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El teatro es vida

EL TEATRO ES VIDA

Por: Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y editor

Suplemento Tres Mil

El teatro es vida. En este mundo de apariencias y máscaras nada puede ser más verdadero y hermoso que el teatro. Y el actor y la actriz encarnan ese instante de magia en la que se puede ser todo.

No tenía nueve años cuando vi a mi abuela emerger sobre las tablas del Teatro Nacional para encarnar a la madre de Mario Tenorio, así como para retumbar la gran sala con el estruendo de una cachetada que le dio a aquel personaje haragán que no quería trabajar. Desde ese momento quedé impactado y se abrió en mí una ligera grieta que terminó por convertirse en una cueva inmensa de deseo por conocer más teatro. Y mi abuela me compartió su generosa biblioteca donde descubrí Luz negra, Las escenas cumbres y La ira del cordero. Fueron mis primeros encuentros.

Con el pasar de los años la adolescencia me volvía más atrevido y conocí a Salvador Pineda (Mustafá Al Salvadori) quien dirigía el grupo de teatro Zumbi do Palmares del Centro de Estudios Brasileños donde me invitó a  participar como un soldado que se encarga de atrapar revolucionarios en la obra Tiradentes en el Auditorio Ignacio Ellacuría de la UCA, siendo hasta la fecha mi única participación oficial en un escenario. Pero la misma rebeldía no me dejó participar en la obra Festas Juninas y volví a los libros y los sueños.

En 1998 había regresado al país Donald Paz, a quien le pedimos apoyo para hacer un grupo de teatro junto a Rafael Mendoza, Atxil Josa y Tony Guardado. Sin embargo, el tiempo era escaso y él debía volver a Francia. Así que nos contactó con el maestro Godofredo Carranza quien se convirtió en nuestro director y promotor, con el que pasábamos las horas ensayando, leyendo, conversando. En esos días intentamos escribir entremeses de teatro, pero el asunto terminó por difuminarse.

Este 28 de marzo se celebra el día internacional del Teatro y recuerdo las pláticas desarrolladas con René Lovo en la Galera teatro y café, acerca de la magia que existe en el escenario y cómo el problema se convierte en el centro de la obra para compararlo con la vida, vida que es evidente cuando un cuerpo parece encarnado en otro espíritu.

El domingo 14 de marzo comprobé esa maravilla. Gracias a la puesta en escena de Juan Ramón Galeas de la obra Sor Juana. Pasiones y Mordazas del grupo Máscaras, con la actuación de la fabulosa Angeline Castro, quien no sólo logra trasladarnos a Sor Juana, sino que también con Katherinne Rivera Mundo (la poeta y actriz que la encarnó). En cada escena las veía a ambas. Realmente es un gran trabajo el de Angeline como actriz, quien promete mucho. Así como para Juan Ramón de quién sabemos su maestría.

Ahora solo falta celebrar apreciando el teatro, o mejor aun viviendo teatro. Porque el teatro se vive y para que exista todo debe formar parte: los espectadores, los actores, la obra y todo lo que se mueve alrededor de las tablas. Definitivamente, el teatro es vida.

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