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La caravana de salvadoreños altruistas reparte bolsas de dulces, juguetes, entre otras golosinas, a los niños que permanecen en albergue de la iglesia cristiana “Maná”, en Escuintla, Guatemala. Foto Diario Co Latino/Ricardo Chicas Segura.

El amor en época de desastre

Gustavo Carías

@Gustavo94carias

Amanecía en el centro de San Salvador cuando un contingente, integrado por Comandos de Salvamento con el club de motociclistas Vagos MC Green Nation, la empresa Morph Business y la Fundación Amigos de los Animales, se dirigían a Guatemala con un mismo objetivo: dotar de víveres a los damnificados de la erupción del Volcán de Fuego. Dicha catástrofe dejó un saldo de 112 personas fallecidas y más de 2,500 damnificados, según datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala (CONRED).

Fueron 2 horas y media, en el trayecto hacia la frontera La Hachadura, y luego 4 horas más de viaje para que el contingente llegara al municipio de Escuintla. El plan que Comandos de Salvamento había desarrollado era llevar ayuda a dos refugios: Uno situado en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe y el otro en el Templo de la Iglesia “Maná”.

Cuando se llegó al primer albergue ya era de noche y todos los damnificados dormían dentro de la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. Se habían movido las banquetas, todo estaba a oscuras, pero a la luz de la luna podían verse decenas de personas durmiendo, con sus colchonetas en el suelo.

A media noche, Julio Morejón deambulaba, por todo el albergue, como esperando conciliar el sueño. Morejón tiene 23 años, es originario de la aldea El Rodeo, en Escuintla, y trabaja como caficultor. Él perdió a 12 familiares durante la erupción del volcán de Fuego, su caminar era entorpecido y sus ojos reflejaban dolor.

Relatando de la Catástrofe

“Estaba en mi hogar, era un día normal como cualquier otro, cuando se formó una gran nube negra en la punta del volcán, para nosotros fue normal ya que pasaba seguido. Cuando la arena caía en las láminas y siempre nos encerrábamos. Horas después escuchamos gritos desde la calle, de la gente alertando que el volcán estaba haciendo erupción. Cuando salí veía gente corriendo, quemados, llenos de llagas, llorando y clamando a Dios”, expresó Morejón.

“Estaba todo nublado y tuve que sacar a mi familia y mi hermanito de doce años. Tengo una hija de cuatro años y una de cuatro meses. Cuando llegamos al albergue nos dimos cuenta que allá murieron doce familiares míos. A mis primos y mis tíos no los encontraron”, afirmó con la voz entrecortada mientras una lágrima rodaba de su rostro.

¿Julio cuál es el plan luego que los albergues dejen de funcionar?… y respondió: “Soy caficultor, las tierras donde trabajo están devastadas, mi casa está destruida y el gobierno no haya ninguna solución para nosotros. Mi hija de cuatro años me pregunta cuando regresaremos a casa y yo no sé qué responder”, concluyó.

Una mañana esperanzadora

Había amanecido y las personas albergadas fueron a tomar su desayuno. Era una larga fila para recibir dos tamales de arroz con un jugo de bolsa. Mientras todos comían debajo de los canopis, podían observarse familias enteras, niños, bebés, adultos, mujeres, ancianos, todos reunidos para ingerir los sagrados alimentos.

Comandos descargó la ayuda para dicho albergue y continuó la caravana por las calles de Escuintla con víveres para otro albergue, ondeando la bandera de Guatemala, muchos hermanos guatemaltecos saludaban al contingente, agradeciendo la ayuda y diciendo “Dios les bendiga”.

Cuando se llegó al segundo albergue, llamado “Ministerio Maná”, las personas salieron a recibir al contingente agradeciendo la ayuda. Se descargaron bolsas llenas de arroz, frijoles, azúcar, botellas de agua y luego se desplegaron varios miembros para invitar a los niños, a una quiebra de piñata con el payasito salvadoreño “Winnie” y sus dos asistentes miembros de comandos.

La fiesta comenzó, se podía percibir la alegría de los niños jugando y pegándole a la piñata. Una madre de familia agradecida por la ayuda dio unas palabras. “En estos tiempos difíciles es importante que los niños tengan estos momentos de alegría y armonía y esto se agradece demasiado. Estamos muy felices” agradeció Patricia Salazar, de 48 años y madre de dos hijos.

Carlos Fuentes, vocero de prensa de Comandos de Salvamento, expresó su satisfacción ante la labor de entregar víveres y alegría a Escuintla. “Este día El Salvador demostró su solidaridad con su hermana república de Guatemala, por eso estamos aquí, para ayudar con lo que podemos ya que es un sacrificio”, concluyó

Cuando era momento de partir para el pulgarcito, un niño llegó a abrazar a un miembro de Comandos de Salvamento y le dijo: “No te vayas”, él le respondió que debía hacerlo y le ofreció un dulce, a lo que el chico le respondió: “No quiero dulces, mejor quedate”. Ese día todo el contingente aprendió que la felicidad no sólo es entregar víveres, sino amor y esperanza.

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