Saúl Méndez
Colaborador
El exministro de Obras Públicas, Transporte, Vivienda y Desarrollo Urbano, Gerson Martínez, en el exilio, afirmó que El Salvador atraviesa una concentración total del poder estatal bajo un régimen de excepción permanente, una situación que, según sostuvo, ha debilitado las instituciones democráticas, restringido libertades fundamentales y reducido los contrapesos del Estado.
Según Martínez, esto es posible porque, a su juicio, Casa Presidencial controla a la Policía Nacional Civil, a mandos del Ejército, a la Fiscalía General de la República, a la Corte de Cuentas de la República, y ha debilitado al Instituto de Acceso a la Información Pública. Aseguró que también ejerce control sobre la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, gran parte de la Corte Suprema de Justicia y el Tribunal Supremo Electoral.
“Entonces, ¿qué no controla? Lo controla todo”, cuestionó durante una entrevista en el programa Café con PA’IS.
“En circunstancias como estas, donde prácticamente el 99.9 % de los organismos defensores de derechos humanos han sido decapitados; donde la gente está siendo perseguida; donde más de 52 periodistas independientes, críticos del poder e independientes del Gobierno, han tenido que exiliarse, enfrentar persecución o incluso la cárcel; y donde medios como El Faro, Factum, Asociación de Periodistas de El Salvador y otros espacios de periodismo independiente han sido golpeados, entonces, ¿cuáles son las garantías? ¿Cuáles son las libertades?”, cuestionó.
“¿Estás en estado de sitio? ¿Estás en estado de excepción? ¿Estás en un estado de fascismo?”, planteó.
El exfuncionario también comparó la situación con el funcionamiento del sistema jurídico durante el régimen de Adolf Hitler. “Así como existió un ideólogo de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, también en el ámbito jurídico hubo un ideólogo: Carl Schmitt”, explicó.
Martínez señaló que Schmitt fue uno de los principales teóricos del régimen de Hitler y que en el núcleo de su pensamiento se plantea lo siguiente: “El que controla el estado de excepción tiene en sus manos el poder y la soberanía”.
Es decir, quien decreta el estado de excepción le arrebata al pueblo su soberanía y asume el control tanto del poder como de la soberanía.
“Yo valoro profundamente a las comunidades que luchan para que los gobiernos locales estén en manos de las propias comunidades. Creo que eso es loable”, dijo Martínez en otro tema.
“Incluso, luchar por tener representación en la Asamblea Legislativa de El Salvador me parece importante”, agregó.
“Pero participar en elecciones presidenciales bajo un gobierno que consideran totalmente inconstitucional, dictatorial y entreguista, cipayo, lacayo, porque es una mascota del poder hegemónico».
«Ir en esas condiciones a hacerle el juego al sistema es como llamar al pueblo a un coliseo romano”, mencionó.
“Sería como un espectáculo titulado: ‘Cristiano amarrado contra fieras. Suelten’”.
A su juicio, eso sería comparable a participar en elecciones durante la época de Adolf Hitler o Benito Mussolini.
“Entonces, llamar a participar en ese juego, frente a los herederos políticos de Mussolini, me parece una deslealtad con el pueblo”.
“Lo que yo sí creo es que hay que dar la lucha política”, concluyó.
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