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Lo que realmente deseamos los jóvenes…

German Rosa, click for sale s.j.

Juventud, case clinic palabra seductora, decease intrigante y que muchas veces nos desconcierta. Muchos hemos sido jóvenes alguna vez, y algunos añoramos volver a serlo; otros lo serán, o en realidad ya lo son; de todas formas, ante la juventud emergen sentimientos que permiten creer  que esta etapa de la vida se vive con mucha confusión y conflicto. Una mirada más profunda,  sin embargo, nos permite creer que ser joven es una cualidad que no se restringe a los 15, los 20 o los 30 años. Muchos son cronológicamente jóvenes, pero están envejecidos, sin sueños, ni proyectos, ni esperanzas, ni deseos nobles. Otros, aunque ancianos, tienen un corazón joven y un espíritu juvenil. Ser joven no es una limitación ni un pecado; por el contrario, es un modo de vida que vale la pena disfrutar.

¿Qué queremos realmente los jóvenes? Los deseos más profundos son propios de todos los jóvenes de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, América Latina y el mundo entero; estos deseos mueven nuestras sociedades y por eso vale la pena pensar sobre ellos. Con este artículo queremos expresar los deseos de los jóvenes de Las Palmas, en San Salvador, balbuceando y parafraseando siete poemas, que según nuestro modo de entender, reflejan lo que hay en su corazón. Presentamos sus deseos para que se sumen muchos otros jóvenes que se identifican con ellos.

¿Qué deseamos realmente los jóvenes?

1) Tener siempre nuestra mirada en alto y el corazón ardiente, sintiendo a Dios más íntimo que nuestra propia intimidad. Y como dice el Poeta, sentir que nuestros ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, silencio que habla, tempestades sin viento, mar sin olas, pájaros presos que quieren volar lejos, doradas fieras adormecidas que despiertan y sorprenden porque tienen grandes sueños de esperanza. Deseamos que nuestra mirada sea un claro bosque donde la luz canta y es puerta del más allá porque queremos llegar más lejos del horizonte que contemplamos (Cfr. Octavio Paz, Poema Tus Ojos).

2) Dado que nuestra vida no es fácil, queremos vivir nuestro sufrimiento con el dulce consuelo del bálsamo de la esperanza. Vivir siendo dueños de nuestro jardín de sueño, lleno de rosas y cisnes vagos, como declama el poeta, y sentir el dolor y la infancia de la juventud, pero que sus rosas impregnen su fragancia en nuestras vidas, que nuestra juventud sea potro sin freno… (Cfr. Ruben Dario, Poema Cantos de Vida y Esperanza). El bálsamo de la esperanza nos alienta en la aflicción, nos salva del crimen y del suicidio; vivir con esperanza nos alimenta contra el dolor y seca nuestro llanto calmando nuestros pesares (Cfr. Delmira Agustini, La Esperanza). Nuestro símbolo es Jesús de Nazaret, un judío marginal, con quien nos identificamos, porque él se ha identificado primero con nosotros en todo, menos en la complicidad con el mal que es lo que llamamos pecado.

3) Queremos trabajar por hacer realidad el país y el mundo que soñamos. Así como lo hizo Jesús de Nazaret, que vivió dignamente con el fruto del trabajo de sus manos, siendo un carpintero en su pueblo. Deseamos que nuestra vida sea tierra fecunda donde nacen y crecen las esperanzas de los seres humanos y donde se hace realidad una comunidad de amigos sin fronteras. Que nuestra vida y nuestro trabajo sean como la tierra donde crecen los cafetales, los cañales, las milpas, las frutas y las verduras que nutren a todos los que los necesitan. Por eso queremos prepararnos, terminar nuestros estudios de bachillerato y también de Universidad para tener un trabajo digno, y también, por qué no, ser inversionistas en nuestro país y dar trabajo digno a otros, amigos y hermanos de mi pueblo.

Uno no escoge nacer en Las Palmas, en La Chacra, en El Salvador, en Centroamérica, en América Latina, pero amamos nuestra patria, nuestra tierra y nuestra gente que nos vio nacer. No hemos escogido el tiempo para venir al mundo, pero queremos dejar huella en nuestro tiempo, en nuestra historia. Nadie puede evadir su responsabilidad; nadie puede taparse los ojos, los oídos, enmudecer; todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que nacer, una meta que alcanzar… Ahora podemos hacer realidad el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros, nuestra juventud (Cfr. Gioconda Belli, Uno no escoge). Semilla de amor, de justicia, de paz, de misericordia, de amistad y hermandad; queremos recrear el mundo y escribir la historia, amando con ternura, practicando la justicia y caminando humildemente con Dios.

4) Renunciaríamos a nuestra juventud si dejáramos de soñar. Por eso queremos darle vida a nuestros sueños que alimentan el alma porque no son jamás realidades vanas. Los sueños expresan nuestras necesidades más profundas. Aquellas que nos lanzan a conseguir las metas y a escalar montañas, y también volcanes. Deseamos darle vida a nuestros sueños, aunque nos llamen locos; no dejaremos que mueran de hastío, ni que les rompan las alas; haremos que vuelen con nosotros en nuestra compañía. Queremos darle vida a nuestros sueños y, con ellos volando, tocaremos las estrellas y el viento, que susurrando nos contarán secretos que han guardado para nosotros. Queremos decirlo con la voz del poeta: “Dale vida a los sueños que tienes escondidos, descubrirás que puedes vivir estos momentos con los ojos abiertos y los miedos dormidos, con los ojos cerrados y los sueños despiertos” (Mario Benedetti, Dale vida a tus sueños).

5) Nosotros los jóvenes deseamos dar lo mejor de lo que somos y tenemos. No hay obstáculo, ni reto que no podamos superar. Por eso superaremos los retos económicos para salir de la pobreza, de la triste miseria que engendra la violencia; no hay nada que nos impida lograr nuestros sueños de libertad ante la situación crítica de la violencia y lograremos ser personas que trabajan dignamente.

Queremos hacer nuestro propio camino, y como dice el poeta, caminos sobre el mar. Sin pretender la gloria, queremos que nuestras huellas hagan camino y nada más, porque sabemos que nuestro camino es único, y que sólo se hace camino al andar, y al volver la vista atrás, veremos la senda que nunca volveremos a pisar… “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” (Cfr. Antonio Machado, Poema Antares). Nuestros sueños son sueños de esperanza que nacen de la fe profunda en Dios que nos acompaña y nos ayuda a luchar por alcanzarlos.

6) Nosotros los jóvenes deseamos dejar la mejor herencia posible porque nuestra juventud es un verdadero tesoro. Así lo dice Rubén Darío, uno de los grandes poetas de América, “Juventud divino tesoro, ¡te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer…” (Rubén Darío, Canción de otoño en primavera). Deseamos ser como el río, los manantiales, los pozos de agua pura que sacian la sed de paz, justicia y solidaridad de tantas personas y familias de nuestro país y del mundo que tanto lo necesitan.

Queremos llorar, no porque lamentamos nuestro pasado sino por el gozo y la alegría de confesar que hemos vivido plenamente nuestra juventud; porque queremos que nuestros días y que nuestra vida sean la mejor herencia para nuevas generaciones jóvenes que seguirán haciendo sendas sobre las olas del mar, y seguirán haciendo caminos nuevos que conduzcan la juventud a la felicidad y no a la desgracia ni a la desdicha.

7) Deseamos, al mirar hacia atrás, añorar que hubiéramos podido hacer más y nunca despreciar lo que hemos construido. Deseamos escribir el argumento de nuestras vidas con amaneceres de mil colores y atardeceres con el sabor de una inmensa satisfacción, porque confesaremos, al final de nuestros días, que habremos realmente vivido en plenitud. Queremos que nuestra juventud sea nuestra verdadera poesía.

Mons. Romero, nuestro Pastor y ejemplo de vida, en su homilía del 26 de abril de 1979, al hablar sobre la juventud tal como lo dice en su Diario Espiritual, expresa lo siguiente: “En la predicación resalté la juventud como signo de renovación, de inquietud, de exaltación a las cosas audaces. Les invitaba a orientar con criterio evangélico y cristiano y especial todos esos ímpetus juveniles, para que la juventud sea una continua pascua. ¡Un Cristo que resucita para no morir más!”. Deseamos ser una juventud, tal como lo dice Mons. Romero: viva, audaz y resucitada en un mundo de tanta muerte y violencia.  Finalmente, queremos expresar que uno de los deseos más profundos que habita nuestro corazón es que se diga y recuerde nuestro nombre con dignidad. Podemos decir con sano orgullo que nuestro nombre es, con mucha honra, “Las Palmas”, mi apellido es “El Salvador”, mi identidad es “latinoamericana”, y tengo pasaporte con visa múltiple para viajar por todo el mundo porque soy “ciudadano del universo”.

Deseamos ser amigos de todos los jóvenes que quieran construir una red de solidaridad con nuestros deseos. Una solidaridad sin fronteras con los chapines, los catrachos, los pinoleros, los ticos, los panas, y todos aquellos que quieran atreverse a seguir deseando soñar juntos y haciendo realidad nuestro sueño de un mundo de amigos y de amigas, de hermanos y de hermanas que extirpen el mal de la violencia para vivir en paz y dignidad.

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