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Elecciones y bien común…

German Rosa, here s.j.

Las elecciones recientes han dejado un raro sabor de boca. La Sala de lo Constitucional dictó la sentencia con pocas semanas antes de las elecciones para ejercer el voto cruzado; las mesas electorales no tuvieron la suficiente preparación para asimilar el conteo de votos por fracciones o haciendo la suma de quebrados y fracciones; el Tribunal Supremo Electoral subcontrató diversas empresas con sistemas informáticos que no eran compatibles, sovaldi presagio de lo difícil que iba a ser informar a la población según el cronograma establecido; además, se han multiplicado las especulaciones en torno al conteo de votos, algunos partidos han empezado a informar hasta el número de diputados que tendrán en la Asamblea Legislativa. Realmente  madurar democráticamente es un camino largo, a veces difícil, complejo y nos confronta con la necesidad ineludible de educar para la democracia a la población y a todos los ciudadanos que forman parte del proceso electoral. No cabe duda que hay una gran responsabilidad de informar con transparencia y dar una explicación objetiva y veraz al gran soberano de los procesos electorales que es el pueblo salvadoreño.

En todo este período la atención se ha centrado en el proceso electoral. Pero y después qué es lo que va a pasar. No se trata de hacer artilugios mágicos ni predicciones que pretendan ilusionar a la población. Se trata de encara la realidad cotidiana y el día a día.

Las campañas sirvieron para encantar, pero ahora se tratar de asumir los retos que nos presenta la realidad del país. Muchas promesas sirvieron para atraer votos, animar a los electores a ejercer el sufragio, muchas de estas sirvieron para soñar un país diferente. No cabe duda que los ciudadanos tuvieron que discernir su voto, para elegir a los alcaldes, diputados de la Asamblea Legislativa y del Parlamento Centroamericano. Se trata de encarar ahora el gran desafío del bien común. La dimensión política es constitutiva del ser humano y representa un aspecto relevante de la convivencia humana. La política es englobante, tiene como finalidad el bien común de la sociedad. (Puebla, N° 513).

Primum non nocere (lo primero es no hacer daño) dicen los clásicos. Esta es  norma de vida para el arte del bien vivir. El bien común de los ciudadanos es el menos común de los bienes. Cuando desaparece el bien común se estremecen los cimientos de la política, pues ésta tiene una estrecha vinculación con el tema del bien de los ciudadanos y el sumo bien de la justicia. La injusticia es la antítesis del bien de los ciudadanos en la sociedad. Ambos pilares del bien y la justicia son garantes del ejercicio veraz de la política. Y ésta se convierte en la mediación ideal para que sea posible el bien y la justicia.

¿Qué se entiende por el bien común? El concilio Vaticano II lo expresa en estos términos: “El bien común abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección” (Gaudium et spes, N° 74).

El bien común es el bien de toda la sociedad humana: es la salud de la comunidad en sentido amplio, incluye las condiciones necesarias para que las personas vivan y sean personas buenas, es paz con justicia, el bien común se realiza negando el mal común real. El bien común tiene cuatro características:

a) Es comunitario: esta dimensión supera los bienes individuales y es más que la suma de éstos. A veces se sacrifican intereses personales por el bien de la comunidad. El bien común se opone al concepto libertario para el cual el bien común equivale a la igualdad de oportunidades (no de resultados). Mucho se habló de oportunidades en la campaña electoral, pero no se habló de las grandes diferencias de resultados al tratar este tema. Gran parte del país vive en medio de pobreza y desigualdades persistentes. Esto es un hecho que niega la razón de ser del Estado y de sus políticas porque no procura el bienestar de la población (Informe del PNUD sobre Derechos Humanos en El Salvador, 2010). La Constitución de la República (1983) en su Artículo 1 reconoce a la persona humana como origen y fin de la actividad del Estado, y por lo tanto, tiene como obligación asegurar la libertad, la salud, la cultura, el bienestar económico y la justicia social de los habitantes.

Un ejemplo de estas diferencias abismales es el caso del limitado acceso a la salud de todos los ciudadanos: “Como se evidencia a lo largo de este Informe, existen amplios segmentos de la población salvadoreña que aun carecen de las dimensiones más básicas del bienestar: acceso a salud, recursos suficientes para satisfacer sus necesidades primordiales o acceso al mundo de los conocimientos” (Informe del PNUD, Derechos Humanos en El Salvado, 2010).

b) Es personalista: la comunidad se compone de personas concretas y un bien realmente común ofrece a cada miembro participar de los bien sociales, recibir beneficios de la comunidad. Debe respetar los derechos fundamentales de todo individuo. Un derecho fundamental es la educación. Y esta se convierte en el camino para la superación, la realización humana y el desarrollo. Sin embargo, en el país la educación no garantiza un aprendizaje efectivo, la calidad docente, el suministro de los recursos necesarios y los insumos para los procesos de enseñanza-aprendizaje. A esto se suma el contexto violento e inseguro de los estudiantes (PNUD, Informe sobre el Desarrollo Humano El Salvador 2013).

c) Es material y moral: supone tener las condiciones para satisfacer las necesidades humanas, así como, para la formación y desarrollo intelectual, cultural, moral y espiritual de la persona. La realidad de la pobreza se refleja en la necesidad de rebuscarse para tener la tortilla y el con qué día a día. Y la única posibilidad para tener la alimentación básica es a través del empleo, pero la realidad del subempleo y del desempleo es tal que nuestros ciudadanos tienen tantas demandas que tienen que tienen que emigrar. La tasa de desempleo abierto (menos de 7%) en el país no es muy elevada, pero el subempleo (43%) es y ha sido la forma de inserción predominante en el mercado laboral salvadoreño. Esta situación nos lleva a la conclusión que el empleo en el país es un bien raro. La Dirección General de Migración y Extranjería de El Salvador, informó que entre enero de 2009 y febrero de 2013 Estados Unidos deportó a 76,828 salvadoreños. De estos, 31,459 tenían antecedentes penales en los Estados Unidos. El incremento de los centroamericanos residentes en suelo de los Estados Unidos asciende unos 800 mil en cada una de las dos últimas décadas, lo cual nos arroja un promedio de 80 mil emigrantes por año. Sin embargo, no todos los que luchan por lograr “el sueño americano” logran llegar al país destino. A comienzos del siglo XXI, en el año 2003 fueron devueltos 82 mil guatemaltecos, 59 mil hondureños, 28 mil salvadoreños. Muchos intentan volver a tener la aventura de llegar a los Estados Unidos y existen innumerables emigrantes que mueren en el intento. Además tienen que sortear toda clase de riesgos y peligros, desde la persecución por las autoridades locales, las amenazas de la delincuencia, el hambre, la enfermedad sin la atención médica necesaria y los accidentes tal como ocurrió con el descarrilamiento del tren de carga, conocido como “La Bestia”, en Huimanguillo, en el estado de Tabasco, al sudeste de México, el 25 de agosto de 2013.

d) Es dinámico: su contenido depende del contexto histórico, de factores culturales, etc. Si deseamos el bien común debemos revertir las tendencias que impiden el pleno desarrollo humano. En la guía de países y en la clasificación del PNUD el Índice de Desarrollo Humano del año 2012, sitúa El Salvador en la posición 107. Mientras que Costa Rica está en el lugar 62 y Panamá ocupa la posición 59. ¿Qué debemos hacer para seguir mejorando nuestro Índice de Desarrollo Humano en el país? Sería interesante hacer un estudio de variables cruzadas entre el incremento del Índice de Desarrollo Humano y la seguridad y la paz en el país. No cabe duda que el bien común significa bienestar personal y comunitario. Esto es sinónimo de paz. La paz es fruto de la justicia. La paz comprende la seguridad y bienestar económico.

El bien común como perspectiva política busca una justa distribución de la riqueza tal como está expresado por Pío XI, Quadragesimo anno (Sobre la Restauración del Orden Social y su Perfeccionamiento de Conformidad con la Ley Evangélica):

“Ahora bien, no toda distribución de bienes y riqueza entre los hombres es idónea para conseguir, o en absoluto o con la perfección requerida, el fin establecido por Dios. Es necesario, por ello, que las riquezas, que se van aumentando constantemente merced al desarrollo económico-social, se distribuyan entre cada una de las personas y clases de hombres, de modo que quede a salvo esa común utilidad de todos, tan alabada por León XIII, o, con otras palabras, que se conserve inmune el bien común de toda la sociedad. Esta ley de justicia social prohíbe que una clase excluya a la otra en la participación de los beneficios” (N° 57).

Mons. Romero en su cuarta carta pastoral, en el contexto del conflicto bélico del país de los años 70’s y 80’s, nos dirá que la paz es fruto de la justicia y que la superación del desorden y de la violencia no es por el camino de la represión sino por el de la justicia y de la participación de los sectores sociales empobrecidos (N° 63).

Después de las elecciones estos son algunos de los retos de los líderes políticos que han hecho promesas y han ofrecido propuestas, muchas de ellas idealistas. La política es el arte de lo posible, los retos que todos tenemos se convierten en los grandes desafíos para este nuevo período de los alcaldes y diputados de El Salvador.

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