-EN LA MUERTE DE RUBEN DARÍO –
Por Julio Enrique Ávila
Van los Centauros en ritmo galope, poseídas de un dolor
de locura sus testas arrogantes,
de hirsuta cabellera!….
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Aquel cantor sublime que al mundo diera
en himnos grandiosos su grandeza;
aquel encantador
que hizo suyos el secreto y el alma de lo bello,
con el sello
de su aristocracia y su gran corazón;
aquel que al son
de sus pífanos sonoros
fue amado de las ninfas y con su lira acompañó los coros
lascivos de las bacantes;
aquel que en su tristeza
de Divino
no supo ser humano;
aquel Centauro soberbio, aquel hermano
de los viejos Centauros, sediento del agua
divina de Castalia; aquel elegido
de la gloria, que bajo el ruido
del mundo y el atronador
trompeteo de la fama, pasó como un peregrino
deshojando en rimas la flor
del alma….. ¡ha muerto!…. La quimera, que fragua
el acertijo del Destino
lo ha inmolado!….
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Y por las selvas y las pampas festonadas de crespones,
en un luto que es del mundo, como un desfile de oraciones
van en ritmo galope los Centauros, poseídas de un dolor
de locura sus testas arrogantes, en busca del hermano
Centauro que ha roto la cadena de la vida; de aquel encantador,
que en su tristeza de Divino no supo ser humano…
…. ¡Ni quiso ser humano!
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