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En el 41 aniversario del martirio de San Romero de América

Este miércoles se cumplen 41 años del magnicidio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, declarado Santo por el Vaticano el 14 de octubre de 2018 a iniciativa del Papa Francisco, a pesar de que el proceso dio inicio el 24 de marzo de 1990.

Monseñor Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980 en la capilla del hospitalito La Divina Providencia. Un día antes, durante la homilía, monseñor había pedido y ordenado a los soldados y policías no disparar “contra sus mismos hermanos”, contra su pueblo.

Esas palabras, de acuerdo a muchos, preocupó a la extrema derecha de El Salvador y ordenó su muerte. El responsable intelectual fue el mayor Roberto d’Aubuisson, a quien, según la Comisión de la Verdad, se le adjudica de ser creador de los escuadrones de la muerte. Uno de los responsables directos de la estructura a cargo del operativo del crimen, el capitán  Álvaro Saravia, quien tiene orden de detención, ha revelado a tres medios de comunicación, incluido Diario Co Latino, su responsabilidad y la del mismo d’Aubuisson en el caso.

Monseñor Romero fue un ferviente defensor de los derechos humanos, y denunció desde el púlpito las violaciones a los derechos humanos y la injusticia en el país. Por esta denuncia fue considerado el “voz de los sin voz”.

La tardanza de la beatificación, primero, y luego la canonización se debió a la oposición política de los gobiernos de turno, así como del mismo clero salvadoreño, además del conservadurismo en el Vaticano. Y esto que acusaban a monseñor Romero de ser “comunistas” o promulgar doctrinas políticas de oposición.

Sin embargo, al final de una investigación de sus homilías, cartas pastorales y declaraciones, entre otras, el Vaticano llegó a la conclusión de que el magnicidio fue producto del “odio a la fe”.

Desde su muerte, el pueblo salvadoreño y latinoamericano, en general, lo consideró Santo, y aunque a la iglesia no le gustaba, pronto fue convertido en El San Romero de América.

La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos ha condenado al Estado por el magnicidio y, además de reparaciones puntuales, ha ordenado que se investigue el crimen.

Sin embargo, el proceso judicial en el país no avanza, pese a que en 2017 se abrió el caso nuevamente y hay órdenes, incluso, de captura de los sospechosos, entre ellos del capitán Saravia.

Más allá de que el proceso judicial avance, lo importante es que el pueblo no debe dejar de lado a su Santo y retomar su voz y su práctica para seguir defendiendo lo que monseñor Romero defendió a través de su lucha o denuncia a favor de los derechos humanos y por la justicia social.

Es necesario que el mensaje profético de monseñor Romero no se pierda, sobre todo en estos momentos que las prioridades de muchos son los temas de entretenimiento, las fake news, la siembra de odios, aprovechando la popularidad de las redes sociales.

Revivir, entonces, la memoria. Pero, sobre todo, el pensamiento de monseñor Romero es más que necesario en estos momentos.

Y esta actividad no debe ser exclusividad de la iglesia, sino de las comunidades eclesiales de base, de la sociedad civil comprometidos con el bien común, con los derechos humanos, con la lucha contra la injusticia social como el tema del agua, el tema ambiental, la alimentación, entre otros.

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