Por: Erick Zelaya*
Cada año, en el mes de junio durante la Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo OIT, se desarrolla uno de los procesos de mayor importancia política y diplomática para la supervisión internacional de los derechos laborales y sindicales: La conformación de la llamada “Lista Corta” de la Comisión de Aplicación de Normas (CAN). Esta lista agrupa a los países cuyos casos serán analizados y examinados públicamente, por incumplimientos graves o recurrentes a los convenios internacionales ratificados.
Como se elige la Lista Corta.
El procedimiento inicia con la elaboración a partir de la negociación de los tres sectores mandantes en la OIT: Grupo de Trabajadores, Grupo de Empleadores y Gobiernos; de una lista preliminar de 40 casos a partir de las observaciones de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (CEACR), denuncias sindicales, informes técnicos y valoraciones “políticas” sobre la gravedad y reiteración de las violaciones. Es importante destacar que esta lista se elige bajo un fuerte lobby político en donde se negocian la entrada o salida de países de acuerdo a la conveniencia y la correlación de los tres sectores mandantes, y este elemento es el fundamental.
Posteriormente, el primer día de la Conferencia Internacional del Trabajo: Trabajadores, empleadores y gobiernos negocian la conformación definitiva de la Lista Corta de 24 países que serán discutidos en la plenaria.
Aunque éste mecanismo frecuentemente se presenta como rígido y cerrado, la realidad ha demostrado que la configuración de la Lista Corta, responde a intensas disputas políticas y diplomáticas. Existen márgenes excepcionales que permiten que a última hora sea modificada y sea incorporado o excluido algún país a partir de negociaciones extraordinarias dentro de la Conferencia Internacional del Trabajo. Por ello técnicamente no puede descartarse totalmente que un país ausente en la lista preliminar pueda terminar siendo incorporado en la Lista Corta mediante acuerdos o presiones de última hora. Sin embargo, estos escenarios son poco frecuentes y dependen de fuertes correlaciones políticas internacionales.
El Caso de El Salvador campaña y contra campaña por la Lista Corta.
En El caso salvadoreño, la fuerte disputa que hemos evidenciado en las últimas semanas ha dejado al descubierto una realidad que no es posible ocultar: en El Salvador persisten graves violaciones a la libertad sindical y a los derechos laborales fundamentales. La campaña impulsada por el ministro de trabajo y grupos de trabajadores afines al gobierno que han cooptado algunos sindicatos, y la campaña de organizaciones sindicales independientes, movimientos de trabajadores, sindicalistas en el exilio y estructuras internacionales, a permitido documentar y visibilizar ante el mundo una política sostenida de persecución antisindical, asesinatos de sindicalistas, muerte de sindicalistas en las cárceles, sindicalistas presos, despido de dirigentes, obstáculos administrativos para la legalización y funcionamiento de sindicatos, debilitamiento de la negociación colectiva y criminalización de las voces críticas del movimiento sindical.
Paradójicamente, la intensa operación política y sindical orientada a evitar que El Salvador aparezca en la Lista Corta constituye una prueba indirecta de la magnitud de la crisis laboral y sindical existente en el país. Si no existieran señalamientos graves, no existiría la necesidad de desplegar mecanismos de lobby internacional, negociaciones diplomáticas y la construcción artificial de “supuestos” consensos tripartitos para impedir el debate público nacional e internacional sobre la situación de los derechos humanos laborales en El Salvador.
Un nuevo actor: ANEP
Esta presión en el presente y pasados gobiernos no ha sido nueva, sin embargo éste año se suma al lado del gobierno un actor importante, la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) quien ha jugado un papel determinante junto a grupos de activistas afines al gobierno que han cooptado estructuras sindicales y ahora se alinean al oficialismo. La función de éstos dos sectores ha sido construir nacional e internacionalmente una narrativa de supuesta “paz laboral” y “diálogo social”. Sin embargo, la realidad denunciada por las organizaciones independientes, y los mismos informes de la OIT contradicen formalmente este discurso.
La persistente denuncia ante mecanismos internacionales, las observaciones reiteradas de los órganos de control de la OIT y la creciente internacionalización de los casos demuestran que el problema no se limita a un debate coyuntural sobre la Lista Corta. Lo que está en discusión es el deterioro estructural y sostenido de las garantías para el ejercicio de la Libertad Sindical y los Derechos Humanos Laborales en El Salvador.
La exclusión de la lista corta no borra las violaciones laborales.
Aun si finalmente El Salvador no fuese incorporado formalmente en la Lista Corta, el próximo uno de junio en la Conferencia Internacional del Trabajo, ello no significa una absolución política ni jurídica del Estado Salvadoreño. La ausencia en la Lista Corta no borra las violaciones existentes ni elimina la vigilancia internacional sobre el país. La propia campaña nacional e internacional, tanto de los sectores a favor, como en contra de la salida del Salvador en la Lista Corta, logró instalar nuevamente en la agenda nacional e internacional la situación de persecución y retroceso de los derechos humanos laborales y sindicales que enfrenta la Clase Trabajadora Salvadoreña.
Por ello, aun cuando sectores de trabajadores afines al gobierno, que han cooptado algunos sindicatos, sectores gubernamentales y empresariales intenten presentar una eventual salida de la Lista Corta como una “victoria diplomática”, la realidad es mucho más compleja.
La campaña sindical por la permanencia en la Lista Corta, ya consiguió evidenciar que en El Salvador continúa existiendo una profunda crisis de derechos laborales y sindicales, y que el supuesto “dialogo social” promovido oficialmente no refleja las condiciones reales que enfrentan miles de trabajadoras y trabajadores.
La disputa por la Lista Corta es, en el fondo, una disputa por la verdad sobre la situación laboral salvadoreña. Y aunque las correlaciones políticas internacionales puedan temporalmente impedir un examen formal dentro de la Comisión de Aplicación de Normas, la denuncia internacional sobre las violaciones a la libertad sindical ya trascendió los límites de ese mecanismo.
La clase trabajadora salvadoreña independiente ha logrado romper parcialmente el cerco del silencio internacional. Y en la próxima Conferencia Internacional del Trabajo podrían existir sorpresas políticas y diplomáticas; el mecanismo de conformación de la Lista Corta no está completamente cerrado hasta las etapas finales de negociación. Pero incluso si dichas sorpresas no ocurren, el debate internacional sobre El Salvador ya está abierto, y las denuncias sobre persecución antisindical, represión laboral y debilitamiento de derechos colectivos seguirán resonando en los espacios internacionales mientras las causas estructurales continúen existiendo.
*Luchador social, Sindicalista y Columnista
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