Por Leonel Herrera*
El FMLN y ARENA confirmaron el pasado fin de semana a sus flamantes fórmulas presidenciales. En vez de cerrar filas para rechazar la ilegal elección presidencial de 2027 y la nueva reelección inconstitucional de Nayib Bukele, ambos “partidos de oposición” optaron por validar, con su participación, el proceso electoral más fraudulento de la posguerra.
El Frente ratificó a Rafael Aguirre, médico y ex dirigente sindical, como su candidato presidencial; mientras que ARENA designó dicha función a la ex diputada sonsonateca Mayteé Iraheta. Completan las “fórmulas opositoras” Madaí Santos y Verónica Henríquez, respectivamente.
Hace casi un mes, cuando Bukele se inscribió como precandidato presidencial de su partido Nuevas Ideas, escribí que sólo faltaban los “candidatos de oposición” y las elecciones, pues el resultado sabemos que ya está. Ahora, que ya están los “candidatos de oposición” que van a legitimar a Bukele, sólo faltan las elecciones.
Sólo faltan los “candidatos de la oposición” y las elecciones”
Argumenté que Bukele necesita la participación de “candidatos opositores” para legitimar la doble ilegalidad de las elecciones presidenciales: el adelanto injustificado de la elección presidencial de 2029 y la ilegal reforma constitucional que permite la reelección indefinida. He sostenido esta posición desde julio de 2025, cuando se ratificaron las espurias reformas a la Constitución.
Por eso planteé que los partidos de oposición deberían centrar sus esfuerzos en las elecciones legislativas y municipales que, aunque fraudulentas también, sí son legales, al menos porque se realizarán en la fecha correspondiente.
Propuse que, más allá de las posibilidades reales de obtener algunas diputaciones y alcaldías, los candidatos legislativos y municipales opositores deberían utilizar su participación para generar debate serio sobre los temas urgentes del país y promover la organización ciudadana que será necesaria para resistir a lo que podría venir después de las elecciones.
Entre las medidas (medicinas aún más amargas) que vendrían después de las elecciones están: incremento del IVA, eliminación de subsidios, más endeudamiento público, más despidos masivos de trabajadores estatales, desalojos de comunidades pobres, más persecución contra el trabajo informal, mayor censura y represión y más proyectos generadores de destrucción ambiental, incluida la mortífera minería metálica y otras groserías.
Volviendo al punto de las candidaturas presidenciales, los partidos de oposición, si quieren ser consecuentes con dicha condición, aún están a tiempo de corregir, no prestarse a la farsa electoral y más bien aprovechar las elecciones (legislativas y municipales) para documentar, evidenciar y denunciar el fraude montado por la dictadura bukeliana.
Si no lo hacen, el veredicto inapelable de la historia los consignará como cómplices de esa barbarie.
*Periodista y activista ambiental.
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