Idioma revolucionario masculino
«Flowery Vocabulary of the Virile Organ»
Revolutionary Masculine Language
Rafael Lara-Martínez
Professor Emeritus, New Mexico Tech
Desde Comala siempre…
Este Órgano viril es el más pijudo, cachimbón y retozón —jacarandoso y vergón— contra la culeritis agudis…
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This Virile Organ is the prickiest, intrepid, playful toy —lively and male excellence— against acute asshole/sissy/fagot illness…
III. El idioma coloquial
Al destino revolucionario —transición inevitable del capitalismo al socialismo— otro acuerdo lo define la lengua. Ambos consideran el idioma nacional —el castellano— por su validez única de traducir el Mundo natural y social en palabras. Según López Vallecillos, «la cultura de El Salvador, sus formas elementales y primarias, provienen de la herencia. «hispánica» y del enciclopedismo francés». Los idiomas maternos no dejan huella en la identidad nacional, pese a que su predecesor —Pedro Geoffroy Rivas— insiste en la influencia del náhuat. El poeta indigenista no menciona la diversidad lingüística, entre otros, los idiomas lenca y cacaopera al Oriente; el Poniente siempre oculta la aurora que lo ilumina. La diversidad étnica y lingüística queda en entredicho, en el silencio de todo compromiso.

Además, López Vallecillos sostiene que «el lenguaje es parte de la identidad de los pueblos, su expresión vital». En verdad, la palabra expone la «parte» que nombra la totalidad de las esferas que hablan e incluso le otorgan un valor cognitivo a la imagen. Por ello, el autor vindica el uso del idioma vulgar para impulsar el proceso revolucionario y engendrar una identidad nacional renovada. «La nueva cultura tiene que surgir de las clases sociales desplazadas, marginadas, con un lenguaje áspero y hermoso…que no le tema a la mala palabra…que eluden los «cultos»…más auténtica como «la paga de hambre (justifica) estos hijos de puta»…que se transmite de boca en boca…tenemos que hacer nuestro su lenguaje». Aunque Geoffroy Rivas apunte «hijueputa» por influencia náhuat —se verán otras transcripciones, «jueputa; juela; juejuta…»— interesa subrayar la necesidad de utilizar el idioma vulgar en su reacia hermosura para incentivar el cambio revolucionario. Su empleo obsceno inicia la batalla verbal contra el opresor.
En cuanto a Dalton, ya se citó el insulto como «arma» para degradar al oponente. Él también aplica el castellano-centrismo al interrogar si «realmente en los hechos, ¿hemos escrito para los indios de Guatemala, Perú o Bolivia?, sin mención de su propio país, ni de la lengua escrita para esos grupos plurilingües. El Salvador lo imagina carente de idiomas maternos y sin tradiciones ancestrales. Incluso, para países con amplia diversidad lingüística propone la castellanización como recurso indispensable para promover la agenda revolucionaria. «Ya el mero hecho de enseñar el idioma nacional a un cuadro indígena puede ser una labor de extraordinaria importancia…la dilucidación de concepciones teóricas». Acaso presupone que la «vanguardia político militar…la lucha armada y no…una vanguardia literaria» debe hablar castellano/español. La idea actual de revitalización rebasa el imaginario marxista en su inmediatez socialista.
Al igual que lo propone Geoffroy Rivas —»se registra también la división clasista»— Dalton recomienda que el poeta debe adquirir por «experiencia» laboral — «baño social…sumergimiento en el trabajo y en la vida»— el idioma coloquial del pueblo. «El poeta para escribir poesía actual debe ingresar como obrero», antes de «analizar marxistamente nuestra realidad». La interrogante actual no podría ser más aguda. El «proceso de construcción socialista en Cuba, y a partir de Cuba en América Latina» se disuelve tanto como «tomar el poder político…o sea la lucha armada». Pero no se sabe si el intelectual también rechaza la experiencia de sus colegas de limpieza, jardinería, mantenimiento, etc. Sólo gracias a este intercambio laboral —»yo, profesor, hago la limpieza; tú, asistente, impartes clases, viceversa»— el idioma coloquial de la literatura se nutre de la vivencia plena.
La defensa del idioma vulgar la confirma Dalton durante el Centenario a Lenin en 1970, en La Habana. El poeta entabla un diálogo imaginario con un «lector» quien cuestiona su «tonillo zumbón…distanciamiento irónico…palabras gruesas…al habla(r) de las guerrillas». En respuesta crítica, «el poeta» vincula su condición de «colonizado» con «la búsqueda de nuestra identidad y del rescate de las armas revolucionarias». Si el término de «herramienta» —traducción ferretera del inglés «tool»— rige hoy una idea de la lengua, el «arma (weapon)» ofrece una imagen alternativa. Parece que no se puede hablar del lenguaje sin apropiarse de su uso práctico, sea técnico o político. Aunque se admita que la lengua constituya «la identidad», el habla representa «una legítima arma de defensa objetivada» (141). Así «el animal dotado de lenguaje (zoon logos ejon)» —el idioma, constitución del ser humano— lo convierte en un utensilio, un instrumento de trabajo para lograr los fines sociales de quien se sirve de este artefacto para su provecho. La lengua define lo humano en sí; el habla concretiza sus propósitos sociales.
En los tres autores citados —Dalton, Geoffroy Rivas y López Vallecillos— la metáfora férrea —de la ferretería a la armería distingue la situación de clase. Dalton: «yo, el poeta…soy el colonizado; Geoffroy Rivas: «se registra también la división clasista»; López Vallecillos: el «lenguaje que se transmite de boca a boca en los mercados, en las villas miserias, en las cárceles, en las calles y plazas, es el lenguaje testimonial…con mucha más energía y creatividad que el…(de) los profesores…la jerarquización del lenguaje». Sólo Geoffroy Rivas agrega una dimensión étnica la cual subordina a la clase. «Hay una expresión elitista, europeizante y.…literaria…del grupo dirigente y.…opuesta a la expresión popular, de profunda raíz indigenista…(sin) expresión escrita».
Pero los tres olvidan su calidad de «hombres». En verdad, ese silencio no extraña ya que hacia la época la teoría de género no existe. Se presupone que la diferencia entre el hombre y la mujer es irrelevante en su igualdad de clase social. Se trata de un ejemplo supremo de la distancia entre el hecho y la percepción, inicio del análisis. El trío de autores presupone la irrelevancia del género bajo la supremacía clasista, la única válida, y el dúo comprometido acalla lo étnico, sometido también a lo económico.
Inclinados al marxismo, los tres poetas mantendrían la primacía de lo objetivo en las ciencias sociales. Pero la exclusión de la diferencia —división social del trabajo doméstico y público— queda en el silencio. Un ensayo anterior —»Pobrecita poeta que no era yo. Sin derecho de habla»— analiza la exclusión de la mujer en la novela testimonial sobre la generación comprometida. Basta revisar el índice definitivo para advertir que su voz doméstica sólo aparece subordinada a la del hombre, activo en la esfera poética y política. Desde la imperceptible teoría de género, se trata de la «re-volución sinódica masculina», en su eterno retorno que calca el giro de los astros. Hay que repetirlo hasta el cansancio para competir en la escena literaria de la política, gracias al lenguaje vulgar y viril. En 2024, su único resultado real lo definen la diáspora, la emigración permanente, y la «excepción» constante que privatiza puertos por medio siglo.
Se reproduce la página inicial de «Capítulos de la novela «Los poetas» de Roque Dalton» (1964), para que la lectura aprecie la enorme diferencia entre el mecanografiado original en el olvido y el póstumo vigente en la memoria. En su calidad de opuestos complementarios —día-noche; sol-luna— la convención académica suele desdeñar el lado oscuro de sus estudios. Basta recordar que los archivos bibliotecarios se concentran en figuras de prestigio. En 2024 no existen repertorios sobre los idiomas maternos en su diversidad, ni sobre las variedades coloquiales del castellano/español en su riqueza poética: bombas, adivinanzas, chistes, dichos, proverbios, trabalenguas, juegos de palabras, léxico, etc. La «memoria histórica» siempre olvida la voz del pueblo, ya que el representante —la palabra— reemplaza lo representado, el ob/su-jeto. Acaso el mismo borrón lo promueve la ausencia de una voz femenina en esa novela. Sometida al hombre —quien vive en la esfera pública, poética, política y jurídica— su ausencia pasa desapercibida para los estudios culturales hasta 2024. Si el auge actual de la extrema derecha anhela restaurar la familia tradicional, el brote revolucionario recrea raíces equivalentes en la izquierda.
La persistencia de ese idioma masculino la anticipa la revista universitaria «La Jodarria. Órgano Viril de Servicio al Mal Humor». Sólo se estudia el ejemplar de 1962, en fotocopia migratoria, Por desgracia, la insistencia en salvaguardar la memoria histórica aún no instala los archivos nacionales a la disposición del público lector. Esta ausencia contrasta con el empeño bibliotecario de Costa Rica cuyo legado puede consultarse de inmediato. Se ignora si se trata de dos perspectivas disímiles sobre la historiografía nacional. La una esconde los archivos y la otra los hace disponibles a la lectura.
Los tres artículos iniciales —»3er. Año de Joder», «Cosas que caen en los huevos» e «Indicador»— señalan su vocación masculina. El idioma familiar anti-militarista reluce por su carácter masculino rebelde: «bergón/bergueador, huevos/güeviar/a puro huevo, castidad de pipi, de pupú, pendejón de Lara Velado (que no solamente parece pendejón sino lo es efectivamente), pedos, chingada madre, hijos de la chingada, jué puta, disfrutar del órgano viril: las muchachas cuerudas, loquísimos acuarius y médicos ladrones, maricón, puyo por el ano, comer caca»…
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Se ignora la manera en que cada uno de los tres autores citados evaluaría el impacto político de «La Jodarria». Por su carácter más académico y sobrio, es posible que López Vallecillos —tal vez Geoffroy Rivas— no aprueben su idioma vulgar masculino, pero tampoco lo reprueban abiertamente. Además, pese a su interés lingüístico por el idioma del país, Geoffroy Rivas no anota la distinción entre la ciudad y el campo, como si la clase social bastara para explicar el arraigo de las hablas locales en sus diversos micro ecosistemas. En el caso de Dalton, el simple insulto contra Masferrer parece endosar el lenguaje vulgar en su objetivo político revolucionario. Acaso la rima guía el acuerdo lingüístico. Según «don Chinto Castellanos Rivas», hay que aplicar «»el concepto «por-joder» como motor de la historia en El Salvador»».
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