David Alfaro
02/07/2026
En El Salvador, el alto costo de la canasta básica está forzando a miles de familias a modificar drásticamente sus hábitos alimenticios. Lo que antes eran productos básicos del hogar, hoy se han convertido en artículos de lujo.
Ciudadanos reportan que ahora solo pueden consumir carne o pollo una vez a la semana, o incluso menos. En su lugar, recurren a alternativas más económicas como arroz, frijoles, verduras y frutas de temporada, en un intento por mantener algo de balance nutricional en sus mesas.
Una señora entrevistada en un mercado popular, lo expresa sin rodeos:
Las verduras cada día están más caras. La carne, es un lujo que la gente se da una o dos veces al mes. Los lácteos suben sin freno. El gas, la luz, el pasaje y hasta el teléfono… todo cuesta más.
Esta situación no solo revela la fragilidad de la economía familiar salvadoreña, sino también el desfase entre el discurso oficial y la realidad cotidiana. Mientras el gobierno insiste en que el país está mejor que nunca, las familias ajustan su dieta, reducen porciones y priorizan el llenado del estómago por encima de la calidad nutricional.
Y lo más preocupante: en el actual clima político, quejarse por el costo de la vida es visto por algunos como una traición. «Si hablás, sos enemigo de la patria», dice la señora entre resignación y coraje.
En un país donde los precios suben, pero los salarios no, comer con dignidad se ha vuelto un acto de resistencia.
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