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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

EL PROBLEMA, así visto, es sumamente grave, para ellos y para mí, como su vicario regional, y hay que analizarlo y resolverlo con serenidad y con justicia, porque no se pueden desperdiciar unas personas y unos valores, que entiendo están en línea con nuestra Iglesia Latinoamericana y que anhelan servirla fielmente, aquí, o en otra iglesia local que quiera aceptar sus servicios pastorales.

POR ESO HE VENIDO desde Honduras a analizar serenamente la problemática de la comunidad pasionista de su diócesis, y buscar con V. Excelencia las soluciones concretas, que dejen despejado el camino para tomar la opción que la comunidad crea conveniente, para ella y para la diócesis a la que quieren servir.

COSAS QUE SE DEBEN ACLARAR:

1.- Si su enseñanza, tanto en la parroquia como en el centro de promoción campesina “Los Naranjos”, tiene algo y qué, en concreto, en contra de las enseñanzas y prácticas pastorales de la Iglesia en general, o de la diócesis en particular. Concretar muy bien cuáles enseñanzas y prácticas.

2.-Se atribuye a los padres, de conformidad con el documento base, que ellos le han presentado, MUCHO ÉNFASIS TEMPORALISTA Y POLÍTICO, en su labor en el centro “Los Naranjos”. ¿En qué se demuestra la veracidad de esa acusación? ¿Qué pruebas concretas tiene el Sr. obispo para juzgar así la orientación del centro? Porque todos somos susceptibles de error, sobre todo en estos tiempos en que hay tantos intereses de encadenar el Evangelio. Más razón para reflexionar con serenidad sobre cuanto se considere erróneo o peligroso para la causa de Jesucristo. Y el Sr. obispo está puesto por la Iglesia, como árbitro y garante de esa Palabra de Jesucristo y de la auténtica fe vivida por la comunidad.

3.-ESTABLECER UNA COMPARACIÓN OBJETIVA ENTRE: PROGRAMAS, MÉTODOS, TEMARIOS, LÍNEAS PASTORALES ENSEÑADAS EN EL CENTRO, y las orientaciones del Vaticano II, de los sínodos de la Iglesia, de la conferencia de Medellín y de la Conferencia Episcopal de El Salvador, para ver si hay acuerdo y comunión efectiva o no, de nuestros padres, con la enseñanza de la Iglesia.

4.-A PREOCUPACIÓN POR SU SEGURIDAD PERSONAL, varias veces manifestada a los padres, por V. Excia., ellos, quizás un poco condicionados por el estado de ánimo y el desconcierto del que le hablaba arriba, le dan una interpretación peligrosa, no sé si muy justa; la consideran UNA COACCIÓN VELADA a su línea de pastoral, que interpretan no es compartida por su obispo.

¿Cuál es su verdadera posición al respecto? Parece que hay acusaciones en su contra y que Ud. conoce y no ha compartido ni analizado con ellos. ¿Existen, y cuáles son esas acusaciones? ¿Por qué tratándose de sus sacerdotes, no se ha averiguado con ellos la veracidad de esas acusaciones? El no haberles hablado claramente sobre este asunto, creo les está dando la idea de falta de fe y confianza de su obispo en ellos, sin las cuales se sienten muy incómodos para su trabajo en la diócesis.

5.-Otra de las cosas que más les inquietan, es saber en concreto, en qué cosas encuentra su obispo contradicciones y aun anteposición entre SU ACTITUD DE CONCIENCIA Y LA IGLESIA INSTITUCIONAL. Como se da cuenta es este un tema sumamente delicado para un sacerdote que se cree entregado a un servicio total a la causa de Cristo y de la Iglesia.

Querrían aclaraciones muy precisas al respecto

6.-No entienden tampoco el alcance que S. Excia. le da a la palabra “más participación de los párrocos en el centro Los Naranjos”. Creo que ellos han tenido abierto el centro a cuantos se han querido servir de él. Si alguien de la diócesis no lo ha hecho, habrá sido por razones o prejuicios personales, que sería interesante analizar. ¿O se pretende que los párrocos planifiquen con los padres la actividad del centro para una mayor eficacia diocesana? No creo que tengan inconveniente en hacerlo.

¿O se quiere la participación directa de algún sacerdote diocesano en la marcha de los cursos, para garantizar la ortodoxia de los mismos? Creo que si los padres, han sido aceptados en la diócesis, merecen confianza, y ofrecen, por su conducta y por su competencia, al menos la misma garantía que cualquier otro miembro de la diócesis. ¿O se pretende un control administrativo directo de los fondos que llegan para el servicio de la promoción de la pastoral diocesana? ¿Es que hay sospechas de malversación de fondos? Será muy interesante tener datos muy concretos sobre este asunto también.

LA LÍNEA DE PASTORAL COMO OPCIÓN CONCRETA DE LA COMUNIDAD PASIONISTA:

Creo que los padres de la comunidad de Jiquilisco, dejan muy claro en su documento base, una vez más, LA LÍNEA CONCRETA DE PASTORAL EN LA QUE ESTÁN COMPROMETIDOS, y en la que quieren y deben trabajar, de acuerdo con su conciencia y con el CARISMA PASIONISTA con el que quieren servir a su Iglesia.

Tengo la impresión de que saben plantear las cosas con toda nobleza, y nada dejan oculto: siempre han jugado con todas las cartas sobre la mesa:

a).-La parroquia de Jiquilisco, y su instrumento mejor, centro “Los Naranjos”, con el que cuentan sobre todo para su acción apostólica TIENEN MUY CLARAMENTE DEFINIDA LA ORIENTACIÓN APOSTÓLICA, lo que es un deber para todo pasionista, de conformidad con el Nº 59 del Documento Capitular, nuestra Constitución vigente. Y en perfecta sintonía con todas las comunidades pasionistas del vicariato, intentan realizar el carisma propio, y el servicio a la Iglesia que la congregación les pide. (La única pequeña comunidad que no tenía esta orientación en el vicariato, es la que hasta hace poco existía en San Salvador, (La Santa Cruz); la comunidad de todo el vicariato sometió a análisis esa situación y optó por cerrarla).

b).-También de conformidad con el Nº 61 de nuestras constituciones, los pasionistas del vicariato hemos logrado descubrir el sentido concreto que tiene y la exigencia que conlleva nuestro anhelo de CONFIGURARNOS CON CRISTO CRUCIFICADO, en una forma real, y como algo elemental en nuestro carisma propio, teniendo una disposición para los trabajos más difíciles del apostolado, y participando en forma clara en las “angustias y esperanzas” de los hombres de nuestro tiempo, pero en concreto participando de la suerte de los pobres y marginados, llevando el mensaje de la Cruz y de la Resurrección a su situación concreta. Somos conscientes de los riesgos que esto supone, pero esa es NUESTRA OPCIÓN y nuestro servicio concreto en Centro América.

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