descartó porque los maestros reconocieron que tenían que actualizarse, a pesar de su oposición política al ministro Walter Béneke.

Los cinco primeros telemaestros que grabaron teleclases de séptimo grado fueron los rostros iniciales de la TVE. Todos sonreían con afecto al lente de la cámara. Ellos fueron:

1. Oscar Rodolfo Vega, de matemáticas, usaba lentes, voz de tonalidad  grave. Transmitía seguridad con los números.

2. Edgar Galileo Flores, de Estudios Naturales, mirada sostenida, en Oriente le decían Lechuza. Promovía el saber científico.

3. José Lázaro Canales, de Estudios Sociales, sonrisa franca provinciana. Descubría la realidad de la vida en el país.

4. Roberto Eugenio Argüello, de Idioma Nacional, se distinguía por su diplomacia. Enfatizaba en el buen decir.

5. Antonio Mayorga, Tony, de Inglés, mostraba un camanance solo en una mejilla. Reflejaba

confianza al «speakinear».

Un formidable quinteto de profesionales de la educación, admirados, pesos pesados y  apasionados de la televisión. Estudiosos de los temas a presentar, creativos, con buena retentiva, tolerantes pero no con todos. Los únicos que podíamos llamarles la atención éramos los Realizadores, puesto que, prácticamente se desempeñaban como actores y nosotros como directores de cada teveprograma.

Los Telemaestros eran famosos entre los alumnos, por esto se les exigía buenas maneras, buena conducta, buenas relaciones humanas, no cometer errores ni expresar frases incorrectas. Sobre ellos estaban puestos los ojos de miles de alumnos, de maestros y de padres de familia. Muchas alumnas se entusiasmaban al ver personalmente a algunos de ellos, y otras se decepcionaban, porque la televisión magnifica algunas imágenes y disminuye otras, es lo que se llama resolución ante cámara, pero el maquillaje juega papel importante.

Y detrás de ellos, en lo técnico y pedagógico, estábamos los Realizadores, Camarógrafos, Técnicos de electrónica, Maestros especialistas y otros, que teníamos saberes y creatividad para producir teleclases de calidad. Estábamos conocedores de que si nos íbamos a meter en el aula deberíamos hacerlo con seguridad, empatía y calidad.

Los maestros prácticamente no se oponían a la Reforma Educativa porque estaban conscientes que la Educación requería cambios, aunque algunos decían que era reaccionaria y otros que no iba a resolver los problemas. Pero se necesitaba actualizar a los maestros en general, capacitar a los docentes del Tercer Ciclo que habían ascendido sin los estudios para ese período, redactar nuevos programas de estudio de todos los niveles, producir y dotar a los alumnos de textos acordes con los nuevos programas. También la administración de la educación necesitaba tornarse ágil, menos burocrática, libre de favoritismo y amiguismo, y por supuesto era urgente la creación de nuevas leyes y sus reglamentos.

En el ámbito sociopolítico se advertía un descontento en relación con los gobiernos militares y dictatoriales, con origen en elecciones fraudulentas. Las ideas revolucionarias se extendían por Latinoamérica como aspiración de pueblos oprimidos y explotados, que motivaba a sacudirse ese tipo de dominio.

La Reforma Educativa traería a los alumnos nuevas visiones sobre la realidad nacional a través de los Estudios Sociales. Esta asignatura era el resultado de fusionar varias materias: Historia, Geografía, Moral, Urbanidad y Cívica. Algunos maestros autores de textos escolares se oponían a la Reforma, ponían el grito en el cielo porque ya no se tendrían separadas esas materias. Pero los cambios no se detuvieron.

Los telemaestros asistían a tertulias con amigos en forma discreta, tratando de no tener muchos ojos encima, pero alzaban sus copas celebrando las transformaciones en que participaban como pioneros de las clases a través del novedoso medio de la televisión.

Sin proponérmelo me enteraba. Vega me dijo: ¡Qué desastre!, ya lo supiste y solo hicimos un brindis, y Galileo, solo dos que tres. Fuera de cámara todo lo correcto se vale, les respondí. Y reímos con la copa, digo, con la taza de café en mano.

 

 

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