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Hondurasgate: antecedentes y consecuencias para C. A. (parte dos)

Por Oscar Miguel Marroquin*

El imperio aprieta, pero no ahorca; el expresidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa, el mismo que salió electo posterior al golpe de Estado contra Manuel Zelaya, fue sancionado junto a su familia por el gobierno de Estados Unidos por actos de corrupción; y por si fuera poco, su hijo Fabio Porfirio Lobo fue encontrado culpable en EE. UU. por tráfico de cocaína y condenado a veinticuatro años de cárcel.

Esta vez fue el secretario de Estado, Anthony Blinken, a quien se le ocurrió dar algunas lecciones de MORAL, negando la entrada a los Estados Unidos a la familia Lobo Sosa; el gobierno de Israel mostró mucho malestar contra Porfirio Lobo, ante la negativa de este de no ajustarse a las demandas del sionismo o, para decirlo de otra manera, Lobo se manifestó en favor de reconocer a Palestina como Estado; para nadie es un secreto cómo funciona el lobby israelí en EE. UU.

Repentinamente, las iglesias “evangélicas” también se le vinieron encima a Lobo; si más de alguien se atreve a pensar que el Mossad estuvo detrás de esto, es pura coincidencia. ¿Qué es el Mossad? Es una organización cuyos tentáculos están en todo el mundo. Es la organización más avanzada del planeta, obtiene información sensible de diversos gobernantes y, luego, la utiliza como moneda de chantaje. En más de una vez se ha dicho que Israel posee información clasificada sobre el caso Jeffrey Edward Epstein, caso en el que se acusa a Donald Trump de haber tenido algún tipo de relación con jóvenes menores de edad.

Sobre el caso de Porfirio Lobo Sosa y su familia, bien cabe preguntarse lo siguiente: ¿Fue la justicia de EE. UU. la que lo alcanzó? ¿O fue el brazo del Mossad?

Esto es apenas «la punta del iceberg».

Sexo, droga, muerte y corrupción se convirtieron en una especie de quaternarius maledictus en el gobierno de Juan Orlando Hernández en su primer periodo presidencial. ¿Lo sabrían la CIA, DEA, FBI o MOSSAD? Porque no es poca cosa de lo que aquí se habla, quizá para introducir el asunto: a Estados Unidos entraron toneladas de cocaína, que era controlada nada más y nada menos que por el hermano menor de JOH.

Por otra parte, y a efecto de controlar la creciente corrupción, JOH se vio obligado a solicitar a la OEA, organizar la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras MACCIH, con financiamiento de Canadá y Estados Unidos; entre otros, toda una tragicomedia, algo así como que: “Todos en mi gobierno son corruptos menos yo”. El circo fue de inmediato trasladado a Honduras, documentos iban, y venían y, para que aquello pareciera y tuviera apariencia de verdad, uno que otro ladronzuelo fue enviado al calabozo; los grandes no, esos quedaron en libertad y con dinero. Finalmente, y después de unas cuantas funciones, la MACCIH armó maletas y se marchó para nunca más volver.

Los seguidores de Manuel Zelaya se quedaron sin bandera política, gritando por aquí y por allá, que la ONU organizara una Comisión Internacional contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (CICIH). La tan solicitada nueva comisión, no ganó terreno dentro de la ONU, ni siquiera la mujer de Zelaya cuando llegó a la presidencia lo logró. Ahora aquello ya es parte de la historia.

Los corruptos se las saben todas; por ejemplo, al otro lado del planeta, el máximo cabecilla del genocidio contra el pueblo palestino, Benjamín Netanyahu, ha sido acusado de tres casos penales: soborno, fraude y abuso de confianza. Donald Trump ha solicitado al presidente israelí, Isaac Herzog, que indulte a Netanyahu; qué casualidad, a Trump le dio por indultar al expresidente Hernández y, a la vez, abogar por un corrupto israelí corrupto que de paso está siendo reclamado por la Corte Penal Internacional (CPI), acusado de genocidio contra el pueblo palestino. Dice Friedrich Nietzsche que “el castigo tendría la propiedad de despertar en el culpable el sentimiento de la falta”, pero Mr. Donald John Trump busca que en sus dos entrañables amigos no nazca ese sentimiento.

Don Juan Orlando Hernández llegó acompañado a Casa Presidencial y de la mano nada menos que de la teniente coronel Heide Fulton; como quien dice, donde manda capitán, no manda marinero. Traducido más popularmente: El pueblo emite el voto a favor de su candidato predilecto, pero es Estados Unidos quien decide cuál es el presidente que el país del norte necesita. Hernández, como buen mandadero, no tardó en trasladar la embajada de Honduras a Jerusalén; el sionismo aplaudió semejante acción con vehemencia. Con esto, Hernández afianzaba amistad entre Benjamín Netanyahu y Donald Trump; no era para menos, eso fue un favor geopolítico de gran necesidad para Israel.

Mientras tanto, por Honduras cruzaba el ochenta por ciento o más de la cocaína con destino a los Estados Unidos. Esto, según el Departamento de Estado de EE. UU., noticias arregladas o amañadas daban cuenta de que Hernández se había convertido en todo un paladín en la lucha contra el narcotráfico; no obstante, en su momento, el fiscal federal para el Distrito Sur de Nueva York, Damian Williams, dijo: “Se alega que Hernández usó sus vastos poderes políticos para proteger y ayudar a los narcotraficantes y líderes de cárteles, alertándolos sobre posibles interdicciones y permitiendo la violencia fuertemente armada para apoyar su tráfico de drogas”. Mientras la administradora de la DEA, Anne Milgram, expresó que “la investigación de varios años de la DEA reveló que Juan Orlando Hernández, el expresidente de Honduras, fue una figura central en una de las mayores y más violentas conspiraciones de tráfico de cocaína del mundo” Hernández usó las ganancias del narcotráfico para financiar su ascenso político” (tomado de U. S. DEPARTMENT OF STATE)[1], pero Donald Trump lo liberó de la cárcel. ¿Por qué y para qué? Preguntas nada fáciles de responder.

*Periodista, magister en estudios latinoamericanos y, estudios de doctorado en filosofía iberoamericana

 

[1] US DEPARTMENT OF STATE

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