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LA TRAMPA DE LA ILUSIÓN ELECTORAL

Por David Alfaro

11/07/2026

Es fácil comprender el entusiasmo que despierta la candidatura del Dr. Rafael Aguirre en ciertos sectores. En tiempos de asfixia política, cualquier rendija que prometa un cambio se convierte rápidamente en un faro de esperanza. Sin embargo, urge aterrizar y contrastar ese optimismo con la cruda realidad del terreno. La política no se nutre de buenos deseos, sino de correlaciones de fuerzas reales, y las actuales son implacables.

Para empezar, hay que mirar los números y el contexto sin apasionamientos.

Desgraciadamente, el dictador Nayib Bukele conserva un respaldo popular lo suficientemente sólido como para aplastar en las urnas a cualquier rival que se le ponga enfrente. Si a este arrastre masivo le sumamos las reglas del juego controladas desde el poder (un fraude que muchos ya dan por descontado), las matemáticas electorales sencillamente no cuadran para la oposición.

Pero el verdadero peligro del fenómeno Aguirre no es solo que vaya a perder; es el rol que juega sin querer. Al competir en estas condiciones, el FMLN de José Luis Merino le está entregando en bandeja de plata al oficialismo el ingrediente que más necesita: LA APARIENCIA DE NORMALIDAD DEMOCRÁTICA. Su participación funciona como el decorado perfecto para validar ante la comunidad internacional una segunda reelección que la propia Constitución prohíbe. Es la coartada ideal para simular un juego limpio que no existe.

Al final, la supuesta legalidad del proceso no se definirá en las mesas de votación ni en el conteo de actas. Esa ya está decidida de antemano en los despachos de las instituciones y poderes del Estado completamente secuestrados. Seguir alimentando la ilusión de que se puede ganar este partido con el árbitro y el terreno en contra no es estrategia, es pura «ingenuidad», para no utilizar una palabra soez.

El factor humano en todo esto.

No obstante, existe un elemento humano que también debe considerarse. El Dr. Aguirre ha estado expuesto, según se ha denunciado, a múltiples presiones y amenazas, desde la posibilidad de perder su empleo hasta el temor de que se promuevan acciones judiciales en su contra con fines políticos. En ese contexto, es comprensible que busque un respaldo que le brinde mayor seguridad frente a esos riesgos. Desde esa perspectiva, su candidatura presidencial también puede interpretarse como una forma de obtener protección política y pública ante el temor de convertirse en objeto de una persecución judicial o de un eventual encarcelamiento por motivos políticos.

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