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La voz de Armijo es una lámpara

Mauricio Vallejo Márquez

Suplemento 3000

 

Roberto Armijo (1937-1997) fue un poeta, narrador, dramaturgo  y ensayista que nació en Chalatenango. Desde niño deseaba convertirse en escritor  como en su departamento la escolaridad llegaba hasta sexto grado, Armijo se vio obligado a salir rumbo a la capital para poder seguir estudiando. Él solo con tenacidad salido adelante, sobrevivió ganándose la vida en diferentes empleos, entre los que estaba vender periódicos en el Centro de San Salvador donde fue testigo de la terrible naturaleza humana, lo que profundizó su sensibilidad, cuenta su viuda Ana María Echeverría. Esos años fueron difíciles, él afirmaba que sobrevivió gracias a la lectura, porque después de ir a la escuela llegaba a la Biblioteca Nacional donde profundizaba en los mundos escritos por Kipling y Jack London, entre muchos más como Las mil y una noches. Fue en esos días que tuvo su primer par de zapatos gracias al escritor Carlos Rivas Bonilla, autor de Andanzas y malandanzas,  quien seguramente auguraba un futuro prometedor en las letras, ya que gracias a ese calzado le fue más fácil seguir su camino, algo que siempre recordaba, nos cuenta Ana María.

Armijo fue miembro del Círculo literario Universitario junto a Roque Dalton, con quien visitó a Manlio Argueta para invitarlo a participar. También formaron parte de este: Tirso Canales y José Roberto Cea. Los cinco escritores después formaron parte de la Generación Comprometida donde estaban también los literatos del grupo Octubre.

Cuando laboraba en la librería de la Universidad de El Salvador (UES) ganó una beca para estudiar teatro en parís Francia. Sin embargo, tras el golpe de estado del 25 marzo 1972 se vio obligado a vivir un exilio durante veintisiete años. Francia lo albergó y desde ahí continuó desarrollando su obra y fue parte del mundo académico francés donde continuó engrandeciendo la buena amistad que ya tenía con el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias, con quien mantuvo desde El salvador una estrecha amistad. Cuando falleció  Asturias cargó su féretro cuando fue enterrado en el cementerio Pere Lachaise, en París. También tuvo buena amistad con los escritores peruanos Julio Ramón Ribeiro y Alfredo Bryce Echenique. De igual forma compartió mucho con los escritores salvadoreños Mario Hernández Aguirre y Ricardo Lindo.

Armijo también fue representante del FMLN en la nación gala. Todos esos años fungió como catedrático de la universidad Nanterre.

Viviendo en Europa se trasladaba a dar conferencias y visitar distintas universidades de Europa. En una de estas, en Alemania se desarrollaba un acto en homenaje a Monseñor Romero en donde tuvo compartió tiempo con Ignacio Ellacuría S.J. a quién le leyó fragmentos de su novela El Asma de Leviatán, Ellacuría al conocer esta obra quedó encantado por su calidad y lo convenció de que la publicara UCA Editores. Cuenta Ana María que “Ellacuría quedó seducido con la novela, y casi le obligó a soltarla. Y el poeta se la entregó”. Lamentablemente llegó la Ofensiva Final y el 11 de noviembre de 1989 el Sacerdote Jesuita fue asesinado, por lo que no pudo ver la obra publicada en 1990. Ahora la novela ha sido publicada gracias a la generosidad de sus herederos, por medio de la Dirección de publicaciones e Impresos.

De igual forma la DPI realiza una edición de su poemario Cuando se enciendan las lámparas, excelsa obra lírica donde utiliza la alegoría de Ulises y su retorno a Ítaca para representar sus sentimientos sobre su exilio por más de veinte años. Armijo pudo regresar a El Salvador tras la firma de los Acuerdos de paz de 1992. Dicho poemario fue publicado por primera vez en 1997. Armijo también escribió los libros de poesía: El libro de los sonetos, La noche ciega al corazón que canta. Escribió la obra de teatro: Jugando a la gallina ciega.

Un género que escribió mucho fue el ensayo, desde 1956 suma una cantidad importante de estos que resultan fundamentales para la tradición literaria salvadoreña, así como muchísimos autores que aún esperan el digno momento en que sean publicados por el Estado.

Armijo falleció el 23 de marzo de 1997 en París, sin embargo sigue vivo en sus libros a la espera de hermanarse con sus lectores.

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