Rafael Moreira
Colaborador
En un esfuerzo crucial por situar la crisis ecológica en el centro de la agenda pública, el Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA) – Amigos de la Tierra impulsó una jornada de encuentro con aspirantes y representantes de las distintas fuerzas políticas del país.
La actividad tuvo como objetivo principal generar conciencia sobre la acelerada catástrofe ambiental que atraviesa El Salvador y el planeta, una problemática profundizada por las políticas permisibles al servicio del desarrollo desmedido del capital.
La jornada tuvo la participación de delegaciones de institutos políticos como el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), VAMOS, Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) y la Fraternidad Patriótica Salvadoreña (FPS), entre otros actores de la sociedad civil e integrantes de delegaciones gubernamentales.
No obstante, la postura predominante de la mayoría de las representaciones asistentes fue la escucha pasiva frente a los contundentes datos técnicos y socioambientales expuestos por los especialistas de la organización ecologista.
Diagnóstico climático global y la paradoja hídrica en El Salvador
La presentación magistral inició en voz del doctor Ricardo Navarro, presidente del CESTA, quien detalló la gravedad del incremento sistemático de la temperatura global, rebasando el umbral crítico de 1.5 grados Celsius.
Navarro analizó detalladamente las tendencias del comportamiento de la precipitación anual registrada en el periodo comprendido entre 1900 y 2000, contextualizando que el promedio de lluvia anual a nivel planetario ronda los 950 milímetros.
Al aterrizar las cifras al ámbito local, citó estudios desarrollados desde 1981 hasta 2010 en El Salvador, los cuales revelan que los niveles de precipitación acumulada se han mantenido en rangos similares.
Sin embargo, el presidente del CESTA enfatizó que la población salvadoreña se encuentra atrapada en una paradoja estructural: el país recibe volúmenes considerables de agua, “pero solo la ven pasar” debido a la profunda falta de políticas públicas de captación, almacenamiento y aprovechamiento sostenible en los niveles nacional, municipal y familiar.
La falta de infraestructura verde e incentivos para la cosecha de agua de lluvia agrava año con año la vulnerabilidad de las comunidades.
Bombas de tiempo climáticas
En su exposición, Navarro abordó con rigor la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera terrestre y dirigió la atención hacia una amenaza emergente poco debatida en la agenda política regional: la liberación masiva de metano en la Plataforma del Ártico en Siberia Oriental (ESAS, por sus siglas en inglés).
Según las investigaciones expuestas, las emisiones en dicha región pasaron de medio millón de toneladas en el año 2006 a 7 millones de toneladas en 2013.
El CESTA advirtió que la plataforma ESAS alberga aproximadamente 1,400 gigatoneladas (GT) de hidratos de metano aprisionados; el desprendimiento eventual de apenas 50 GT en cualquier momento causaría un pico devastador, capaz de elevar hasta 12 veces la concentración actual de metano en la atmósfera global y acelerar drásticamente el efecto invernadero.
El balance de sobreexplotación ecológica presentado ante los partidos políticos mostró un quiebre histórico a partir del siglo XX. Hasta 1970, la humanidad consumía en el lapso de un año la cantidad exacta de recursos naturales que la Madre Tierra lograba regenerar en ese mismo periodo. A partir de esa década, la huella ecológica superó la capacidad bioclimática del planeta.
Para graficar la velocidad del agotamiento, Navarro puntualizó que, en el año 2021, al llegar al 28 de julio, la humanidad ya había consumido la totalidad de los bienes naturales que la Tierra podía producir para todo ese año.
Esta presión extractiva ha tenido consecuencias catastróficas para la vida silvestre. Entre 1970 y 2018, la abundancia global de poblaciones de mamíferos, reptiles, aves, anfibios y peces experimentó un colapso del 69 %. La cifra adquiere dimensiones dramáticas en el contexto latinoamericano, donde la reducción de la biodiversidad alcanzó un asombroso 94 % en el mismo periodo evaluado.
Los seres humanos, aun representando únicamente el 0.01 % de la biomasa total del planeta, han colonizado masivamente los espacios vitales de otras especies, empujando al ecosistema hacia la denominada Sexta Extinción Masiva.
El vocero del CESTA remarcó que el factor más alarmante no reside únicamente en la magnitud de la degradación, sino en la velocidad inusitada a la que se produce, superando por mucho cualquier tasa de extinción registrada en la historia previa de la Tierra.
La crisis del agua potable
Por su parte, Walter Gómez, investigador y especialista del CESTA, centró su intervención en la problemática hídrica nacional. Gómez sostuvo de forma categórica que el estrés hídrico y la escasez de agua potable en El Salvador trascienden lo meramente técnico, constituyendo un problema profundamente ético, social y ambiental.
De acuerdo con el especialista, la escasez responde a decisiones políticas deliberadas que perpetúan una gestión y distribución injusta de los bienes hídricos. La inequidad en el acceso al agua se evidencia en la prioridad otorgada a sectores comerciales, urbanizaciones de alto impacto y megaproyectos en detrimento de las comunidades rurales y vulnerables.
Durante la jornada, los expositores profundizaron además en las afectaciones inmediatas que traerá consigo el fenómeno meteorológico del ‘Súper Niño’ para El Salvador. La alteración de los patrones de lluvia, la prolongación de sequías meteorológicas en el corredor seco y las severas repercusiones en la agricultura familiar amenazan de forma directa la seguridad y soberanía alimentaria de la nación.
La plaga del plástico y el compromiso por un pacto político-ciudadano
Dentro de la lista de exigencias prioritarias, el CESTA reiteró que la lucha contra la contaminación por plásticos de un solo uso debe convertirse de forma urgente en una política de Estado. La organización presentó investigaciones que sitúan a El Salvador como el tercer país con mayor volumen de importación de productos plásticos provenientes de los Estados Unidos de América.
A pesar de este sombrío panorama, Gómez y Navarro destacaron esfuerzos locales esperanzadores, citando como ejemplo los municipios de Perquín (Morazán) y Suchitoto (Cuscatlán), cuyas administraciones locales y comunidades han iniciado e implementado ordenanzas y políticas públicas pioneras para frenar el uso y comercialización de estos materiales sintéticos.
Al cierre de las exposiciones y debates técnicos, el evento concluyó con un acuerdo formal entre los asistentes: la pronta conformación e impulso de una Mesa de Pacto Ciudadana y Política.
A través de este espacio, los partidos políticos se comprometieron a designar delegados oficiales para revisar exhaustivamente la documentación técnica presentada por el CESTA y avanzar hacia la firma de un Acuerdo Interpartidario por El Salvador y el Medioambiente.
Este instrumento buscará comprometer a las futuras gestiones de gobierno a abandonar la permisividad ambiental y priorizar la sostenibilidad de la vida en el territorio nacional. La firma se prevé realizar en un acto público en enero de 2027.
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