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Ingleses en Centroamérica X

Caralvá

Intimissimun

Territorio de Mosquitia en prensa norteamericana

Gaceta del Salvador en la Republica de Centro-América

San Salvador mayo 7 de 1850

Los Estados Unidos y Nicaragua

Dos periódicos confidentes de los pensamientos ministeriales el Courier  and Enquirer de Nueva York y el North American de Philadelfia[1] se han pronunciado sistemáticamente sobre la cuestión de Nicaragua con una aspereza que ha sorprendido a todo el mundo.

El Courier dice “Sobre ningún punto del globo vemos nada que se parezca a la manera de obrar del gobierno británico con el rey de los Mosquitos, a no ser en la India inglesa”. Después, enumerando las usurpaciones y los excesos por los cuales el poder inglés ha agrandado su domino en el Oriente continúa.

“¿Y cómo se ha cumplido todo esto? Como si no bajo el pretexto especioso de una protección dada a los jefes indígenas. Protección semejante a la del buitre con la paloma, como la que Inglaterra afecta estar obligada a extender sobre el jefe mosco, y como la que tendría derecho de ofrecer a todo jefe indios en nuestros territorios, si nuestro gobierno no se sometiese una vez a sus pretensiones ridículas sobre este continente”.

Todo el artículo corresponde al principio. “Las maniobras de la autoridad británica en Mosquitia, la coronación de un indio embrutecido con el aguardiente; todo esto lo califica el Courier con el nombre de farsa imprudente e impía, y de miserable truhanería de que ningún hombre inteligente podría ser juguete, y cuyo único fin es, forjar a la Inglaterra un pretexto a reclamaciones sobre ese territorio al cual ella sabía muy bien que no tiene ni aun la sombra de derecho” para no dejar ninguna duda sobre su pensamiento acerca de la recuperación del puerto de San Juan, añade: “ Como quiera que sea, no puede haber entre los americanos patriotas e ilustrados más que una sola opinión sobre la necesidad de enseñar a Inglaterra y al mundo que toda tentativa de representar sobre este continente la comedia de absorción territorial practicada con tanto suceso en al India inglesa, encontrará una pronta resistencia, aun si fuese necesario con riesgo de una guerra contra potencias extranjeras coligadas. La hora es llegada en que debemos poner en práctica la teoría de no intervención de la Europa, y nos alegramos no solamente de que esta cuestión tenga que desatarse por un hombre como Zacarías Taylor[2], sino también de que se haya suscitado por una pretensión tan ridícula  como la protección dada por el gobierno británico a un jefe salvaje”.

Después de esta vigorosa declaración el Courier toma a parte a Lord Palmerston, por haber avanzado, hace algunos meses en pleno parlamento, que la Mosquitia estaba hace más de dos siglos bajo la protección británica. Para refutar esta aserción basta referirse al tratado de Versalles (1783) y a la convención de Londres (1786), en las cuales la Inglaterra reconoce solemnemente los derechos exclusivos de la España sobre toda la parte del continente americano que componía sus colonias, no se trataba absolutamente entonces de protección extranjera y la República que ha heredado los derechos de la antigua metrópoli los ha recibido en su integridad. Pero Nicaragua es débil y el mundo entero ha podido apreciar hace largo tiempo como la Inglaterra entiende el honor y la justicia con las poblaciones impotentes. Esa parte del Courier es sin contradicciones la más elevada y la más notable; el escritor ha sabido encontrar algunas frases de una elocuente verdad para correr el velo estigmatizándola a la política de la Gran Bretaña volviendo a Nicaragua dice: “Todas las naciones civilizadas están obligadas a impedir este ultraje hecho a un pueblo soberano reconocido por la cristiandad, pero nosotros tenemos más especial obligación que ninguna otra. Primero, porque la imprudente intervención de la Inglaterra atacó los derechos y privilegios de nuestros ciudadanos, segundo porque nosotros debemos resistir a esta tentativa abierta de intervenir en los derechos y destinos políticos de los gobiernos  de este continente, según los principios puestos por M. Monroe,  confirmados  por todos los ejecutivos que se ha sucedido desde entones y ratificados por el mundo entero como la verdadera y legítima diplomacia americana. Además, nosotros estamos obligados a resistir a estas tentativas en virtud de la protección que nos debemos a nosotros mismos, porque esta intervención implica la cuestión más vital que pueda jamás suscitarse en nuestras propias relaciones con las otras naciones.  Esperamos, pues, ver al gobierno tomar y mantener su posición sobre ese terreno a todo trance y sin contar lo que pueda costarle a la nación”

… Estamos ciertos de que el tono enérgico y decidido que tomará en este negocio la administración del general Taylor, será apoyada por nuestros ciudadanos de toda clases y de todas categorías, sin excepción de partido. La cuestión toca a la soberanía misma del país. Ceder sería atraer agresiones semejantes a toda nuestra comarca indiana y los hombres de estado ingleses no podrían dejar de ver desde luego que, en ninguna hipótesis, podemos nosotros prestar oídos a pretensiones tan contrarias a nuestros derechos y a nuestros actitudes, al mismo tiempo que nuestros deberes para con los gobiernos del continente americano. La Inglaterra ya ha violado los derechos de Nicaragua mas de lo que hubiera debido permitírsele; es menester pues no solamente que se retire de la posición inadmisible y ofensiva que ha tomado, sino que es menester además deje toda agresión contra una república hermana”.

El North American de Philadelphia, no ha sido tan prolijo, pero su lenguaje, sin embargo, de ser mas reservado, no es menos firme, “La cuestión de Nicaragua, dice, es un callejón sin salida; la orgullosa y rapaz gran Bretaña, que se gloriaba de no haber cedido jamás en nada, ni abdicado a una pretensión en la marcha de su poder, ha venido por fin fruto feliz de su exagerada astucia, a estrellarse contra un muro de piedra incontrastable delante del cual es muy preciso que te retroceda”.

Se ve que, con diferentes expresiones, los dos periódicos llegan en definitiva   al mismo punto, es decir a la nulidad de las pretensiones de Inglaterra, y a la necesidad de hacerlas retractar.    amazon.com/author/csarcaralv

[1] The New York Courier and Enquirer, The North American and Daily Advertiser (Philadlphia (PA) )

[2] 12 presidente de Estado Unidos1784-1850.

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