Marlon Chicas
El Tecleño Memorioso
Las fiestas al Divino Salvador del Mundo iniciaron en el siglo XVI con la fundación de la Villa de San Salvador en 1525 y 1528, vinculado a la conmemoración religiosa del 6 de agosto con actos cívicos. La tradición según registros tomó su forma actual de feria y devoción en 1777, cuando el artesano Silvestre García esculpió la venerada efigie.
Las fiestas patronales dedicadas al Divino Salvador del Mundo es la conmemoración religiosa de mayor importancia a nivel nacional, que todos los 5 de agosto se realiza en la capital, culminando el 6 de agosto con la misa solemne en el atrio de Catedral con lo que se cierran las fiestas.
En Santa Tecla, la festividad al Divino Salvador del Mundo se desarrolló siempre de manera sencilla. En memorias de Carlos Roberto Alvarado (+), tal celebración era recordada con una eucaristía solemne el 6 de agosto.
La procesión al Santo Patrono de la república se desarrolló en diciembre y no en agosto como es la costumbre, debido a la temporada lluviosa por esas fechas, que de acuerdo con Carlos Alvarado el primer párroco que inició esta tradición fue el Padre Gabriel Rodríguez (+), en la época del sesenta, que se caracterizó por llevar a cabo una pequeña Transfiguración frente a las instalaciones del ex cuartel hoy Academia de Seguridad Pública.
Dicho sacramental en ciertas ocasiones no pudo concluirse debido al fallo en el sistema de palancas de la carroza, dificultando que la imagen del Nazareno apareciera transfigurada; años más tarde en los setenta el Padre Manuel Alvarenga, continuó la tradición trasladándola al mes de diciembre bajo la nominación del Divino Salvador del Mundo en su natividad.
En los ochentas bajo la tutela del Padre Uberto Calderón (+), quien era músico de vocación; se continuó realizando en diciembre, por considerar el riesgo de lluvias como ya se ha señalado anteriormente.
En 1988 Monseñor Rogelio Esquivel realizó en ocasiones dicha manifestación de fe con apoyo del recordado artesano José Luís Rodríguez (+), muy solicitado en un tiempo por las parroquias tecleñas, en la elaboración de carros alegóricos, quién junto a su amigo don Crucito (+), eran los responsables de dar vida a dichas representaciones sacras.
En memoria de Carlos Alvarado, se encuentra la vez que José Rodríguez, instaló la imagen de Jesús, a bordo de una barca, resguardado por ángeles y una la leyenda “Señor, sálvanos que perecemos”, irónicamente en ocasiones la procesión debió soportar fuertes tormentas.
No puede dejarse de lado el aporte de Manuel Peña (+), quien trabajó por años en la elaboración de altares al Sagrado Corazón de Jesús, entre otros, ya que en 1995 fue la última vez que la imagen del Salvador del Mundo recorrió las calles tecleñas.
Si bien la algarabía y devoción se concentra en la Ciudad Capital, los tecleños a través de la historia no hemos estado exentos de dicha solemnidad al Santo Patrono de la república de El Salvador, por tanto, les invito a celebrar las fiestas de manera responsable.
¡Felicidades capitalinos!
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