Idioma revolucionario masculino
«Flowery Vocabulary of the Virile Organ»
Revolutionary Masculine Language
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
Este Órgano viril es el más pijudo, cachimbón y retozón —jacarandoso y vergón— contra la culeritis agudis…
=
This Virile Organ is the prickiest, intrepid, playful toy —lively and male excellence— against acute asshole/sissy/fagot illness…
- «La Jodarria. Órgano Viril del Departamento de Relaciones Íntimas del Estudiantado Salvadoreño»
El que con jodiones se mete, jodido termina por la llegada de un Ángel con La Jodarria…
El objetivo explícito de «La Jodarria» consiste en «ver liberada nuestra patria de toda lacra», gracias a «la vanguardia defendiendo nuestra soberanía». Aunque no menciona la llegada del socialismo —sólo habla de «la Revolución» que «pedirá cuentas»— ataca directamente al trío Ejecito-Iglesia-Aristocracia como causante del problema socio-político de El Salvador. «Los militares, los oligarcas y los curas fascistas». Este terceto lo describe como «achichincles» del «imperialismo yanki». De contrastar su perspectiva con la izquierda actual, el único cambio lo ofrece una amplia sección de la Iglesia católica, después convertida a la teología de la liberación. La herencia de San Romero testimonia de esa transformación, pero hacia 1962 las acusaciones anteceden la reverencia. Luego «de hacer changoneta con un par de cabroncitos…los mentores de este anuario son…el gobierno, los curas…los militares…La Mujer de Monseñor Chávez y González… la hermana política del Padre Mateo…y otras apreciables matronas de la familia Putiérrez».
Desde el inicio, el «Preámbulo» aclara la «Alianza para el Regreso» del triunvirato. «Ajajay…jijos de la gran juta…¡Son brutas! …la cara de mierderos ceñudos que pondrán ante sus amos imperialistas yankis, curas y oligarcas explotadores…comentando nuestra actitud macha de escupirles la cara, putearlos…Cobardes…¡Nos dan asco, letrinas!». A ellos se añade el gobierno militar que —»hijo de mierda uniformado»— «es representativo, constitucional y católico», ya que «el mierdero…comulga y se emborracha con los curas». Para esclarecer este objetivo, es necesario sondear la manera en que «La Jodarria» efectúa esta misión de compromiso revolucionario contra el triángulo Ejército-Iglesia-Aristocracia regido por el «imperialismo yanqui». A menudo, sólo se examina qué se dice —la rebeldía antimilitarista— pero se oculta cómo se dice, según el idioma soez subversivo. Acaso se juzga equivalente decir «sos (una) mierda» que «sos el estiércol que abona el problema nacional», u otra forma más académica de referir el análisis económico.
Para exponer la manera vulgar de hablar, se reproduce el «florido vocabulario fálico revolucionario» de la revista (véase VI-VII). En vez de ofrecer una lista alfabética se clasifica por su contenido político y de género. Los cuatro rubros son los siguientes: 1. Acoso sexual; 2. Hombre: Excremento, Otros insultos, Falo vs. Ano, Testículos; 3. Mujer y 4. El Salvador: Geografía, Política. Se examina cada una de esas esferas léxicas y el final del ensayo transcribe una selección del «florido vocabulario», donde flor (anthos) identificaría la poesía vulgar comprometida de «La Jodarria» contra los regímenes militares. Obviamente, se verá, dada la supremacía política masculina, el léxico a su labor es más amplio que el referente a la mujer. A ella le corresponde un papel secundario y, por tanto, sumiso. A continuación se exponen esos cuatro rubros claves del léxico florido.
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La primera categoría (1) —»acoso sexual»— no existe legalmente hacia la década de los sesenta. Sin embargo, ya se percibe como un rubro ligado al poder que ejerce su violencia contra la persona amenazada u obligada a una relación sexual dispar, a menudo por razones financieras. El » Ánimus Jodiendi» denuncia la violencia y corrupción doméstica, el uso del poder político y religioso para obtener una satisfacción, para prostituirse a sí mismo, o bien a otras personas por negocio: «burdeles, cantinas», etc. También, para degradar la autoridad, masculina siempre, remite su potestad a lo inerte, lo cual se define por la pasividad anal, por evidencia sometida al «órgano viril» que concede el verdadero poder.
Para el hombre (2), el léxico florece y fructifica sin cese, ya que no importa la estación para que exhiba su hermoso colorido en el insulto. El primer agravio lo despliega el excremento. Sea que matice el cuerpo mismo del oponente militar, sea que lo produzcan por «miedo» o que sea su alimento, define una de las manera más repetidas de humillarlo. «Otros insultos» comunes son bastante conocidos —»pendejo», derivados y sinónimos, «cabrón»— hasta degradar la maternidad del oponente. La prostitución lo ultraja al hablar de la madre del contrincante, o para recalcar su subordinación. Más rebuscado suena el juego de palabras con el término «benemérito», cuya dignidad decae al escribirlo con «v» para derivarlo de «venéreo»: el mérito de lo sensual.
En seguida, la revista prosigue la costumbre falo-céntrica que convierte el aparato progenitor masculino en el centro del poder. Desde el subtítulo mismo de la revista, los múltiples sinónimos vulgares del falo se asocian con el valor —en su doble sentido físico y ético, quizás incluya su tercero, el monetario. Asimismo, implica la violencia de los golpes. Su vínculo con la rabia conlleva «pegarle» a la compañera para expulsarla de la casa y luego «prostituirla».
Un chiste sobre el coito frustrado entre la autoridad militar y su esposa vincula la política insurgente a la erección, acaso al «gran falo, vergón» y a la magnitud en su potestad de dominio. «En pleno sueño…el coronel…y su mujer, éste se despertó al ruido de una ráfaga de ametralladoras y asustado le gritó a su mujer…¡hay levantamiento! …entusiasmada le tocó enmedio de las piernas y sintió el moco de chumpe aturrado…¡no jodás, son puras bolas» (bola: pelota, testículo y chisme). La burla contra el coronel no sólo recalca su impotencia o falta de hombría, sino asocia el «levantamiento» militar enemigo a la sexualidad viril. «Levantar» implica erigir el acto masculino que instala un nuevo régimen gubernamental.
Esta expresión fálica inicia la filosofía insurgente, ya que la reflexión brota del acto viril. En efecto, «el pensamiento» mismo —»léase pene», «pen(e)samiento»— se alza hasta volverse «penetrante, parado y espinudo» en su altura convincente. Este vínculo estrecho entre el valor del falo y la razón se contrapone al carácter pasivo del ano. El orificio postrero inferior suele atribuírsele a la mujer y a la pasividad homosexual. Geoffroy Rivas traduce «culero» de la manera siguiente: «afeminado, homosexual…cobarde». También, «culo» denota «mujer guapa…querida». Por tanto, no extraña que este insulto repetido la revista se lo atribuya al enemigo militar para desestimar su gobierno.
Incluso, podría cuestionarse la idea misma de «homosexualidad» entre dos portadores de orificios o «culeros» en el idioma vulgar. En cambio, el coito presupone la unión de los opuestos complementarios, es decir, la presencia «activa» del portador del falo, anteriormente descrito como ente «pen(e)sante» y la pasividad receptora del orificio. Como insulto habitual, para degradar la hombría, según Dalton, hasta «una niña de doce años» lo refiere al responderles a quienes la entretienen con «cuentos absolutamente inicuos». «¿Cómo se hace para meter ocho agujeros en un agujero? …Cojan una flauta y se la meten en el culo».
Al falo lo completan los testículos cuya posesión también equivale al valor de enfrentar al enemigo político, en el caso de la revista: «tener huevos». Además, se asocia con la golpiza —»huevazos, huevasiada»— al igual que con el «robo» o, quizás, con la corrupción que se apropia de los fondos públicos y, por tanto, castra la actividad del estado. Así, la acción subversiva implica asumir la masculinidad plena, tal cual lo demuestra el partido político con sus órganos sexuales. Si alguna persona se amedrenta de luchar con el poder militar, un «anuncio clasificado» declara «gran venta huevos» para que pongan «en jaque a las tiranías».
En cuanto a la mujer (3), ya se dijo, se localiza en una jerarquía inferior a la masculina, al hombre quien siempre detenta el poder. Su primer papel social lo describe la maternidad prostituida que degrada al hombre por su origen. La importancia de este insulto multiplica la riqueza de vocablos para este término clave. Por ello, la revista repite su referencia —ya no en su carácter materno ni en su oferta corporal— sino en la búsqueda de ascenso social. Sin valor moral, la mujer corre detrás del «hombrerío» para lograr su objetivo financiero. Además, conducida por el hombre, se halla sometida al tráfico sexual que —sin importar el color, «negra o blanca»— la vende al mejor postor. Al asumir esa condición sumisa —hacia la época sin un ascenso revolucionario— no extraña que un grave insulto tilde al enemigo militar de «mujer. Y a la mujer obediente, le encarga prestarles el servicio sexual a los militares. «Niñas del P. C. N.: locas, esta noche la asamblea se concentrará a darles la bienvenida…a los coludos cadetes de la escuela militar…evitar la mucha ropa, hacer caso omiso del bloomer, bassier…». «Niñas del P.C.N. (Pacona) = Partido de Colonización Norteamericana = Partido de Cabrones Nacionales…Partido de las multitudes (de putas)» califica al partido oficial que alía lo militar al gobierno «democrático». La única referencia positiva le reciben la «Fraternidad de Mujeres» por su actuación en la película «Los Invictos» y la justicia revolucionaria contra sus depredadores sexuales.

En cuanto al país mismo (4), «La Jodarria» diseña su geografía por los accidentes territoriales «estúpidos» en su diversidad de «montañas, «picos», sierras, cerros, lagos ríos», sin mencionar la costa. No en vano, «el volcán» se relaciona con la inmundicia vacuna: «la forma cónica de una plasta». También la capital la evalúa por su contraste entre la hermosura y el repetido insulto del excremento, el cual proviene de la posición humana inferior, «acurrucada», la cual emana un desagradable «perfume». Debido a las dificultades políticas, hasta la estación lluviosa se asocia con el estiércol que abona las cosechas: «llueve mierda».
En lo político, la revista desacredita el proyecto estadounidense de la Alianza para el Progreso el cual lo glosa como «Alianza para Jodernos, Alianza para el Regreso». Prosigue el insulto de la defecación contra el gobierno —su «elección» fraudulenta— y los medios de comunicación, cuyo único servicio popular equivale a la limpieza anal. Además, los Ministerios los degrada a la misma evacuación urinaria e inmunda, así como a su subordinación femenina. Ya la sección sobre la mujer (3) comentó el enlace entre la crítica política contra el enemigo militar y su remisión a lo femenino. Por último, se mencionó la ausencia de la diversidad étnica, cuyo legado ancestral adquiere un sentido peyorativo al evocar su nombre: «nos quieren quitar el tufo a indio»; «repulsivo indio cara de león cretino».
La lectura puede revisar el «florido vocabulario» que transcribe la sección VI-VII, para confirmar el comentario anterior y elaborar su propia interpretación. Se insiste en que el anhelo por valorizar el idioma coloquial, rara vez lo analiza la transcripción directa y las variedades regionales y sociolectos. Hasta 2024, sólo la literatura consagrada define lo nacional, ya que el precepto lingüístico determina que la palabra «pueblo» sustituye al «pueblo mismo».
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