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Lo que debe saberse de la aprobación del presupuesto

En primer lugar, hay que decir -sin ambigüedades- que la aprobación del Presupuesto General de la Nación 2020, antes de que finalizara el presente año fiscal, era necesaria por varias razones.

En primer lugar, las calificadoras de riesgos toman como criterios para calificar a un país, a partir de las señales que lanzan los políticos, entre estos la Asamblea Legislativa y el Ejecutivo, para ponerse de acuerdo en temas importantes de nación.

Habrá que esperar, como lo dijo más de una vez el ministro de Hacienda, Nelson Fuentes, que buscaría en Washington a las calificadoras para le pongan una nota distinta a El Salvador.

“Un estancamiento político que conduzca al fracaso de la propuesta de presupuesto de 2020 y la aprobación del financiamiento no necesario podría presionar la calificación de El Salvador (B- / Estable), informó una de las calificadoras de riesgo, según la CentralAmericaData.com.

El ministro tiene que mejorar esa calificación, o por lo menos mantenerla.

Es importante resaltar en la opinión de la calificadora el hecho de que, al aprobarse el presupuesto, también se aprueban los créditos externos para financiar el Presupuesto General de la Nación, dado que las proyecciones de ingreso para el otro año son menores a los gastos programados y, por ende, se necesita de préstamos para completar el presupuesto 2020.

El presupuesto para el próximo año lleva 645 millones de dólares en préstamos para cubrir el presupuesto que asciende a $6,426.1 millones.

Por cierto, el Gobierno había solicitado un endeudamiento de $755, pero en las negociaciones entre los parlamentarios de derecha y del Gobierno, lograron reducirlo a 645 millones de dólares, a cambio de exonerar de intereses la mora fiscal, lo que -desde la lógica de la derecha- animaría a las empresas deudoras a ponerse al día, por lo que el fisco recogería más impuestos, por el orden de los $110 millones. Si esto es así, solo se podrá comprobar en el transcurso del próximo año fiscal.

En segundo lugar, es necesario que el presupuesto se apruebe antes de que finalice el anterior año fiscal, porque eso permite que las inversiones del Estado proyectadas como inversión pública se inicien sin retrasos, así como otros proyecciones como incrementos salariales, etc.

Tercer lugar, el FMLN no votó por el presupuesto en general, ni el préstamo, porque los representantes del Gobierno se negaron a explicar de forma bilateral las dudas que los diputados de izquierda tenían de algunos montos como, por ejemplo, los casi 200 millones de dólares que iban en partidas ministeriales como “gastos financieros”.

El diputado Jorge Schafik Hándal Vega puso como ejemplo que en el Ministerio de Defensa, de $640 mil dólares que en 2019 contemplaba la partida de Gastos Financieros, en 2020 presenta $20 millones.

Además, pedían se les explicara del porqué el incremento salarial a los soldados y policías no iba contemplado en el presupuesto como tal, sino como parte de los fondos que se recogen con el impuesto a la telefonía; el cual -por cierto- dado que es una contribución especial, tiene un tiempo perentorio, sujeto a una prórroga de la Asamblea Legislativa, como ya ha ocurrido en dos ocasiones anteriormente.

La derecha legislativa, sin dar mayores detalles, asegura que los representantes del Ejecutivo sí se los explicaron y que “les habían quedado claras las dudas que el FMLN presentaba”.

Lo lógico hubiera sido que, más allá de la ‘chirria’ que el presidente de la República, Nayib Bukele trae contra el FMLN, las cosas de nación deberían tratarse con todas las fuerzas; pues, dado que, y más allá de la correlación que el presidente Bukele tiene con la derecha salvadoreña, si de mandar mensajes de confianza hacia el exterior se trata, hubiera buscado los votos del FMLN.

Y, por último, es necesario que se diga que los diputados del FMLN sí votaron por parte del presupuesto: votaron por el aumento de la pensión de los veteranos de guerra y por el incremento del bono trimestral para los policías, soldados y custodios de centros penales.

Es decir, la aprobación del Presupuesto General de la Nación, si bien se hizo a tiempo, también ha dejado dudas de cómo se negociaron ciertos términos, dado que estos no quedaron claros, ni para quienes los esgrimían y mucho menos para el público.

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