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La biblioteca

Gilmar Muñoz,

Escritor

Todos los días llegaba a repasar los de Misterio y Crimen con morbosa curiosidad – y complicidad fanática, de quien apura sus inquietudes con asechanzas, diría yo –, al revolver las rinconeras y sospechar de todo como juez o policía.

Del mismo modo incurría en las encomiables fuentes, particulares leyes, liosos sumarios, relativos cargos; guardando en sus apuntes la suma de las pesquisas con demente obsesión. Y así sucesivamente…

Hasta que un día, de repente, dejó de venir.

Empezó a preocuparme – entonces – su ausencia. A angustiarme su suerte, su deparo. Porque, fuera de cualquier fascinación por los enigmas, era la seguridad con que reseñaba las cifras del misterio lo que generó expectación y temor en mí.

Peor para él, pensé, resuelto en desconfiar de su nobleza e indignarme su dedicación y oficio diario: el sentido de la investigación.

Después de algunos días, esperé impacientemente que regresara, para matarlo.

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