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Del libro “Fuentes de Alma”

Por Julio Enrique Ávila

 

EL RECUERDO

 

Tarde de oro. El parque, silencioso.

Los últimos rayos del sol se aferran, angustiados,

a las hojas de las palmeras;

hojas largas, como largos dedos extenuados

acariciando una melena de luz!….

 

El parque silencioso….

Un ser enigmático, misterioso,

de ojos como olvidados de sí,

en espera de algo lejano, en espera de esperas….

Es el único compañero de las palmeras.

 

Me pierdo

en el silencio…. El abrazo de aquel ser que es mi hermano,

me devuelve a la vida: es el Recuerdo!….

 

¿Qué será de ti,

pobre alma, en este parque lejano,

sin el Recuerdo?….

 

 

EL LIBRO DE LA VIDA

 

Mi alma es un fino cristal

en que los libros no han podido

vertir su amargura ni el mal

del pesimismo.

 

Dolido de tanta tristeza y pena

y duda y melancolía,

he alzado un templo a la alegría;

y, sacerdote de la plena

belleza, en su altar he arrojado:

pena, duda, tristeza

y melancolía…. y he sembrado

rosas de amor en mi dehesa….

 

Y he sentido la belleza:

¡He desleído en la grandeza

de todo gran dolor

la gota de miel de mi amor!

 

Y he embellecido la canción

de mi vida leyendo,

leyendo y sintiendo

el libro de mi corazón!

 

LOS VERSOS DE MI ALMA

 

¡Un verso…. Un verso! Saber de ese dolor del alma

al escribir un verso; saber de esa obsesión

que es hiedra al oprimirnos, de la cruel desilusión

ante la frase inalcanzable que nos roba la calma.

 

Saber el desencanto….! Oh, el desencanto de sentir

y no poder cantar lo que se siente! ¡Pobre corazón!

Tú vives en mis versos, y si en ellos vibra la pasión,

aunque falte la armonía; si es el vivir

de mis ensueños el que en ellos brota hecho canto,

aunque el canto sea malo; si no tienen el encanto

de luz que da la gracia…. ¡ay, son tus humildes rosas,

corazón, y tienen tu perfume. ¡Déjalos que rueden,

que recojan espinas y desprecios…. que si ellos pueden

sabrán ser fuego y luz al morir, como las mariposas!

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