Zoraya Urbina*
Manos de tierra, raíz y sal
Manos que tocan dejando el alma
Manos de sangre, de viento y mar
Manos que tiemblan, manos que sudan
La cantautora colombiana Marta Gómez nos regala estos versos en su canción «Manos de mujeres» para dar entrada a esta columna, en la que abordamos cómo las manos nos van llevando por caminos que conducen directo a nuestro ser interno. Y es que cuando las usamos para crear algo que nos apasiona, el tiempo se transforma y fluye de una manera distinta.
Cuando nos dedicamos a trabajar con las manos, ya sea sembrando, tejiendo, escribiendo, dibujando, pintando o cocinando, logramos habitar un espacio dentro de nosotras mismas en el que encontramos paz y quietud profunda.
De acuerdo con la neurociencia, nuestras manos funcionan como disparadores para entrar en un estado de calma y de rendimiento sin esfuerzo. Esto ocurre porque actúan como el puente más directo entre nuestra mente y el mundo tangible.
Al concentrarnos en el tacto y en el movimiento, el cerebro apaga el ruido de las preocupaciones cotidianas y activa la corteza somatosensorial, una verdadera supercarretera neuronal que silencia el sobre pensamiento: ese bucle mental que nos hace preocuparnos por todo y por nada a la vez.
Cuando trabajamos con las manos realizamos, en cierto modo, una meditación activa en la que el tiempo se dilata y el cuerpo simplemente sabe qué hacer. La zona del cerebro que se encarga del juicio, del estrés y de la planificación constante reduce su actividad. Al tejer, pintar, moldear, bordar o sembrar, el control pasa a nuestra memoria corporal y al instinto, permitiendo que la mente descanse en un presente perfecto mientras las manos canalizan nuestras emociones más puras.
Según la filosofía y las prácticas de bienestar, el presente es el único momento real que poseemos. El pasado ya fue y el futuro aún no es; el presente es lo único que es. Habitar el momento presente nos permite encontrar perspectiva y tranquilidad, reconociendo que en el “eterno ahora” es donde verdaderamente amamos, reímos, lloramos y vivimos.
Si realizar actividades manuales nos permite conectar con momentos de solaz, valdría la pena reservar espacios en la rutina para cultivarlas. En un mundo hiperconectado donde el scroll infinito es el pan de cada día, regalarle a nuestra mente un tiempo de quietud, a nuestro espíritu paz y a nuestro cuerpo un descanso activo no es un lujo: es un acto de amor y de justicia que nos merecemos.
*Puedes encontrar material de la autora sobre mujeres, resiliencia y bienestar en: https://www.youtube.com/@ZorayaUrbina
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