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Una matanza continúa y crece en El Salvador

Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa

El “mundial de futbol” con sus rasgos racistas y de  proclividad presunta  a la corrupción política,  y saldos de grandes ganancias para, dicho en salvadoreño,  vivianes en smoking,  gracias a un  espectáculo global adormecedor  de masas,   hace que, hasta “la lucha de clases entre en pausa”, como dice un amigo ilustrado que tengo.Y nada que decir del terremoto en Venezuela, el genocidio de Gaza y las guerras de Ucrania, Irán y áreas circunvecinas,

Por eso, quizá pasa inadvertido que en nuestro pequeño país (claro más grande que Cabo Verde, ahora en la celebridad),  de acuerdo a las cifras oficiales,  entre el 1 de enero y el 30 de junio recién concluido hubo, en El Salvador, 734 muertos debido a accidentes de tránsito.

Eso pasa en cualquier parte, dirá un patriota in extremis.Pero veamos: si esos 734 del primer semestre se duplican para los dos semestres de 2026,  habrá alrededor de 1450 muertes violentas  por esas causas en El Salvador, lo cual para fines comparativos con el mundo y otros países, nos dice que esa cantidad equivale a, aproxidamaente,  24 muertos por cada 100.000 habitantes muy por encima los 17, que es el promedio aproximado consignado por la Organización Mundial para la Salud (OMS).

Según cifras publicadas por la OMS, hay unas correlación directa entre nivel de desarrollo de un país o región y los muertos por esas causas. A más subdesarrollo, mayor números de muertos por accidentes de tránsito.

Es más preocupante  cuando nos comparamos con nosotros mismos.  Según el Organismo Nacional de Seguridad Vial (ONASEVI), esos 734 muertos entre el 1 de enero y el 30 de junio del año en curso, a causa de accidentes de tránsito o  viales, es 137 muertes más que en el mismo período del año pasado, un aumento global del 23 por ciento.

En informes de años anteriores se consigna que el año 2025 hubo 1238 muertes por las causas en comento. Lo proyectado para el año en curso 2026 de 1450 muertos. Lo precoupante y aterrador es que si en el 2025 hubo 3.4 muertos diarios (más de 100 mensuales) en el 2026 habrá 4 muertos diarios por esas causas (120 muertos mensuales).

O sea, esa matanza continuá y crece en El Salvador a vista y tolrerancia de la sociedad salvadoreña  y del Estado que regula su funcionamiento.

Dicen nuestras Constituciones Políticas, no siempre respetadas, que es una obligación primordial del Estado garantizar la vida de los habitantes de El Salvador. Es más, la de 1983, la de d´Aubuisson,  el reputado “asesino psicópata”, establece retóricamente que la persona humana es el origen y fin del Estado y por lo tanto la vida de esa persona humana, como un  derecho primoridal, es la razón de ser de la acción del Estado.

La mortandad creciente comentada es un desafío a ese texto constitucional y la indiferencia objetiva de ciudadanos y autoridades es una muestra palpable de un rasgo cultural donde nos movemos con aquello de que la vida no vale nada.

No es la primera vez que escribo sobre este preocupante fenómeno cultural de El Salvador. Por supuesto que hay responsabilidades compartidas entre ciudadanos,  autoridades y los funcionarios públicos de darle concreción a la protección de la vida de las personas humanas.

Abordar esta matanza requiere que se conozcan sus multiples causas, entre ellas: aceras y calles en estado defectuoso, rpincipalmente en las áreas urbano-rurales; irresponsabilidad ciudadana tanto de peatones como de choferes de no respetar las normas que regulan el tránsito de vehículos y las caminatas, empresas de transporte público que priorizan las ganancias a tener choferes educados y respetuosos de la vida, falta de normativa eficaz y de agentes de la autoridad del estado encargados de hacer cumplir la ley. En fin.

Mientras no se aborden esas causas y se tomen las correspondientes  medidas educativas, normativas, sancionatorias , es casi seguro que la matanza continuará y aumentará y que los ciudadanos, doloroso como es, lo normalicen como algo que debe suceder sin nada que se pueda hacer.

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