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Un avaro moderno

Mauricio Vallejo Márquez,

Suplemento 3000

El Avaro de Molière se presentó en el Teatro poema el domingo anterior ante un lleno de su sala. Esta obra fue presentada hace siete años y volvió para deleitar al público con sus once actores y la dirección de Enrique Valencia. En la entrada se apreciaba a don Roberto Salomón brindando la bienvenida a los espectadores que asisten a la última presentación tras estar esta obra en cartelera del teatro del 15 al 25 de agosto.

El Avaro es una pieza de teatro escrita originalmente en cinco actos escritos por Jean-Baptiste Poquelin 1622-1673), el cual se vio influenciado de la obra La olla de Plauto (254-184 e. c.). En el Avaro retrata como protagonista a Harpagón, interpretado por el actor Óscar Guardado, que brinda una interesante actuación al imprimir una personalidad cómica obsesionada por la frugalidad y el egoísmo generando una trama cómica a partir de situaciones  dramáticas, quien es magistralmente desarrollado por Guardado, el cual logra generar desaprobación de su conducta y risas. Conforme se desarrolla la obra en un escenario donde el color blanco y el minimalismo está presente, sus hijos Cleanto (Fernando Rodríguez) y Elisa (Karen Castillo) desean casarse con Valerio, a quien cómicamente Harpagón llama “colochito”, (Marvin pleytez) con quien da entrada a la obra con una delicada interpretación de un momento romántico en la que ambas parejas se muestran su cariño y pasión. Sin embargo, se ven enfrentados con la negativa de su padre avaro, porque él desea tomar nupcias con Mariana (Julie Pimentel), quien es la persona que ama Cleanto. Mientras que a Elisa quieren obligarla a casarse con don Anselmo, aunque esta ama en secreto a Valerio, que para estar cerca de su amada trabaja como sirviente de Harpagón y deja evidente su dominio corporal con una serie de movimientos acrobáticos que lograron el asombro de los presentes.

De igual forma cautivó el sirviente de Cleanto, Flecha interpretado por José Rodríguez quien también mostró su conocimiento de Capoeira en el escenario haciendo una serie de vueltas de gatos que le dieron su condimento al personaje, además de una interpretación divertida que motivo cariño y personalidad al personaje.

Durante la puesta en escena se observan movimientos coordinados y acrobacias de parte de los actores, lo cual le brinda movimiento a la obra. Además se ha tropicalizado el lenguaje para acercarlo con el público salvadoreño, así como el manejo de la actualidad, lo cual fue recibido con aceptación. Los espectadores disfrutaron de principio a fin.

Es de destacar el papel de Frosina (Dinora Alfaro), quien nos logra evocar una persona con alta capacidad de seducción y manipulación. Ella es quien se encarga de generar el arreglo para el matrimonio de Mariana con Harpagón.

El papel flemático y auténtico de Maese Santiago y Maese Simón (Juan Barrera) evoca un respeto profundo para el actor, quien demuestra toda su experiencia en el escenario provocando risas cuando Harpagón habla con Maese Santiago que es a su vez el cocinero y el cochero,  porque Santiago es ambos y exige tomar el papel de cada uno por separado.

La Muda y el Inspector (Luis Lozano) resultaron dos personajes de mucha versatilidad. Asombró el manejo de ambos personajes por Lozano quien demostró sus dotes como cómico, sobre todo con la interpretación de la mamá Muda, sirviente del Avaro, quien recuerda a algunas colaboradoras que laboran en casas ostentosas.

Don Anselmo (Roberto Salomón) es el padre de Valerio y Mariana, quien se creía fallecido en un naufragio y se presenta para darle desenlace a la obra junto a su guardaespaldas Armando (José Carlos Ramos). Salomón se toma el escenario luciendo una peluca que nos recuerda el cabello rizado y abundante de los retratos de Molière mientras carga un ramo de rosas. Con su voz reposada y firma dominó el escenario y llegó a imponer orden para darle un final feliz a la obra permitiendo que las parejas se casen con quienes desean y dejando al avaro feliz con su cajita.

La producción de la obra estuvo a cargo de Cuevas Álvarez, las luces de César Noé González para llevar a buen término de principio a fin el ambiente dela obra. El juego de luces resultó atinado y natural.

Modernidad

La modernidad nos obliga a adaptarnos a los cambios, a darle esos detalles que vuelvan amigable una obra escrita hace más de quinientos años. Y son estos lo que generan conexión, así como la adaptación al lenguaje comprendido por diferentes segmentos de nuestra población. Es una forma de acercar el teatro a la gente, algo que es destacable.

En lo personal disfrute la obra, me encantó que el ambiente no estaba saturado y lograba que el público se centrara en el trabajo de los personajes en sus movimientos que por momentos daban la sensación de ser una danza. Fue especial ver las exageraciones en sus gestos y movimientos, lo que hacía por momentos que los personajes se convirtieran en caricaturas más fijas en la mente. Lo que vuelve necesario querer ver de nuevo esta obra en cartelera con la buena dirección de Enrique Valencia, sobre todo porque su temática y crítica sobre la avaricia y la mentira siguen vigentes y a través de la comedia nos siguen enseñando mucho.

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