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La semana de resurrección de los desahuciados

René Martínez Pineda

Sociólogo

Viernes santo de los desahuciados en la fatídica unidad de cuidados intensivos de la miseria heredada por los corruptos. Es exactamente el viernes santo de los muertos en vida. Un niño descalzo y analfabeta trae un bote de pega oculto en una mortaja hedionda a orines asoleados… el sábado de gloria de los eternos defraudados. Una camisa de cal y hojas de ruda machacadas con alcohol ya es el predestino social de los que no gozan de todo lo bueno de lo social… el domingo de resurrección de los exilados en su propio país. Todo lo que rodea al hombre sacrificado en el sucio matadero de la política sucia es traición y sólo traición… el martes de pascua que se repite una y otra vez en las casas de los que viven en ascuas.

El huracán de la corrupción impune arrasa con los algodones de azúcar que nacen bajo la almohada de los niños y jóvenes que tienen más hambre que ilusiones… el miércoles de ceniza de quienes tienen como héroe invicto al niño panzón que come ceniza por las mañanas. La herrumbre de las monedas robadas al pueblo es el abono de los campos de cobre, cacao y níquel… el viernes santo de quienes, todas las noches, oyen los ladridos furiosos de las crónicas boletas de la casa de empeño. En los tejados sin violinistas ni tejas buenas pelean a muerte el zopilote y el cenzontle… el sábado de gloria de los pueblos a los que les robaron sus glorias, historias y memorias. Y la mano ósea del campesino sin campo sosteniendo una cuma afilada en la piedra de la memoria… el domingo de ramos de las devotas que dejan su vientre en la maquila y deambulan por la vida sin ramos de flores el día de la madre. El traqueteo de las matracas celestiales del cura sin cabeza y el zumbido de los pitos de barro son la eyaculación precoz de la utopía que se niega a morir… el lunes santo de los santos próceres de la santa corrupción que fue legalizada por la patética Constitución de los escuadroneros. Comenzaron en los buses pedorros las milongas del fusilado sin fusiladores… el martes de cuaresma de los que viven en abstinencia.

El denso y dulce incienso de estramonio repicando las campanas de bronce de la iglesia abandonada… el miércoles de vigilia del pueblo que fue vigilado por la dictadura militar parapetada en curules. En la esquina de la muerte atiborrada de orines calientes los esquineros sospechosos se visten de silencio prolongado… el jueves de la última cena de los que viven empachados de deudas impagables y por eso se acuestan sin cenar. Las famélicas vacas lecheras montan una huelga sin sindicalistas neoliberales para exigir que su petróleo blanco llegue a la casa de los más pobres… el viernes del santo entierro de los que viven enterrados bajo una tonelada de recibos sin pagar. Cuando la frente se derrite a chorros, cual glaciar privatizado, parece que todo está perdido… el sábado del santo sepulcro de aquellos que agonizan en la fosa común del salario mínimo sin referendo.

Y entonces, la plaza Libertad se cubre de azufre… el domingo de resurrección del pueblo en luto desde que el color rojo fue seducido y sodomizado por el verde de los dólares ajenos que viajan en autos clásicos. La muerte puso sus fecundos huevos en las entrañas de los excluidos… el lunes de cuaresma de los tristes más alegres que han sido condenados a deambular en el silencio de la cuarentena impuesta por el capital digital. El lunes y todos los días de la eterna semana sacrificial que no perdona ni olvida. El domingo de resurrección que no resucita a nadie porque esa alquimia es una falacia química y política. El sábado de gloria de quienes ya no recuerdan sus días de gloria nacional. Un ataúd de pino rústico es la casa donde habita la familia que amamos porque la maquila nos robó las fértiles campiñas e inundó de mierda los ríos majestuosos… el martes de cuaresma de los olvidados que no tienen a la mano ningún refugio o fortaleza que los libre de la furiosa tormenta tropical que, como si el pasado no pasara, ya tiene doscientos años. Una fosa abandonada en el cementerio “La Bermeja” es la cama cotidiana más propicia para hacer coherente el insomnio de las pestes crónicas.

Carnes magras jalándose del pelo; huesos de cristal en perpetuo choque; la flauta mágica traída de Hamelín por la orquesta sinfónica del robo conquista el territorio inédito del oído de aquel que dejó de oír las lecciones de la historia… el miércoles sin dios de los pordioseros consuetudinarios. Los perros jiotosos ya ladran por las calles de frío óxido que signan a las ciudades sin partida de nacimiento en las que se ocultan… el jueves ecuménico de quienes pueden meter el universo en un cartón hediondo a semen moderno. Al cuarto de mesón se le ponen los pelos de punta cuando conoce el rostro del corrupto venéreo que toma el sol con los huevos al aire en su rancho de lujo… el viernes de epifanía de aquellos que no tienen presencia humana en la tierra porque no tienen derecho a ser felices ni a la hora de ir a cagar. Allá donde el sol le hace un efímero cunnilingus a la cordillera del bálsamo baja el aluvión de injusticia social… el sábado santo que no es honrado por ningún cristiano desde que el capitalismo le bajó los calzones a la religión que ya no consuela a los feligreses porque tiene gangrena en el himen.

Hiedra roja contoneando sus lenguas lujuriosas por el verde pubis de la impunidad constitucional… el domingo de ramos que las personas quieren vitorear de hoy en adelante. Las llagas dejadas por la corrupción de los hermanos gemelos palpitan en la piel como incendio voraz… el lunes ecuménico de aquellos que le tienen miedo al cierre de las fronteras aunque no tienen pasaporte. Y el oloroso y caliente gentío desbordado inunda las calles y rompe las vitrinas de la lógica política… el martes de cenizas. El miércoles de gloria a la hora en punto. ¡Qué tétrica semana religiosa viven los que mueren a manos de la religiosa virtud bicentenaria de robar día y noche! Era lunes y martes y sábado y jueves en todos los calendarios. Para los que están jodidos un día es igual a otro hasta que llega alguien y le da una patada en el culo a la historia… el domingo de resurrección de los ofendidos que ya tomaron su turno con el firme deseo de no ser un nuevo eyaculador precoz. ¡El lunes tiene cara de domingo sabatino que huele a miércoles!

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