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El horror y lo absurdo de la locura de la violencia…

German Rosa, s.j.

La humanidad vive uno de los períodos más violentos de la historia. El siglo XX ha sido un siglo de muertes violentas con las guerras mundiales, las dictaduras, las revoluciones políticas, la violencia silenciosa de las relaciones políticas, económicas, jurídicas y culturales, que han causado tanta desigualdad e injusticia. La pobreza, el hambre, la tortura, la prisión, la infamia, los insultos, etc., son distintas formas de la violencia. Dios nos libre y nos proteja de la espiral de la violencia que se percibe ya en los primeros veinte años del siglo XXI. Pareciera como si la humanidad tuviera una absurda pesadilla en la que está encarcelada y está siendo torturada por la violencia.

La violencia es una de las realidades horrorosas de nuestro tiempo. Obviamente es imposible tratar las multiformes expresiones de la violencia en un breve artículo, pero retomaremos algunos aspectos que nos parecen importantes.

Durante estos primeros años del presente siglo, la violencia es la noticia más frecuente en los periódicos, la televisión, la radio, y también el cine y las redes sociales no escapan a este tema.

La Organización Mundial de la Salud calcula que cerca de 310,000 personas murieron por heridas relacionadas con la guerra en el año 2000, las tasas más altas de defunciones relacionadas con la guerra se encontraron en la Región de África (32,0 por 100,000), seguida por los países de ingreso bajo y mediano de la Región del Mediterráneo Oriental (8,2 por 100,000) y de la Región de Europa (7,6 por 100,000), respectivamente. Las defunciones relacionadas con conflictos en los veinticinco casos más importantes correspondieron a unos 39 millones de soldados y 33 millones de civiles. La hambruna relacionada con conflictos o el genocidio en el siglo XX acabó con otros 40 millones de personas (Cfr. http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/725/9275315884.pdf?sequence=1&isAllowed=y).

En el año 2019, la tasa de homicidios promedio más elevada se sitúa en el continente americano (17.2). La tasa de África (13.0) también ha estado por encima de la media mundial (6.1), mientras que las tasas de Asia, Europa y Oceanía estaban por debajo de la media mundial, 2.3, 3.0 y 2.8, respectivamente (Cfr. https://www.unodc.org/unodc/es/frontpage/2019/July/el-homicidio-causa-muchas-ms-muertes-que-los-conflictos-armados–segn-nuevo-estudio-de-la-unodc.html).

Pero actualmente mueren muchas más personas víctimas de homicidios que las que mueren víctimas de los conflictos bélicos, según los datos hechos públicos por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Según los datos de Global Study on Homicide 2019, murieron en el mundo en el año 2017 un total de 464.000 personas víctimas de homicidio, frente a 89.000 que murieron en conflictos armados. La proporción es de cinco veces más homicidios (Cfr. https://es.aleteia.org/2019/09/16/en-el-mundo-hay-muchos-mas-homicidios-que-muertos-en-guerras/). No obstante esta realidad, esta tendencia puede cambiar si se extienden los conflictos bélicos en distintas latitudes de nuestro mundo convulsionado por la violencia.

Recordemos que este primer período del siglo XXI está caracterizado por las guerras en Afganistán desde el 2001, la guerra de Irak a partir del 2003, el surgimiento de grupos armados como “Dáesh” y “Boko Haram”, la creciente confrontación entre Arabia Saudita e Irán, la guerra prolongada en Siria en donde hay una lucha contra el Estado Islámico y el yihadismo, también existen conflictos armados en Sudán del Sur, Yemen, etc. En los últimos días se ha incrementado la tensión y la confrontación de Estados Unidos e Irán, después de la decisión del presidente Donald Trump, de autorizar un ataque con aviones no tripulados que acabó con la vida de Qasem Soleimani, el comandante militar más poderoso de Irán. Pero también la guerra en este siglo se ha extendido al plano económico y financiero como ha ocurrido entre los Estados Unidos y China con la guerra comercial. Además, la guerra se ha llevado al plano cibernético e informático, y ahora se habla de conquistar las fronteras espaciales para salvaguardar la seguridad de los países que se sienten amenazados en el planeta tierra.

La carrera irrefrenable de la industria militar atiza el fuego de la violencia bélica. Los principales países exportadores de armas que controlan tres cuartos del mercado de las ventas de armas en el mundo, según el último informe quinquenal del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, son: Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y China. Todos estos países tienen intereses estratégicos geopolíticos y económicos financieros en el Medio Oriente (https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-47490873).

Los principales países compradores de armas son: Arabia Saudí, India, Egipto, Corea del Sur, Pakistán y otros más (https://www.amnesty.org/es/latest/news/2019/08/killer-facts-2019-the-scale-of-the-global-arms-trade/).

En este escenario complejo los grupos terroristas han ido expandiendo sus operaciones militares en el Medio Oriente, en países de África y Asia en el presente siglo. La guerra se ha convertido en una absurda pesadilla de la que no pueden despertar tantos pueblos que la sufren directamente.

Y con mucha facilidad se habla del poderío disuasivo de las armas, como si adquiriendo la tecnología más avanzada se garantizara la paz, olvidando que la paz y las armas son tan contradictorias como querer apagar el fuego echándole aceite o gasolina. Realmente que esto es absurdo.

La locura de la violencia también es una “distracción” que no se puede aplaudir ni se puede disimular, porque esta tiene un impacto directo en los sectores más vulnerables, los grupos que no tienen el poder político ni económico, los empobrecidos. La violencia crea víctimas y victimarios. Cuando los medios de comunicación y las redes sociales se centran en las “notas rojas” o los hechos de violencia, no existen otros problemas fundamentales como las crisis migratorias, el cambio climático y sus consecuencias, las crisis políticas en Honduras, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, Chile, etc. Porque el color rojo de la violencia es tan fuerte que no se ven otros colores de la compleja realidad global.

La paz sigue siendo un anhelo de todos los pueblos en un mundo cada vez más inestable y amenazado por la violencia. Los pueblos claman al cielo por la paz y la seguridad, y además rechazan la horrorosa y absurda violencia que tanto daño nos hace.

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