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EL COSTOSO ENGAÑO DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL.

 

 

EL PORTAL DE LA ACADEMIA SALVADOREÑA DE LA LENGUA

 

 

 

Por Eduardo Badía Serra,

Miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

 

TERCERA PARTE: EL HOMBRE POSTHUMANO Y EL HOMBRE TRANSHUMANO.

 

Una ciencia sin ética no es ciencia:

Mira al futuro, pero no al progreso.

Leonardo Caffo.

 

UNA NOTA INICIAL:

En estos momentos se desarrolla, en alguna parte de la Tierra, otra de las famosas y costosas “Cumbres” sobre el Cambio Climático. Muchos golpes de pecho, muchas promesas, grandes y pomposos discursos, sobre todo de los países que precisamente más afectan el ambiente natural; pero al final, la historia sigue sin cambio alguno. Cumbres, estas, que no han servido ni servirán para nada, y que lo único que muestran es la hipocresía y el cinismo de quienes con sus discursos pretenden evadir su gran responsabilidad en cuanto al asunto de la contaminación y depredación del ambiente natural. ¡Frágil humanidad!, como ya he dicho citando a Leonardo Caffo.

 

Vamos, pues, al asunto:

 

Si por la ética se trata de control, y por la metafísica de centralidad, en el tercer eje del antropocentrismo se trata de verticalidad: ¿Cómo y porqué el hombre debe dominar el universo? Veamos cómo lo argumenta Caffo:

 

El ingreso en el círculo al cual el hombre arriba solitario desde lo alto hacia lo bajo, de acuerdo con el creacionismo, se invierte cuando Darwin propone una evolución que procede a la inversa: De lo bajo hacia lo alto, y en compañía de todas las otras especies vivientes, el hombre toma posesión de su breve existencia en un planeta que le da hospitalidad pero que no le pertenece. Su sustancia, pues, que da forma a la vida, es la misma sustancia de los otros seres vivientes, y le redimensiona catapultándolo definitivamente fuera del antropocentrismo. El hombre, después de haber perdido la superioridad moral y haberse situado en la periferia del universo, ahora se descubre producto del caos, y debe entonces regular su misma existencia.

 

En fin, que este antropocentrismo, que ha llevado al hombre a situarse en el centro del dominio moral y en el centro del universo, y que se creía producto de un acto originado desde lo alto hacia lo bajo, ha provocado, en una palabra, que crea que pueda dominar la naturaleza, modificando su curso a su antojo y cuando así lo estime necesario. Esto es lo que sucede con el cambio climático: El hombre se cree su causa y se cree el único que puede modificar y controlar sus efectos.

 

Pero se está ahora en un momento en que el antropocentrismo no es ya una condición irreversible. Para abandonar tal concepto tan dañino para el hombre mismo, y que ha sido producto de la atmósfera cognitiva que han provocado los filósofos y los científicos a lo largo de la historia, deben darse, de acuerdo con Caffo, tres transformaciones. Ya hemos hablado de las dos primeras, que combaten los ejes ético y metafísico que sostienen el antropocentrismo. La tercera transformación, que va contra el tercer eje, el científico, consigna un hombre no creado, y que, ni creador ni dominador, es un cuerpo neutro en la búsqueda de una nueva arista que le permita hacer brillar su propia potencia expresiva. De lo bajo hacia lo alto, los humanos son responsables por definición: el orden que emerge de lo bajo, ese que hace de la anarquía un correlato político del evolucionismo en cuanto “orden social basado sobre la libre asociación de los individuos”, es el único orden posible, porque no es impuesto sino buscado.

 

Así la posición de Caffo en cuanto al antropocentrismo y la forma de superarlo: Una sociedad posthumana, que emerge, después de haber deconstruido los tres ejes sobre los que se basa el antropocentrismo, como una humanidad no más cerrada en sí misma sino abierta; una humanidad en continuidad ontológica con los animales y la naturaleza, que no se sitúa en una posición especial en el mundo, que tiende a hibridarse y modificarse con sus mismos productos tecnológicos, modificando radicalmente sus predicados y parcialmente su esencia. El posthumano como obra abierta se contrapone, por principio y parámetro, al humano como obra cerrada del humanismo. Esta, afirma Caffo, es la más grande mutación que nuestra especie está por sufrir. El posthumano contemporáneo es la anticipación de un estado de cosas futuro, pero del cual se comienzan a ver ya las causas en el “aquí y ahora”. El posthumano no es el transhumano que permanece humano pero que se transciende a sí mismo realizando nuevas potencialidades humanas a partir de su misma naturaleza humana. Posthumano y transhumano son cosas diferentes. El transhumano es un movimiento filosófico que promueve una acción sobre el concepto de humanidad mediante la consciencia de que los nuevos descubrimientos científicos y tecnológicos aumentan su capacidad física y cognitiva mejorando ciertos aspectos de su condición humana que, justamente, consideramos indeseables, (enfermedades, envejecimiento, etc.). No quiere decirse que el hombre posthumano no vea en el uso de la tecnología un recurso necesario y útil para modificar su esencia. El problema está en el modo, no en el contenido.

 

El transhumano, con el uso tecnológico, (cirugía plástica, ingeniería genética, etc.), contribuye a provocar una superación del “yo” que, en vez de combatir el antropocentrismo, se constituye en una exaltación del “super yo”.

 

En mi opinión, esta propuesta de Leonardo Caffo en cuanto a combatir el antropocentrismo para hacer del hombre un ser en progresivo enriquecimiento de su propia esencia reconociendo su posición ética, metafísica y científica en un mundo sin privilegios de ningún tipo y en plena armonía con el resto de seres con los cuales comparte una Tierra y un Universo que no le pertenecen sino de los cuales es simple parte y contenido, es correcta. Si pensáramos así, abandonando ese antropocentrismo radical que todavía reina en nuestro espíritu cognitivo, este asunto del cambio climático sería enfocado de una forma diferente, mucho más adecuada y mucho más efectiva, reconociendo que ni somos nosotros los que lo provocamos, ni somos nosotros los que podemos corregirlo. Pensar que el hombre puede cambiar el curso mismo de la naturaleza, es un contrasentido, una falacia, que nos distrae de nuestros verdaderos problemas, y que hace que gastemos inútilmente recursos que nos son escasos y que podríamos aprovechar de mejor manera.

 

Una sola cosa: En cuanto al tercer eje, difiero de la posición de Caffo en cuanto a que el creacionismo sea el problema. El creacionismo no tiene esa verticalidad que se le suele dar, y ya en estos momentos, no es contrario al evolucionismo. Las visiones científicas, filosóficas y teológicas dicen otra cosa. El mismo Pierre Passolini, que Caffo cita, lo explica muy bien. El enigma de los primeros momentos del universo y de la vida, sigue sin resolver. La ciencia casi no se atreve a tocarlo. Las singularidades, de las cuales el primer instante del universo es una de las más fuertes, siguen vigentes, al margen de los adelantos de la física. Esto lo comprueba el hecho de que no se hayan podido resolver lo que Planck plantea con sus famosas “Unidades Naturales”: ¿Qué sucedió antes de que la masa del universo fuera de 5.56 x 10-5 gramos, el espacio del universo fuera de 4.13 x 10-33 cm, el tiempo del universo fuera de 1.38 x 10-43 segundos, y la temperatura del universo fuera de 3.5 x 1032 K?

 

Estamos, pues, en grado de considerar unitaria nuestra suerte con aquella de los otros vivientes: Somos células de un único cuerpo espinoziano, y, citando a Sartre, “también nosotros, para existir, necesitamos reunirnos”. Es nuestra muerte la única que garantiza la inmortalidad futura. ¡Frágil humanidad!

 

    Continuará

 

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