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La puerta de la misericordia se abre desde el corazón de África, el tercer mundo y la periferia

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Estamos en el umbral del año de la misericordia. El Papa Francisco ha realizado su viaje al continente Africano. Ha visitado Kenia, doctor capsule Uganda y la República Centroafricana, buy cialis del 25 al 30 de noviembre del año en curso. Hay una relación profunda entre el significado del año jubilar extraordinario de la misericordia y la visita al África. Veamos. De un lado, la palabra misericordia viene del Latín y significa lo siguiente: misere (miseria, necesidad); cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás); es decir, significa tener un corazón que se compadece con aquellos que tienen necesidad. El Papa, durante su visita al África, abrió la puerta de la misericordia en el corazón de este continente, en la República Centroafricana, para llamar la atención del mundo hacia los lugares donde se vive la pobreza, la miseria, la exclusión, la violencia social y política.

Nairobi, capital de Kenia, tiene entre 4 y 4,5 millones de habitantes, es una de las ciudades africanas más importantes desde el punto de vista político, cultural y económico. Sin embargo, 60% de sus habitantes vive en situación de miseria con un ingreso per cápita de 60 centavos de dólar al día. Si imaginamos lo que podría comprar con este ingreso per cápita un salvadoreño, esto sería una pupusa y media.

En Entebbe, Uganda, las palabras de Papa Francisco en el encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático fueron contundentes; quiso darle significado a la misericordia como un quehacer político y social. En este país, el Papa recordando a los mártires, tanto católicos como anglicanos, los llamó verdaderos héroes nacionales.

Sobre los mártires dijo estas palabras: “Ellos dan testimonio de los principios rectores expresados en el lema de Uganda: ‘Por Dios y mi país’. Nos recuerdan el papel fundamental que han tenido y sigue teniendon la fe, la rectitud moral y el compromiso por el bien común, en la vida cultural, económica y política de este país. También nos recuerdan que, a pesar de nuestros diferentes credos y convicciones, todos estamos llamados a buscar la verdad, a trabajar por la justicia y la reconciliación, y a respetarnos, protegernos y ayudarnos unos a otros como miembros de una única familia humana. Estos altos ideales son especialmente importantes en hombres y mujeres, como ustedes, que han de garantizar una buena y transparente gestión pública, un desarrollo humano integral, una amplia participación en la vida nacional, así como una distribución racional y justa de los bienes que el Creador ha otorgado con abundancia a estas tierras” (http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2015/11/27/el-papa-llega-a-uganda-procedente-de-kenia-iglesia-religion-dios-jesus-papa-francisco.shtml).

Luego, en Bangui, la capital de Centroáfrica, el Papa abrió la puerta de la misericordia. En esta nación hay constantes conflictos y muertes entre cristianos y musulmanes; ambos grupos se asesinan a diario, unos a otros, a pesar de varias misiones internacionales de paz.

Con este gesto, el Papa ha querido situarse en el corazón del conflicto religioso, político, social, cultural y económico del continente africano para realizar el signo que inaugura el año jubilar o el año de Gracia de la Misericordia. Es un gesto original. Abre la puerta central de la catedral de Bangui, para invitar a todos a vivir en misericordia, precisamente en un lugar donde se vive constantemente el riesgo, la muerte y se incrementan los desplazados. Bangui ha sido el escenario de numerosos enfrentamientos armados entre milicias musulmanas de la Seleka y sus rivales las milicias cristianas, anti-balaka. Para evitar tal confrontación las autoridades han decretado toque de queda de ocho de la noche a cinco de la mañana. Por esta razón el Papa dijo lo siguiente en el encuentro con la Comunidad musulmana de Bangui en la Mezquita central de Koudoukou: “somos hermanos, tenemos que comportarnos como tales y pidió decir ‘no’ a la violencia” (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-en-el-encuentro-con-la-comunidad-musulmana-en-bangui-49730/).

En Centroáfrica también han dado numerosas batallas, en Banbari y Batangafo, con muchas víctimas civiles, que han provocado el desplazamiento de miles de personas. El país tiene cuatro millones y medio de habitantes, de los cuales medio millón vive en condición de refugiados en países vecinos y otro medio millón son desplazados internos. Aunque en el país existe una misión de paz de las Naciones Unidas, los conflictos no terminan.

África vive al menos ocho conflictos abiertos en distintos países: República Centroafricana, Somalia, Sudán del Sur, Malí, al Este en la República Democrática del Congo, en las zonas del norte de Nigeria y de Camerún amenazadas por Boko Haram, y también en Burundi.

Estos conflictos bélicos no solo provienen de causas religiosas, sino también económicas, políticas y étnicas. Tales enfrentamientos armados, incrementándose las víctimas de manera exorbitante y el número de refugiados y emigrantes. Y por supuesto, la guerra aumenta la pobreza y la miseria de las poblaciones.

África es un continente que ha tenido una riqueza extraordinaria de recursos naturales, pero paradójicamente, treinta millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición  y el 43% de la población no tiene agua potable. Parecería que esta situación podría darse en una zona desértica, o en regiones cubiertas por el hielo, pero sucede justamente en zonas que han sido  bendecidas por la abundancia de vegetación y de recursos naturales, al igual que sucede en América Latina. Pareciera que la “civilización” ha evolucionado sin el “prinicipio misericordia”, permitiendo que ante sus ojos creciera tal nivel de pauperización en zonas tan bastas y tan pobladas. Situaciones como la del África son las que demandan ahora la globalización de la solidaridad, y las prácticas más humanas de la justa distribución de las riquezas, tanto a nivel interno de cada nación, como a nivel internacional.

Por eso el Papa Francisco expresó sin ambigüedad en la recepción presidencial en Kenia: “La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimentan del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración”. Y también, al dirigirse a los líderes políticos, empresariales y religiosos que lo recibieron en Nairobi, invitándoles a ser gestores de paz, el Papa dijo: “Yo les exhorto, en particular, a preocuparse verdaderamente por las necesidades de los pobres, las aspiraciones de los jóvenes y una justa distribución de los recursos naturales y humanos” (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/25/actualidad/1448469857_339232.html). Dicho en otros términos, si se combate la pobreza y la injusticia, ofreciendo oportunidades a todos, disminuye el fenómeno del terrorismo y de la violencia.

La lógica de la misericordia introduce una propuesta de acción diferente. Se ha dicho mucho en una tónica legitimante que la guerra es la política por otros medios. El Papa al inaugurar el año Jubilar de la Misericordia está señalando que la compasión por el dolor o la miseria del otro y la reconciliación es el camino para humanizar la política y acabar con el degrado humano que ocasiona la violencia; que acabar con la pobreza, la miseria, la exclusión y la injustica puede redimir la historia de la humanidad. El mensaje de la misericordia porta en sí mismo una gran confianza en la capacidad de amar y de compasión en el corazón humano. Es un mensaje de esperanza y también del realismo de las angustias y los sufrimientos que hoy vive la humanidad. Si no es así, no es verdadera misericordia.

Sin misericordia no son posibles la paz, la justicia, la solidaridad, la reconciliación y el perdón. La fe cristiana considera la misericordia como urgente y necesaria para la salvación histórica de la guerra, del conflicto entre las religiones, de la pobreza y la miseria, y también de la injusticia. Un corazón misericordioso es el que trabaja para poner fin al sufrimiento humano y a la injusticia que padecen tantas personas inocentes y tantas víctimas.

Dios es paz y en árabe se dice salam. En el año de la misericordia, el Papa invita a renunciar al odio, a la venganza, a la violencia, y en particular, a aquella violencia que se hace en nombre de una religión o de Dios. El año de la misericordia es un llamado a la conversión personal, social y política para cambiar corazones y estructuras  que toleran la situación de pobreza, exclusión y violencia que se vive en el mundo de hoy.

¿Qué pasaría si viviéramos a fondo este año de la misericordia en el mundo? Seguramente que se transformaría la convivencia humana en el mundo y habría una nueva relación de ésta con la naturaleza. Algo nuevo ocurriría en la humanidad y el mundo. Seguiremos reflexionando sobre este tema, sobre sus implicaciones y sobre el mensaje que nos regala el año de la misericordia.E

stamos en el umbral del año de la misericordia. El Papa Francisco ha realizado su viaje al continente Africano. Ha visitado Kenia, Uganda y la República Centroafricana, del 25 al 30 de noviembre del año en curso. Hay una relación profunda entre el significado del año jubilar extraordinario de la misericordia y la visita al África. Veamos. De un lado, la palabra misericordia viene del Latín y significa lo siguiente: misere (miseria, necesidad); cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás); es decir, significa tener un corazón que se compadece con aquellos que tienen necesidad. El Papa, durante su visita al África, abrió la puerta de la misericordia en el corazón de este continente, en la República Centroafricana, para llamar la atención del mundo hacia los lugares donde se vive la pobreza, la miseria, la exclusión, la violencia social y política.

Nairobi, capital de Kenia, tiene entre 4 y 4,5 millones de habitantes, es una de las ciudades africanas más importantes desde el punto de vista político, cultural y económico. Sin embargo, 60% de sus habitantes vive en situación de miseria con un ingreso per cápita de 60 centavos de dólar al día. Si imaginamos lo que podría comprar con este ingreso per cápita un salvadoreño, esto sería una pupusa y media.

En Entebbe, Uganda, las palabras de Papa Francisco en el encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático fueron contundentes; quiso darle significado a la misericordia como un quehacer político y social. En este país, el Papa recordando a los mártires, tanto católicos como anglicanos, los llamó verdaderos héroes nacionales.

Sobre los mártires dijo estas palabras: “Ellos dan testimonio de los principios rectores expresados en el lema de Uganda: ‘Por Dios y mi país’. Nos recuerdan el papel fundamental que han tenido y sigue teniendon la fe, la rectitud moral y el compromiso por el bien común, en la vida cultural, económica y política de este país. También nos recuerdan que, a pesar de nuestros diferentes credos y convicciones, todos estamos llamados a buscar la verdad, a trabajar por la justicia y la reconciliación, y a respetarnos, protegernos y ayudarnos unos a otros como miembros de una única familia humana. Estos altos ideales son especialmente importantes en hombres y mujeres, como ustedes, que han de garantizar una buena y transparente gestión pública, un desarrollo humano integral, una amplia participación en la vida nacional, así como una distribución racional y justa de los bienes que el Creador ha otorgado con abundancia a estas tierras” (http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2015/11/27/el-papa-llega-a-uganda-procedente-de-kenia-iglesia-religion-dios-jesus-papa-francisco.shtml).

Luego, en Bangui, la capital de Centroáfrica, el Papa abrió la puerta de la misericordia. En esta nación hay constantes conflictos y muertes entre cristianos y musulmanes; ambos grupos se asesinan a diario, unos a otros, a pesar de varias misiones internacionales de paz.

Con este gesto, el Papa ha querido situarse en el corazón del conflicto religioso, político, social, cultural y económico del continente africano para realizar el signo que inaugura el año jubilar o el año de Gracia de la Misericordia. Es un gesto original. Abre la puerta central de la catedral de Bangui, para invitar a todos a vivir en misericordia, precisamente en un lugar donde se vive constantemente el riesgo, la muerte y se incrementan los desplazados. Bangui ha sido el escenario de numerosos enfrentamientos armados entre milicias musulmanas de la Seleka y sus rivales las milicias cristianas, anti-balaka. Para evitar tal confrontación las autoridades han decretado toque de queda de ocho de la noche a cinco de la mañana. Por esta razón el Papa dijo lo siguiente en el encuentro con la Comunidad musulmana de Bangui en la Mezquita central de Koudoukou: “somos hermanos, tenemos que comportarnos como tales y pidió decir ‘no’ a la violencia” (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-en-el-encuentro-con-la-comunidad-musulmana-en-bangui-49730/).

En Centroáfrica también han dado numerosas batallas, en Banbari y Batangafo, con muchas víctimas civiles, que han provocado el desplazamiento de miles de personas. El país tiene cuatro millones y medio de habitantes, de los cuales medio millón vive en condición de refugiados en países vecinos y otro medio millón son desplazados internos. Aunque en el país existe una misión de paz de las Naciones Unidas, los conflictos no terminan.

África vive al menos ocho conflictos abiertos en distintos países: República Centroafricana, Somalia, Sudán del Sur, Malí, al Este en la República Democrática del Congo, en las zonas del norte de Nigeria y de Camerún amenazadas por Boko Haram, y también en Burundi.

Estos conflictos bélicos no solo provienen de causas religiosas, sino también económicas, políticas y étnicas. Tales enfrentamientos armados, incrementándose las víctimas de manera exorbitante y el número de refugiados y emigrantes. Y por supuesto, la guerra aumenta la pobreza y la miseria de las poblaciones.

África es un continente que ha tenido una riqueza extraordinaria de recursos naturales, pero paradójicamente, treinta millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición  y el 43% de la población no tiene agua potable. Parecería que esta situación podría darse en una zona desértica, o en regiones cubiertas por el hielo, pero sucede justamente en zonas que han sido  bendecidas por la abundancia de vegetación y de recursos naturales, al igual que sucede en América Latina. Pareciera que la “civilización” ha evolucionado sin el “prinicipio misericordia”, permitiendo que ante sus ojos creciera tal nivel de pauperización en zonas tan bastas y tan pobladas. Situaciones como la del África son las que demandan ahora la globalización de la solidaridad, y las prácticas más humanas de la justa distribución de las riquezas, tanto a nivel interno de cada nación, como a nivel internacional.

Por eso el Papa Francisco expresó sin ambigüedad en la recepción presidencial en Kenia: “La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimentan del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración”. Y también, al dirigirse a los líderes políticos, empresariales y religiosos que lo recibieron en Nairobi, invitándoles a ser gestores de paz, el Papa dijo: “Yo les exhorto, en particular, a preocuparse verdaderamente por las necesidades de los pobres, las aspiraciones de los jóvenes y una justa distribución de los recursos naturales y humanos” (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/25/actualidad/1448469857_339232.html). Dicho en otros términos, si se combate la pobreza y la injusticia, ofreciendo oportunidades a todos, disminuye el fenómeno del terrorismo y de la violencia.

La lógica de la misericordia introduce una propuesta de acción diferente. Se ha dicho mucho en una tónica legitimante que la guerra es la política por otros medios. El Papa al inaugurar el año Jubilar de la Misericordia está señalando que la compasión por el dolor o la miseria del otro y la reconciliación es el camino para humanizar la política y acabar con el degrado humano que ocasiona la violencia; que acabar con la pobreza, la miseria, la exclusión y la injustica puede redimir la historia de la humanidad. El mensaje de la misericordia porta en sí mismo una gran confianza en la capacidad de amar y de compasión en el corazón humano. Es un mensaje de esperanza y también del realismo de las angustias y los sufrimientos que hoy vive la humanidad. Si no es así, no es verdadera misericordia.

Sin misericordia no son posibles la paz, la justicia, la solidaridad, la reconciliación y el perdón. La fe cristiana considera la misericordia como urgente y necesaria para la salvación histórica de la guerra, del conflicto entre las religiones, de la pobreza y la miseria, y también de la injusticia. Un corazón misericordioso es el que trabaja para poner fin al sufrimiento humano y a la injusticia que padecen tantas personas inocentes y tantas víctimas.

Dios es paz y en árabe se dice salam. En el año de la misericordia, el Papa invita a renunciar al odio, a la venganza, a la violencia, y en particular, a aquella violencia que se hace en nombre de una religión o de Dios. El año de la misericordia es un llamado a la conversión personal, social y política para cambiar corazones y estructuras  que toleran la situación de pobreza, exclusión y violencia que se vive en el mundo de hoy.

¿Qué pasaría si viviéramos a fondo este año de la misericordia en el mundo? Seguramente que se transformaría la convivencia humana en el mundo y habría una nueva relación de ésta con la naturaleza. Algo nuevo ocurriría en la humanidad y el mundo. Seguiremos reflexionando sobre este tema, sobre sus implicaciones y sobre el mensaje que nos regala el año de la misericordia.

E

stamos en el umbral del año de la misericordia. El Papa Francisco ha realizado su viaje al continente Africano. Ha visitado Kenia, Uganda y la República Centroafricana, del 25 al 30 de noviembre del año en curso. Hay una relación profunda entre el significado del año jubilar extraordinario de la misericordia y la visita al África. Veamos. De un lado, la palabra misericordia viene del Latín y significa lo siguiente: misere (miseria, necesidad); cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás); es decir, significa tener un corazón que se compadece con aquellos que tienen necesidad. El Papa, durante su visita al África, abrió la puerta de la misericordia en el corazón de este continente, en la República Centroafricana, para llamar la atención del mundo hacia los lugares donde se vive la pobreza, la miseria, la exclusión, la violencia social y política.

Nairobi, capital de Kenia, tiene entre 4 y 4,5 millones de habitantes, es una de las ciudades africanas más importantes desde el punto de vista político, cultural y económico. Sin embargo, 60% de sus habitantes vive en situación de miseria con un ingreso per cápita de 60 centavos de dólar al día. Si imaginamos lo que podría comprar con este ingreso per cápita un salvadoreño, esto sería una pupusa y media.

En Entebbe, Uganda, las palabras de Papa Francisco en el encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático fueron contundentes; quiso darle significado a la misericordia como un quehacer político y social. En este país, el Papa recordando a los mártires, tanto católicos como anglicanos, los llamó verdaderos héroes nacionales.

Sobre los mártires dijo estas palabras: “Ellos dan testimonio de los principios rectores expresados en el lema de Uganda: ‘Por Dios y mi país’. Nos recuerdan el papel fundamental que han tenido y sigue teniendon la fe, la rectitud moral y el compromiso por el bien común, en la vida cultural, económica y política de este país. También nos recuerdan que, a pesar de nuestros diferentes credos y convicciones, todos estamos llamados a buscar la verdad, a trabajar por la justicia y la reconciliación, y a respetarnos, protegernos y ayudarnos unos a otros como miembros de una única familia humana. Estos altos ideales son especialmente importantes en hombres y mujeres, como ustedes, que han de garantizar una buena y transparente gestión pública, un desarrollo humano integral, una amplia participación en la vida nacional, así como una distribución racional y justa de los bienes que el Creador ha otorgado con abundancia a estas tierras” (http://www.periodistadigital.com/religion/mundo/2015/11/27/el-papa-llega-a-uganda-procedente-de-kenia-iglesia-religion-dios-jesus-papa-francisco.shtml).

Luego, en Bangui, la capital de Centroáfrica, el Papa abrió la puerta de la misericordia. En esta nación hay constantes conflictos y muertes entre cristianos y musulmanes; ambos grupos se asesinan a diario, unos a otros, a pesar de varias misiones internacionales de paz.

Con este gesto, el Papa ha querido situarse en el corazón del conflicto religioso, político, social, cultural y económico del continente africano para realizar el signo que inaugura el año jubilar o el año de Gracia de la Misericordia. Es un gesto original. Abre la puerta central de la catedral de Bangui, para invitar a todos a vivir en misericordia, precisamente en un lugar donde se vive constantemente el riesgo, la muerte y se incrementan los desplazados. Bangui ha sido el escenario de numerosos enfrentamientos armados entre milicias musulmanas de la Seleka y sus rivales las milicias cristianas, anti-balaka. Para evitar tal confrontación las autoridades han decretado toque de queda de ocho de la noche a cinco de la mañana. Por esta razón el Papa dijo lo siguiente en el encuentro con la Comunidad musulmana de Bangui en la Mezquita central de Koudoukou: “somos hermanos, tenemos que comportarnos como tales y pidió decir ‘no’ a la violencia” (https://www.aciprensa.com/noticias/texto-discurso-del-papa-francisco-en-el-encuentro-con-la-comunidad-musulmana-en-bangui-49730/).

En Centroáfrica también han dado numerosas batallas, en Banbari y Batangafo, con muchas víctimas civiles, que han provocado el desplazamiento de miles de personas. El país tiene cuatro millones y medio de habitantes, de los cuales medio millón vive en condición de refugiados en países vecinos y otro medio millón son desplazados internos. Aunque en el país existe una misión de paz de las Naciones Unidas, los conflictos no terminan.

África vive al menos ocho conflictos abiertos en distintos países: República Centroafricana, Somalia, Sudán del Sur, Malí, al Este en la República Democrática del Congo, en las zonas del norte de Nigeria y de Camerún amenazadas por Boko Haram, y también en Burundi.

Estos conflictos bélicos no solo provienen de causas religiosas, sino también económicas, políticas y étnicas. Tales enfrentamientos armados, incrementándose las víctimas de manera exorbitante y el número de refugiados y emigrantes. Y por supuesto, la guerra aumenta la pobreza y la miseria de las poblaciones.

África es un continente que ha tenido una riqueza extraordinaria de recursos naturales, pero paradójicamente, treinta millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición  y el 43% de la población no tiene agua potable. Parecería que esta situación podría darse en una zona desértica, o en regiones cubiertas por el hielo, pero sucede justamente en zonas que han sido  bendecidas por la abundancia de vegetación y de recursos naturales, al igual que sucede en América Latina. Pareciera que la “civilización” ha evolucionado sin el “prinicipio misericordia”, permitiendo que ante sus ojos creciera tal nivel de pauperización en zonas tan bastas y tan pobladas. Situaciones como la del África son las que demandan ahora la globalización de la solidaridad, y las prácticas más humanas de la justa distribución de las riquezas, tanto a nivel interno de cada nación, como a nivel internacional.

Por eso el Papa Francisco expresó sin ambigüedad en la recepción presidencial en Kenia: “La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimentan del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración”. Y también, al dirigirse a los líderes políticos, empresariales y religiosos que lo recibieron en Nairobi, invitándoles a ser gestores de paz, el Papa dijo: “Yo les exhorto, en particular, a preocuparse verdaderamente por las necesidades de los pobres, las aspiraciones de los jóvenes y una justa distribución de los recursos naturales y humanos” (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/25/actualidad/1448469857_339232.html). Dicho en otros términos, si se combate la pobreza y la injusticia, ofreciendo oportunidades a todos, disminuye el fenómeno del terrorismo y de la violencia.

La lógica de la misericordia introduce una propuesta de acción diferente. Se ha dicho mucho en una tónica legitimante que la guerra es la política por otros medios. El Papa al inaugurar el año Jubilar de la Misericordia está señalando que la compasión por el dolor o la miseria del otro y la reconciliación es el camino para humanizar la política y acabar con el degrado humano que ocasiona la violencia; que acabar con la pobreza, la miseria, la exclusión y la injustica puede redimir la historia de la humanidad. El mensaje de la misericordia porta en sí mismo una gran confianza en la capacidad de amar y de compasión en el corazón humano. Es un mensaje de esperanza y también del realismo de las angustias y los sufrimientos que hoy vive la humanidad. Si no es así, no es verdadera misericordia.

Sin misericordia no son posibles la paz, la justicia, la solidaridad, la reconciliación y el perdón. La fe cristiana considera la misericordia como urgente y necesaria para la salvación histórica de la guerra, del conflicto entre las religiones, de la pobreza y la miseria, y también de la injusticia. Un corazón misericordioso es el que trabaja para poner fin al sufrimiento humano y a la injusticia que padecen tantas personas inocentes y tantas víctimas.

Dios es paz y en árabe se dice salam. En el año de la misericordia, el Papa invita a renunciar al odio, a la venganza, a la violencia, y en particular, a aquella violencia que se hace en nombre de una religión o de Dios. El año de la misericordia es un llamado a la conversión personal, social y política para cambiar corazones y estructuras  que toleran la situación de pobreza, exclusión y violencia que se vive en el mundo de hoy.

¿Qué pasaría si viviéramos a fondo este año de la misericordia en el mundo? Seguramente que se transformaría la convivencia humana en el mundo y habría una nueva relación de ésta con la naturaleza. Algo nuevo ocurriría en la humanidad y el mundo. Seguiremos reflexionando sobre este tema, sobre sus implicaciones y sobre el mensaje que nos regala el año de la misericordia.

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