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La construcción de la patria

Iosu Perales

El pasado 24 de febrero publiqué en este mismo diario el artículo titulado “La construcción del sujeto popular”. Defendí en el texto una política transversal orientada a ganar a las mayorías populares, click hubieran votado lo que hubieran votado en el pasado, desde la idea de los de abajo frente a los de arriba. E indiqué que la subjetividad de los actores sociales está en el centro de la pugna sociopolítica y por la hegemonía cultural e ideológica. En este marco de batalla de las ideas, propongo en este artículo la construcción de la patria desde un enfoque nacional-popular.

Desde los tiempos de la descolonización la palabra patria ha sido propiedad de las elites instaladas en el poder económico, político y militar del país. Ellas daban al significante un significado que encajaba bien con sus intereses de dominación y que contenía un fuerte sabor marcial. La patria era para ellas un concepto abstracto, emocional, de símbolos sin gente. Era un esencialismo difuso pero eficaz para ejercer la rivalidad o la guerra con países vecinos, así como para implementar campañas contra todo lo que se presumía venido del extranjero, como el comunismo.

Ese monopolio de la noción de patria comenzó a ser discutido por las izquierdas. Desde Farabundo Martí a Roque Dalton la idea de patria comenzó a llenarse de gente. Otro significado entraba en disputa.

En El Salvador actual las mayorías que antes no encontraban cauces legales de participación política encuentran la posibilidad de construir una identidad nueva: un espacio para un discurso patriótico de nuevo tipo con vocación de refundación y que identifica los intereses nacionales con los de la gente; la misma gente que fue maltratada y perseguida. Los sectores humildes que son la gran mayoría del país son los portadores de una voluntad general. Surge una nueva realidad nacional-popular que de manera transversal incluye y no excluye: juntos crecemos todos.

Es interesante apreciar como la hipótesis nacional-popular contiene dos dimensiones: una de pueblo que hace referencia al conjunto y otra de ciudadanía que tiene que ver con los procesos de modernización que han generado una composición individualizada. Esta dualidad no es contradictoria, es complementaria. Cada persona quiere ser tratada como individualidad y es justo; pero por otra parte ya Martin Buber señaló que el afán por lo justo no puede realizarse sino es en la comunidad humana.

Así pues nuestra patria es la gente. Es una patria por construir y que se opone a esa otra patria que ha sido históricamente manipulada por los sectores más reaccionarios para fortalecer un Estado represivo, autoritario, contrario al interés general. Esa patria militarizada ha bloqueado el crecimiento de una identidad salvadoreña progresista. Por el contrario, la patria es la gente quiere decir que siendo importantes los símbolos y la honra a los mismos, es a las mayorías humildes a quien primero hay que honrar y servir. Esto debe apuntar a un proyecto de país, no de una parte; a un patriotismo salvadoreño identificado con las condiciones de vida de la gente y la defensa del pueblo olvidado por los de arriba.

Si la patria es la gente, lo es con su diversidad. Y es en este punto que la ideología de izquierda que sustentamos debe ser capaz de promover objetivos populares abiertos que puedan atraer a personas con creencias distintas. El pueblo no es un sujeto homogéneo y compacto. No está dotado de una conciencia unificada y con una misma idea de lo que le interesa. Se trata de ser altavoces de la gente, de lo que piensa y siente, considerando su pluralidad con la clara intención de sumar voluntades alrededor de mensajes que unan y multipliquen la adhesión a una nueva patria: acabar con las enormes desigualdades y con las injusticias que golpean a la parte más débil de la sociedad. Mensajes claros, sencillos, que emocionen y que movilicen una unidad popular con objetivos asumidos  por la mayoría de la sociedad.

En la visión de una patria de cuarteles propia del pasado y de una patria nacional-popular hay una lucha entre significados. Históricamente la primera ha sido hegemónica durante cerca de dos siglos. Ahora es la oportunidad de la patria de la gente, quiero decir de la dignidad de la gente. Esta nueva patria necesita de una democracia en las instituciones pero también en las calles, en las plazas, en los sindicatos, la democracia de la gente reunida para deliberar, para marcha, para defender, para apoyar, y como dice García Linera (Vicepresidente de Bolivia) necesita de una democracia plebeya. La construcción de una patria de la gente requiere convertir la indignación, el malestar, la pobreza, la precariedad, los anhelos, la esperanza, las ilusiones, en una fuerza colectiva movida en torno a unos objetivos entendibles de transformación social.

La identidad salvadoreña debe quitarse de encima la herencia de un patriotismo reaccionario e ir avanzando hacia una patria encarnada en la gente y en sus vidas. Se trata de la patria del Buen Vivir.

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