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El concepto de (-)Kujkul (Gespenst)  I

Las palabras, el dinero y las cosas

Rafael Lara-Martínez

Professor Emeritus, New Mexico Tech

[email protected] /

https://nmt.academia.edu/RafaelLara

Desde Comala siempre…

 

Al regresar, el Espectro (Gespenst, -Kujkul) testimonia de un pasado vivo y de un futuro viviente.  JD

Un Espectro (Gespenst, -Kujkul) recorre el Mundo, el Espectro de confundir las palabras y las cosa, las palabras y los hechos…  KM

Resumen / Abstract

  1. Objetivo
  2. Preludio
  3. I.  Dinero y Fantasma
  4. I.  I.  Descenso a los infiernos
  5. I.  II.  Los infiernos urbanos
  6. I.  III.  Banda espectral
  7. El –Kujkul en Campbell

III.  El Kujkul en el Titajtaketzakan

  1. Coda
  2. Cinco relatos selectos del Titajtaketzakan
  3. Entradas léxicas de Kujkul

Resumen: “El concepto de (-)Kujkul” estudia la aparición repentina de una figura fantasmagórica, según la lengua náhuat-pipil de El Salvador.  Ausente en los relatos clásicos recolectados por el antropólogo Leonhard Schultze-Jena (1930-1935), la silueta del Espectro (Gespenst en K. Marx) adquiere un estatuto escrito hacia el despegue de la guerra civil (1975).  Durante esa fecha clave, no sólo el poeta Roque Dalton recibe sentencia mortal de sus propios camaradas guerrilleros.  También el lingüista Lyle Campbell compila la segunda obra magna en gramática, diccionario y cuentos.  En ese instante, quizás el Espanto nombre la Visión que el país le depara a ambos legados culturales, urbano y rural (véase: “Complemento: Azar poético del encuentro”).  —Kujkul señala el acecho sombrío del desdén hacia la dispersión de una nación en plural: poesía letrada bajo represión y lenguas indígenas en el desdén.  No en vano, la imagen mestiza del amor errático —la Siguanaba— se vuelca hacia la Muerte, mientras un conflicto generacional desplaza el otro Fantasma senil hacia el mismo sino fatal.  Por un vínculo directo entre el protagonista del relato y su Sombra (-Yekajyu; -Kuyuwa), -Kujkul siempre lleva la marca de posesión como sección corporal inalienable.  Sólo la narrativa reciente lo despoja de su inherencia al distanciarlo del personaje.  Sea ladrón de Energía Anímica (Tunal), proveedor de dinero y tesoros, abuelo ratero o destructor de cosechas, el protagonista distingue el Kujkul por su acción malévola.  Ajeno o parte constitutiva de sí, extirpar su Presencia asevera la consecución del Ideal futuro, Fantasma (Gespenst) también.  Desde K. Marx a 1975 —al anhelo renovador actual— la pro-yección subtiende la actividad del sujeto hablante hacia ambos lados de la banda espectral del tiempo: el pasado difunto y el porvenir ausente.  Kujkul siempre nombra la ausencia, mutilada ante la Utopía, así como ante la restitución de la historia.  El Espectro acecha a quienes creen que la sociedad futura la predeterminan la lógica y la ciencia, así como hablan del pasado sin referir la Muerte.

 

 

  1. Objetivo

 

La primera sección (I.) explica el concepto derridiano de Espectro en su vínculo intrínseco con la lengua.  La representación en palabras sustituye lo Real, incluso en los textos científicos.  En su episteme —manera de concebir el mundo— la lengua sirve de intermediaria fantasmal entre la sociedad humana y lo real.  En seguida (I.I.), el ensayo desglosa un relato náhuat de El Salvador en el cual el Espectro colma el deseo financiero del protagonista.  Si una lectura literal (I.I.I.) lo relaciona a un tema narrativo clásico —el descenso a los infiernos— otra metafórica (I.I.II) revela su verdadero contenido.  El protagonista viaja a los infiernos urbanos para colmar las necesidades financieras elementales de su familia.  Al dinero, el relato añade el trabajo asalariado —sin beneficio— como degradación animal y la rapiña culinaria que sufre el subalterno.  La siguiente sección (I.I.II.) sirve de interludio sintético a las dos siguientes que amplían la figura del Espectro en el trabajo clásico de Lyle Campbell (II.) y en el Titajtajetzakan (III.).  Si en Lyle Campbell el Espectro anota la neta discrepancia entre la tradición mestiza e indígena, el conflicto generacional y la depredación, la siguiente (III.) insiste en varios rubros semejantes.  El Espectro extiende su banda fantasmagórica de protagonistas hacia el ladrón de Tunal o energía anímica necesaria para la subsistencia, tal cual la ejemplifican los chamanes (lujluj).  Por su triple sentido  —sol/tiempo, día, alma/energía— Tunal denota la luz y la energía viva que mueve todo organismo.  La simple ingestión de alimentos califica como acto de brujería al identificar la absorción de una energía ajena, necesaria para sobrevivir.  Asimismo, esta sección (III.) reitera el conflicto generacional que la noción de Fantasma proyecta hacia el anciano, es decir, hacia la historia como herencia y hecho vivido, antes de volverse suceso objetivo.  La última sección del artículo desglosa los múltiples sentidos del término –Kujkul que lo vinculan a los ancestros como arraigo del legado histórico y lingüístico, no sin un neto conflicto generacional.  No habría una sola historia —diurna y lógica— sin su contraparte nocturna y sombría que anuncia el retorno del Espectro.  Sus transfomación también debe recordarse: “los sueños de la razón” y su reverso ignorado, “las razones del sueño”.  Las dos secciones terminales (V. y VI.) reproducen relatos selectos y entradas léxicas que, documentalmente, apoyan la interpretación precedente.

Si el ensayo no cita una amplia bibliografía, esta falta deriva del desinterés que el siglo XX le depara a las lenguas indígenas, sea en la historia, en la literatura o en los estudios culturales.  Como lo demuestra Carlos Gregorio López Bernal en su reseña sobre las revueltas indígenas, el beneficio político por vindicar al indígena desdeña su aporte lingüístico y filosófico (“Historiografía y movimientos sociales en El Salvador (1811-1932)”, Revista de Historia, 2013).  Hay un zoon politikon (animal político) sin un zoon logos ejon (animal dotado de lenguaje).  Como presunto antecesor del proceso revolucionario salvadoreño, lo indígena se asimila a la episteme castellana —euro-céntrica— de quienes defienden su legado.  Además, jamás se comenta que el sentido original del concepto de revolución no alude al cambio político progresivo.  En cambio, nombra el tiempo cíclico de los astros en su revolución sinódica que —como el Sol y la Luna— rigen la (re)producción natural y humana.  En términos lingüísticos, existe un representante que opaca la presencia del representado, de igual manera que la palabra oculta la cosa.  Ante esta laguna, modestamente, el presente ensayo restituye un solo concepto filosófico en su complejidad inexplorada.

  1. Preludio

A quince años del libro clásico Espectros de Marx (1993) de Jacques Derrida, resulta adecuado recordar la manera en que explica el concepto de Espectro (Gespenst, -Kujkul).  Su sentido adquiere un sesgo singular gracias a una larga cita de La ideología alemana (1846), cuya traducción abreviada, bastante libre, se glosa a continuación.  En la lengua, el ser animal dotado de lenguaje (zoon logos ejon) “metamorfosea el universo empírico el cual luego lo encara como extraño”.  “Las representaciones interiores de la consciencia —dislocadas de lo objetivo y vueltas consciencia de sí— constituyen una obsesión” cultural.

 

A propósito, la cita precedente reemplaza “religión” por “lengua”, ya que “el privilegio supremo” de nombrar le corresponde al idioma (Logos).  Por esta simple sustitución, el giro interpretativo subraya el relevo que realiza la palabra al mostrar un objeto en su abstracción.  La figura del Fantasma se la otorga su propio seudónimo, esto es, el concepto reemplaza las cosas que representa.  “La palabra perro no muerde”, según el dicho popular que transcribe la laguna entre el idioma y el mundo.  En coincidencia singular, si el zahir borgeano visualizaría el modelo de la lengua, el aleph del mismo autor argentino percibe la historia.  En ambas ficciones, un símbolo único entrega la totalidad del mundo.  Una sola palabra —“mango”— prodiga el conjunto infinito de objetos que designa, los ausentes y los presentes.

La falacia de la lengua es tan simple como decir “me gustan los mangos”, esto es, aprecio los frutos que no existen ni probé —también los podridos— y los que existirán al lado de mi tumba.  Toda palabra —democracia en el siglo XIX sin participación femenina ni de minorías raciales— es un aleph que se abre de la experiencia presente hacia el pasado difunto y al futuro inexistente.  Tal es el Espectro vivo que funda juicios de valor —incluidos los científicos— en la Muerte y en la ilusión futura.  El Fantasma proyecta palabras y fórmulas hacia ambos lados del espectro temporal, hacia el pasado y hacia el futuro.

El sujeto no sólo indaga el recuerdo personal —inscrito en su interior— también establece correspondencias entre la lengua recibida por tradición y el mundo circundante.  Las palabras se vuelcan en cosas.  En la vida diaria, en los proyectos por venir, el idioma traza la vía hacia la consecución de las tareas prácticas y el logro de los ideales.

De tal abstracción, Derrida concluye lo siguiente.  “La crítica del fantasma o de los espíritus sería entonces la crítica de una representación subjetiva y de una abstracción”.  La lengua ofrece el modelo del Mundo.  Lo sustituye y recrea hasta elaborar un esquema tan similar que casi nadie lo distingue de lo Real.  A esta confusión entre el calco y el original se aboca la crítica del Fantasma.  Podría resumirla un solo término —re-pre-sentación— siempre y cuando se descomponga en sus tres elementos constitutivos, analizados en reversa: sentar-pre-re.  De nuevo, otra ficción borgeana —la cartografía de lo Real— exhibe el prototipo de este reemplazo.

La raíz “sentar (ser, estar, existir)” establece la objetividad pura de un evento o de una entidad, estable y fija en sí misma.  Su pre-sencia implica ya la visión de un sujeto que lo observa al aparecer el objeto al frente.  La primacía de la visión —-ix-pan— la destaca el náhuat.  El ojo (-ix) sustituye la frente —“enfrente de; al ojo de”— al hablar de una entidad colocada ante el sujeto.  En tercer lugar, la palabra describe lo observado, sea de manera analítica y científica (-mati), o a manera de crónica literaria, de lo conocido (-ix-mati), a veces disfrazado de ficción (se recuereda que la «x» equivale a la «sh» del inglés).

El siguiente recuadro desglosa a enseñanza del Espectro lingüístico que recubre lo Real, según la consigna inglesa “nothing is socially Real if I do not Realize it in words”, donde “realize” implica hacer lo Real al darse-cuenta.  Al «dar-cuenta (“realize”)» de los hechos. su Realidad se vuelve socialmente visible.

Re-pre-sentar = lo Real vuelve (re) a ser/estar/existir (sentar) ante (pre) el Sujeto social que lo nombra = por la palabra lo Real existe en la comunidad política del Hablante.

Por precepto clásico de Parménides (P. de Azcárate (Ed.), 1874), lo inexistente no puede ser nombrado (onomazein).  Si un ente se designa, adquiere un valor social para quienes le atribuyen un nombre.  Los “nombres-sin-logos” remiten a la comunidad hablante que sirve de “maestra de la referencia”, según la tríada “nominador-nombre-cosa” (Raimundo Fernández Mouján, “Parménides”, Revista Archai, 2019).  La crítica del nombre como conocimiento directo de la cosa implica admitir el papel central del hablante —Yo social e individual— en la construcción del Fantasma, del nombre de la cosa sin cosa.

A este desglose tripartito se le llamaría existencia, esto es, la entidad social de lo natural en la palabra.  El sujeto hablante —zoon logos ejon— asienta su ser político —zoon politikon— por medio de esa representación.  Así se conforma un cuadrivio que desglosa la secuencia del hecho-en-sí hacia el hecho-para-sí: sentar 🡪 pre 🡪 re 🡪 ex-sistir.  La ex-sistencia en sociedad presupone la re-pre-sentación de lo Real.  Esta serie no sólo transforma lo natural en cultura.  A la vez, constituye al sujeto mismo que interpreta el mundo en su calidad de ser social.  Hay que colocarse fuera (ex-) de sí con los Otros, esto es, co-municar experiencias y hechos gracias a las palabras.  La  crítica derridiana del Fantasma analiza esa ingenuidad del nombre como medio y depositario del conocimiento.  El Espectro es el idioma —incluso la fórmula matemática— que olvida mencionar al Nominador/Hablante (Yo).   La lengua es el verdadero eslabón entre ambos extremos, lo Real y lo Cultural.

En síntesis, en verdadera antropología de campo, un breve instante de vida me enseña que la ciencia no sólo se percibe en su función redentora.  También en ese cuarto de siglo, verifico que ingenieros y científicos no conciben los postulados de sus disciplinas como simples reflejos mentales de lo Real.  En cambio, los axiomas científicos los imaginan como esencia directa del Ser: palabra hecha cosa.  Al igual que la mitología en su Fantasma, la educación STEM (Science-Technology-Engineering-Mathematics) tiende a pensarse en calco de lo Real.  La STEM ofrece la identidad transparente de un Mundo atrapado en el error.  La crítica del Fantasma es la crítica de una representación lingüística (zoon logos ejon), necesaria para existir en sociedad (zoon politikon).  Por ello, no extraña que el primer Espectro se llama “Poderoso Caballero, Don Dinero”.

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