Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador
¿Los escuadrones de qué?
¿Cómo de qué?
¿Acaso no recuerdas que eran?
Ha, ese es su mayor logro: nadie recuerda.
Si vamos por ahí y preguntamos a los adultos jóvenes, con dificultad nos dirán que fueron, cuando operaron, quienes lo compusieron, o que hicieron.
Porque su existencia es la misma del crimen organizado o el tráfico de drogas desde los gobiernos de derecha en el país: pura impunidad.
Estaban compuestos por elementos de las fuerzas de seguridad del país, principalmente de la infame guarda nacional o de la policía de hacienda, así como de gente de clase media y media baja identificada con la ultra de derecha, y liderada en un primer momento por el chele Medrano, para después serlo por Roberto D’aubuisson.
Actuaron al amparo de los últimos gobiernos militares en los 70’s, luego del fraude, recrudeciendo sus acciones en el primer trienio de los 80’s, y hasta el primer lustro de los 90’s, si bien muy recientemente volvieron a operar desde el interior de la pnc, al servicio del narco que la derecha trajo al país.
Las estimaciones más conservadoras aducen que son responsables de entre 20 y 30,000 asesinatos, secuestros y desapariciones, las cuales ejecutaron siempre con lujo de barbarie, a plena luz del día, y a vista de todos, donde de regular marcaron en un primer momento al objetivo, un ciudadano de orientación progresista, católico, con relación directa o indirecta con las organizaciones sociales, a los que ubicaban dándole seguimiento, para luego secuestrar, torturar por varios días, para finalmente despedazarlo, abandonando sus restos por los diferentes rumbos de las principales ciudades.
Lo de despedazarlo es literal, pues aquello de la motosierra de Miley, es en realidad un acomodo a lo que aquellos hacían, pues la usaron contra los miembros de los secuestrados mientras estaban vivos, para después, en un amago de perversión, arrojar esos restos ante la puerta de los cercanos de las víctimas, para con ello aterrorizar a los testigos que de pronto tropezaban así, con un brazo, una pierna, una cabeza, un torso, en plena vía pública, acompañada del respectivo cartelito en el que los escuadroneros se atribuían descaradamente el crimen.
Su descaro era tal, que se pavonearon en las calles celebrando su cobardía, describiendo con crudeza como violentaron a esta o aquella anciana, como despellejaron a éste o aquel, que gritó en su último momento, y cómo abandonaron sus restos ante el llanto de sus hijos, para continuar violentando además a las hijas, a la esposa, a la madre.
Lo descrito arriba no es una exageración o una falacia, está debidamente sustentado y señalado por los informes de la Comisión de la Verdad, de Marlene Lagadec, de la Corte Interamericana, que cualquiera puede consultar, observando como las tales reclaman al estado salvadoreño, justicia para las víctimas y sus supervivientes, así como su persecución y procesamiento.
Pero aún, transcurridos todos esos años, siguen impunes.
A eso apuesta también este régimen.
A que olvidemos y dejemos ser.
¿Olvidamos?
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