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LAS FOTOS. UNA REALIDAD CONCEBIDA

Myrna de Escobar,

Escritora y docente

Vernos al espejo al levantarnos cada mañana es descubrir de nuevo el alma y apreciar que seguimos vigentes cuando otros se nos han adelantado en el camino. Las fotos, por el contrario, son una realidad concebida y aunque solo sean un reflejo de la misma, a muchos nos agrada posar para ellas.

Esa primera instantánea de nosotros tras el espejo muestra nuestra verdad, y tras esa impresión grata o ingrata el baño refresca la imagen a proyectar durante el día, pues a diferencia de los pequeños, a la mayoría de los adultos nos preocupa vernos presentables ante los demás.

El baño diario es vital para echarnos de nuevo la vida al hombro, como debe ser, y al igual que el trabajo nos dignifica. Aunque esto no es una realidad para todos en los países subdesarrollados, como el nuestro, donde muchas madres solteras han hecho y continúan haciendo carrera con la pobreza y sacan adelante a sus hijos con mucho sacrificio.

La ropa, el maquillaje y la actitud hacen lo suyo para ocultar los años de más y esconder esos kilos adquiridos por la ansiedad y el estrés diario. El perfume, por otra parte, nos brinda una mejor sensación de nosotros cuando elegimos el adecuado, claro está. Pero una blanca sonrisa sella nuestro rostro a la mirada de los demás, y puede hacer a una persona irresistible, atractiva.

Contrario a las selfis, las cámaras ocultas en espacios públicos son otras formas de retratar nuestros momentos desplazando así al fotógrafo profesional que tomaba nuestras fotos en el pasado. Esa toma puede congelar nuestra imagen en una situación favorable o desfavorable y a diferencia del reflejo mañanero, hacerlo sin nuestro conocimiento o consentimiento.

A diferencia de la fotografía a color, las fotos en blanco y negro esconden las imperfecciones, algo que no sucede con el video donde se recoge además el ambiente, los sonidos, las palabras, y las emociones del momento; pero éste se puede editar. Como sucede con El Photoshop.

A diferencia del pasado, cuando era grato revivir momentos inolvidables en torno al álbum familiar, hoy las fotos rara vez se revelan y se acumulan en la galería de un celular haciéndonos prescindir de los álbumes.

Las bodas se vuelven memorables gracias a las fotos. En ellas se presume y se inmortaliza la felicidad única, y casi mágica, de los que deciden unir sus vidas ante la sociedad. Acudir a ellas en los momentos de crisis conyugal puede ser el salvavidas necesario para salvar cualquier relación. Señalan los expertos.

Un ascenso, un cumpleaños, un aniversario, una fiesta o cualquiera sea la ocasión, la foto es imprescindible para recordar y en ella se denota el estado de las personas que aparecen en la misma. Es esa pose que se reserva con cierta malicia para parecer bien. ¿Y qué decir de los fotogénicos? Siempre lucen bien y disfrutan tomarse fotos. Otros rehúsan aparecer en ellas.

La foto es un reflejo instantáneo de una ocasión y que estamos ansiosos de mostrar a otros, más no constituye nuestra verdadera identidad. Esa verdad relegada al subconsciente nos constituye y marca nuestra personalidad. Es nuestro sello indeleble, nuestra huella digital.

La foto nos asocia con el nombre que nuestros progenitores nos asignan antes de nacer. Y es nuestro deber dar nuestra mejor cara sin dejar de sonreír, aún en la adversidad, como silba el zapatero o el carpintero al hacer su trabajo. Curioso, ¿cierto?

Con el tiempo esos instantes vividos penden de un retrato sobre una cómoda o de una pared y son momentos que se confabulan en hacernos creer que el que está en la foto es la persona que conocemos, más solo es un reflejo, un instante del alma expuesta ante los reflectores de una cámara o de un celular, para la cual casi siempre nos aseguramos de vernos bien.

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