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La vergüenza en los Juegos fue la factura a la mordaza

Por: Rolando Alvarenga

Pasará mucho tiempo para que la gran familia deportiva salvadoreña -esa que tiene dignidad, vergüenza y orgullo- logre digerir el vergonzoso quinto lugar obtenido por El Salvador en los XI Juegos Centroamericanos Managua 2017.

Y es que, salvo los medallistas de oro y plata, lo demás fue una pobre y anunciada actuación, producto de la falta de fogueos, bases de entrenamiento y muchos atletas sin nada que hacer en estos Juegos. A eso hay que sumar la no erogación económica a tiempo de los fondos por parte del INDES.

Sin duda, un desastre sin precedentes en nuestra historia deportiva y que tuvo varios ingredientes, entre ellos: la complicidad de un resto de federativos, gerentes, atletas y entrenadores que se dejaron amedrentar y amordazar a la hora de denunciar que el dinero para la preparación no estaba, ni terminó llegando a tiempo. Mordaza por parte

de la cúpula INDES que incluso he sentido en carne propia.

Y es que no hay por qué tener miedo, ni callar, porque este dinero viene del pueblo y es para los atletas, a quienes debe llegar lo antes posible. El INDES solo es un administrador, no un verdugo. Sin embargo, al final los grandes perjudicados y chompipes de la fiesta fueron los

atletas, que terminaron pagando los platos rotos y quedando como los bandidos de la película.

Por otra parte, al INDES, al COES y a casi todas las federaciones ya les gustó hacerse “el de los panes” para no celebrar la otrora famosa gala de premiación a los mejores atletas del año. Por justicia

deportiva -si hay dinero para canastas básicas, obtención de recursos propios, cobro por inscripción de atletas y otras entradas- debería haber dinero para este tipo de galas anuales.

Más allá del caché y la oportunidad de saltar al club de las celebridades, estos estímulos inyectarían motivación a todos los atletas, ya que tener entre ceja y ceja el objetivo de aspirar a ser el Atleta del Año empujaría al deportista a trabajar con mucha entrega y disciplina  por destacar local e internacionalmente. La falta

de estas ceremonias denota la pobreza de visión dirigencial deportiva de un país. ¡Querer es poder y es lo justo!

*Los conceptos vertidos en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien los presenta.

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