LA VENTANA
(OBRA INÉDITA, SIN FECHA)
SALARRUÉ
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
Me eché a andar por la casa dejando el cascarón (de mi cuerpo) entre las sábanas…absolutamente verídico…
15
Creación
Pero, si yo estaba vuelto de revés, ¿qué había fuera de mí? Probablemente lo que tenía más dentro en el concepto anterior, es decir: mi conciencia. En tal virtud, mi conciencia no era un punto de irradiación sino una esfera de contención. He ahí cómo pasé a descubrir que yo era esférico.
Aunque todas las cosas estaban, por decirlo así, dentro de mí, había un detalla importantísimo: no eran obra mía. Efectivamente, si las cosas del mundo objetivo hubieran sido creación imaginal, como mis personajes, habría podido influir directamente en ellas, modificándolas o suprimiéndolas a voluntad. No ocurría tal. Por estorboso que me fuera un individuo o una cosa, ellos seguían siendo, a mi pesar. Me asombraba la idea de que las cosas pudieran seguir siendo en mi ausencia y aunque dejara de pensar en ellas. ¿Cómo era posible que al doblar una esquina, la calle que dejaba, con sus casas, sus transeuntes (transeúntes), sus luz, siguiera existiendo y pa- (fin de la página 19)
-20-
saran por ella otros / seres y conservara la virtud de la extensión con su maravillosa perspectiva? Lo racional hubiera sido que, llevando yo el mundo en mí, todo lo que alcanzaba mi percepción sensoria existiera y que más allá de esa percepción las cosas dejaran de ser; que siendo el mundo una irradiación de mi conciencia —o una contención si se quiere—, fuera yo llevando el mundo con una lámpara en una noche oscura va llevando su luz y creando de la oscuridad las cosas tocadas por esa luz. ¡Terrible misterio! (exclamaciones a mano)
Mis personajes inéditos, en cambio, estaban sujetos a mi voluntad. Si xx pensaba en ellos, vivían; si nó (no), dejaban de ser en el tiempo y / en el espacio . Nadie podía venir a darme cuenta de ellos. Yo los hacía buenos o malos a voluntad; los castigaba o los perdonaba; los hacía sabios o ignorantes; fuertes o débiles, de golpe, si hubiera querido, habría hecho de todos ellos, reyes y reinas, santos, diablos demonios o muñecos. Con los seres editado ya era un poco más difícil; les había dado ya cierta liberta, estaban semi-emancipados de la omniciencia (omnisciencia), pertenecían en parte a mis lectores. Verdad es que podría haber hecho a un lado todo convencionalismo, poniendo en peligro mi reputación y todo lo demás, y cogiendo a cualquiera de ellos, reeditarlo vuelto de xxxxx de modo que apenas pudieran reconocerlo; pero…
16
Limitación
El dolor más grande de mi vida y tal vez la de los otros, derivaba de la impotencia de hacer mía, / de sujetar a mi albedrío las vidas ajenas. Las cosas del mundo andaban y andan todavía tan mal… Si los hombres y las cosas se hubieran sujetado a mi poder, todo se habría mejorado de golpe, de una pensada. Pero aquellos seres editados por un descono- (fin de la página 20)
-21-
cido Dios, entiendo en mí, no eran míos; y nada podía hacer para doblegarlos a mi voluntad. Me estaba permitido forjar un mundo nuevo, con mis personajes, pero nó (no) meter la mano en el mundo del otro. Ello era sólo posible deviniendo un tirano y esto tenía aún ciertos límites (oración agregada a mano). Lo más grave como ya antes comenté, es que yo parecía ser un personaje de ese Dios, aunque también reconocía que era un invento de mí mismo. Voya explicar con máss cuidado como sentía yo esta naturaleza.
17
Encauzamiento Libre Albedrío
Poco a poco me estab/a permitido hacer para encauzar a los demás dentro de mi manera de hacer la vida. Eran tan duros… Estaban indiscutiblemente sujetos a otra voluntad. En cambio, yo mismo / sí podía guiarme hasta cierto punto. Sabía que era posible hacer de mí lo que quisiera, incluso un loco o un muerto. Así y todo mi libre albedrío era limitado. Podía, sí; pero…causábame (me causaba) dolor arrancarme de aquél con relación al cual no era sino una debil (débil) marioneta. Sentíame (Me sentía) capaz de inventarme yo mismo, de encarnar en mi propio cuerpo un personaje ideado adrede, a mi entero gusto: un héroe, un artista, un santo o un loco. Con lo que menos podía transigir era con seguir siendo lo que Dios me había hecho, suponiendo desde luego, que no me había hecho para que yo me hiciera mí mismo (dos palabras añadidas) x lo cual hubiera sido una ingrata y desconcertante jugada a manos de encontrar al fin resuelto que yo era Dios / mismo (en cierto modo).
18
Plan. Plan
De esta forma ambigua y absurda, cavilé mucho tiempo fluctuando a mis propio ojos, entre el manicomio y la gloria. No luchaba más que con un fin: obtener la absoluta liberación. Sabía por experiencia que los per- (fin de la página 21)
-22-
sonajes que más éxito habían alcanzado en el mundo de la imaginación, eran aquello que por uno u otro motivo resultaban anti-humanos. Eran éstos los que en mis propias obras se desligaban rápidamente de mi tutela, hasta tal punto, que casi me obligaban a darles su vida, una vida que yo tenía cogida sin saberlo. En cuanto lograban entrar en relación con el campo expresional, hacía de mí poco menos que un esclavo. Me forzaban a escanciar en ellos todo lo que de ellos había en mí.
Partiendo de ésta (esta) observación, y pensando que la misma relación que ellos guardaban conmigo, guardaba yo con Dios, empecé a tirar de mi vida y procuré vivir como un hombre anti-humano. Así pensaba obligar a mi autor para que soltara de una vez mi vida y me dejara vivir en libertad. Dios empezó a ceder visiblemente y los hombres empezaron a verme con más cuidado que antes /me torné lo que se llama un exéntrico (excéntrico). Más tarde ocurrió la cosa estupenda. (la única línea en negro, el autor la añade a mano)
19
Sinceridad
Ni por un momento fué (fue) la cosa algo difícil para mí, cómo pueda creerse. Todo lo contrario; no hice más que dejarme llevar por la corriente de mis aspiraciones y deseos sin que el convencionalismo social pudiera estorbar ( v =b) ya más mis inclinaciones naturales. Ser anti-humano era sólo dejar de ser gregario, dejar de / calcular xxxxx lo que otros puedan pensar o decir de nuestras acciones, sinceramente con uno mismo, dejar que se externe el demonio o el ángel que pueda haber en uno. Entonces se empieza a ver claro que la humanización no es sino el enmascaramiento; que el vivir en paz sobre este valle es el caer en la casilla que a cada quién señala la tradición y la moral ambiente de ese / dragón xxxxxx colectivo /sino es redundancia) que se llama/do: Humanidad. (fin de la página 22)
-23-
La gente se asustaba de mí al advertir que no llevaba máscara. Unos me miraban con recelo , otros con burla, otros hostilmente; otros se reían abiertamente al igual que lo hacen con quien lleva una máscara de cartón. ¡Claro!, en el mundo de las /mascarillas xxxxxxxxx, el que no lleva máscara es el enmascarado.
Al principio sufrí un chasco tremendo. Mi incomprensión habíame (me había) llevado por un atajo peligroso. Me dio por hacerme álguien (alguien). Había escondido un papel y mi liberación consistía solamente que en vez de obedecer al mundo me obedecería a mí mismo. Era como salir de las llamas a caer en las brasas. Llegué a comprender por fin ; que mi liberación sólo sería efectiva cuando dejara de obedecer a otro que no fuera el creador. Debía dejarme llevar de mis propios impulsos sin permitir imposiciones ni externas ni cerebrales. Ser sincero era aceptar la voluntad del creador. Luego cuando yo tiraba de mi vida él la soltaba porque mi vida era su voluntad. Así pensando, volvía la idea a golpear como una maza en mi cerebro: Yoxsoy «Yo soy Yo porque yo soy Dios». Yo no era /su xx personaje sino él xx mismo. Cada hombre era él xx mismo, luego cada hombre era yo, todos éramos, mis personajes eran yo y yo era ellos. Estas ideas batían en mí como el viento yo en un molino (literalmente: como . en un molino . el viento; flechas en lápiz señala la inversión necesaria con flechas largas a mano). Mi intuición eran las aspas, mi cerebro la mueláa (muela) y lo molido era el corazón.
el No. 20 está en un anexo
ANEXO viene de la página 23 (23 1/2)
20
Yo Había estado meditando acerca del curioso fenómeno de la timidez y quería entender la razón de aquello. Llegué a extraordinarias deducciones, que me parecieron y siguen pareciendo justas. La xx Personalidad toma su vida de dos puntos opuestos; es como el nudo hecho con dos cabos sueltos: el erecto-instinto, alma animal, recordatorios —y el pendiente— intuición, individualidad, alma divina, proyectorios-. Así la expresión normal de la Personalidad es una xxx vago reflejo de dos naturalezas que sólo se juntan en ella, y que fuera de ella son opuestas. Esta Persona o máscara es un sér (ser) xxxxx esencialmente transitorio y por ende mortal. Actúa con desenfado cuando está en su plenitud de persona; es siempre álguien (alguien), un personaje que a cada mañana limpia muy cuidadosamente su nombre propio para que se oiga y vea bien. La obra indiscutible de este trágico fantoche humano es preparar el sumidero del espíritu, la casa de la individualidad que es uno de los lados de Dios. Madre —dijéramos— vienen a ser la Personalidad, de la Divinidad. Madre en cruz, y no en cruz para el hombre. Madre en cruz xxx xxxxxxxxx sangrante, como el pelícano, devorado por su hija que le da gozosa una muerte cierta. La más muerte de las muertes, sin regreso ni reencarnación posible; caja milagrosa hecha de una palabra, de un nombre; ahora xxxxx viva pero sin alma, xxxx sin nombre instrumento obediente de la Voluntad única y eterna. La timidez no era otra cosa que la agonía de la Personalidad, su balbuceo de muerte y de vergüenza.
21 (en lápiz)
Liberación
Obedecí entonces a la vida; llené mis exigencias, todos los deseos y ambiciones naturales , y al poco tiempo empecé a sentirme feliz, feliz como el arroyuelo (ll = y) sobre su cauce (s = c). Había estado estancado y ahora tenía un cauce (s = c) por donde deslizarme sin preocupaciones. La menor inclinación me arrojaba gozoso; los innúmeros recodos me hacían danzar alegre en busca del mar sin preocuparme de si estaban o no cerca. El mar era Dios, yo venía de Dios y hacia él iba encantado. La esencial era no estancarse (en lápiz). (fin de la página 23)
-24-
22 (en lápiz corregido 2X)
Desarmonía
Si acudo / al xxx viejo símil del arroyo y el xxxx mar, del caudal y del cauce, es porque explica claramente el estado , sea por viejo, por bello o por sencillo. Sólo quiero añadir que en mi separada conciencia de arroyuelo, intuía la perfecta unidad de mi existencia con la xxx de los otros factores: yo era el arroyo, el mar y el cauce mismo por donde el mar me dirigía (hay una línea torcida que apunta a incrustar esta oración antes de «…sea por viejo, por bello o por sencillo.»). xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx. Al principio mi curso era accidentado, lleno de riscos y de sesgos que me ocasionaban no pocos quebraderos y caídas. Yo no hacía sino aquello que me agradaba hacer y no pensaba sino aquello que me agradaba pensar. Cualquiera pensará creerá que quien logre mantener esa línea de conducta es una ser feliz. No era así. Yo deseaba hacer muchas cosas que no quería hacer. De aquí las vueltas y revueltas. Encontré que no eran cosas igual/es desear y querer. Yo quería hacer muchas cosas que no deseaba hacer, y deseaba muchas cosas que no quería. Así descubrí en mí algo que al principio tomé en dualidad pero que luego advertí ser desarmonía. Estaba desarmonizado. Por lo consiguiente yo era un ser formado de partes, partes que no encajaban muy bien las unas en las otras. Estoy seguro de que el mundo con sus engranajes y su ética veleidosa no influía ya en mí. Me había ya desprendido de él como el barco que se hace a la mar aislándose de la costa que le tiene xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx atado. Ciertamente flotaba y no hacía agua, pero en cambio el timón andaba mal. Olas venían y olas iban, y dando bordazos yo encima, libre sí, con la libertad del leño expuesto a que lo coja una marejada y lo haga polvo contra las rocas. (fin de la página 24)
-25-
21 (obviamente, el manuscrito no corrige la adición del anexo; por tanto la página 23)
Esquema
No requería un gran esfuerzo el encontrar la causa de aquella desarmonía. Empecé por reflexionar cuáles eran las partes de que yo estaba compuesto. Para empezar tomé como en cada mano aquello dos viejos conceptos de materia y espíritu. Me dije: pasa a veces que mi yo material desea no /lo quiere mi yo espiritu/al, y viceversa. Para que la vida pasara por mí dejando una melodía de felicidad era indispensable que encontrara afinado el instrumento. Una de aquellas dos cuerdas estaba fuera de tono (si no lo estaban las dos), ¿cuál?… No me estaba dado asegurar que mi caja melódica estaba compuesta xxxxxx de estas dos /únicas xxxx cuerdas. ¿Había otras? Era casi seguro: materia y espíritu únicamente daban la idea de lo grave y de lo agudo, altos y bajos.
Soy maníaco; como habrán ustedes advertido; no cejé un solo instante hasta no dejar perfectamente definido el problema /del yo armónico. Sobre ésta (esta) metáfora del la caja melódica medité pacientemente hasta dejarla encordelada. Había resultado ser una especie de laúd con cinco cuerdas destempladas, incapás/z (incapaz) de producir xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
xxxxxx música alguna, a no ser aquel gemido hiriente que había sido toda mi xxxx vida loca xxxx juventud. De abajo arriba el desventurado se clasificaba así: cuerpo material, cuerpo nervioso, emociones, xxxxx pensamientos, intuiciones. Aquí parecía faltar algo; el dedo nervioso al pulsar caía insistentemente sobre el traste vacío, allí donde debió estar la primera cuerda, precisamente aquella que lleva el diapasón y que se hace precisa para afinar debidamente el instrumento. (fin de la página 25)
Diario Co Latino 134 años comprometido con usted