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Espejos por oro

Max  Orellana

Le suenan estas frases: “yo no voy a usar el seguro médico de la Asamblea”, “yo no voy a usar el celular que me den, voy a usar el mío”, “no voy a usar los carros”, “yo no voy a viajar con los dineros del Estado”, y un extendido etcétera que me hace pensar que estos posibles “padres y madres” de la patria tienen un conocimiento de la realidad del país tan raquítico que no son capaces de hacer propuestas audaces, honestas y coherentes con las necesidades del pueblo.

Parece que esta postura es más bien una moda, porque algunos nuevos -y no tan nuevos- candidatos la repiten en cuanta oportunidad tienen; y lo hacen con tanto garbo que pareciera la solución al problema fiscal o la propuesta más innovadora de todos los tiempos en plataforma electoral.

A ver, lo que se plantea a continuación no es un elogio del despilfarro, no. Lo que propongo es solo mi punto de vista sobre el asunto. Como cualquier ciudadano estoy en desacuerdo con el gasto superfluo y el uso inapropiado de los recursos, eso por supuesto. Pero también me parece poco serio y populista que se enarbole como emblema de campaña algo que se espera de quien ocupa un puesto de servidor público: honestidad en su gestión, probidad como ejemplo ciudadano y, por lo tanto, buen uso del patrimonio del pueblo.

Pienso que un diputado o diputada que trabaja en favor de la gente y no de intereses mezquinos, merece como acto de justicia que reciba y goce de las prerrogativas de su cargo. El obrero de una fábrica o un empleado o empleada de la empresa privada tiene prestaciones laborales, lo que se espera es que devengue el salario que recibe, que cumpla con su trabajo de manera eficiente y efectiva; sino la persona es cesada de su puesto. Los diputados y diputadas son empleados públicos, con contrato de tres años; y lo que se espera de ellos es que cumplan éticamente con sus obligaciones, es decir, como mínimo que analicen y valoren lo que aprueban; si es de beneficio de la gente. Entonces no se vale que digan que no usarán el celular, el carro, etcétera, como una propuesta tramposa para captar votos.

Ahora, si en vez de pregonar que no harán uso de sus prerrogativas, trabajaran porque la ciudadanía tenga prestaciones laborales muy parecidas a las propias; empleos dignos y bien remunerados; que se comprometieran a trabajar en metodologías efectivas de contraloría social, espacios genuinos de consulta en donde sus decisiones se sometan al juicio del Soberado; hombre, que renuncien al populismo y que se comprometan a realizar lo que prometieron en los tres años de su legislatura, eso sí sería algo nuevo y distinto. Señores y señoras candidatas y candidatos, al pueblo hay que darle propuestas realistas, viables y de beneficio para las mayorías. La confianza del pueblo merece lealtad; los sueños de la gente merecen seriedad y compromiso. El voto popular merece trabajo ético, responsable y por el bien común.

El voto el pueblo vale oro, así que no vengan con collares y espejitos.

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