Redacción Nacionales
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La propuesta de modificar la jornada laboral para concentrar las 44 horas semanales en cuatro días y establecer tres días de descanso ha generado cuestionamientos desde sectores sindicales, que advierten sobre las consecuencias que tendría ampliar la jornada ordinaria de ocho horas a 10 u 11 horas diarias.
Héctor Rodríguez y Sonia Viñerta, representantes del Movimiento de Defensa de los Derechos de los Trabajadores (MDCT), analizaron la iniciativa y señalaron que el debate no debe limitarse a los beneficios de disponer de tres días de descanso, sino revisar qué ocurriría con las horas extras, las prestaciones, las vacaciones, la seguridad social y la salud de quienes trabajan.
Una propuesta bajo cuestionamiento
Viñerta sostuvo que el planteamiento ha sido presentado como una forma de permitir a los trabajadores disponer de más tiempo para sus familias, pero consideró que existe poca discusión pública sobre los efectos concretos de ampliar las jornadas.
La propuesta del Ministerio de Trabajo es trabajar cuatro días durante 11 horas y descansar tres, aunque también se ha hablado de jornadas de 10 horas. Para los representantes del MDCT, la diferencia entre 10 y 11 horas no modifica el problema de fondo: mantener las 44 horas semanales mediante jornadas diarias más extensas.
Rodríguez recordó que la Constitución de la República establece que la jornada ordinaria de trabajo efectivo no debe exceder de ocho horas diarias y que la semana laboral tiene un límite de 44 horas. También señaló que el Código de Trabajo establece regulaciones específicas para las jornadas diurnas y nocturnas.
En ese sentido, cuestionó que una modificación de esta naturaleza pueda presentarse simplemente como una medida de modernización laboral.
¿Más descanso o más horas de trabajo?
Uno de los principales cuestionamientos planteados por los sindicalistas es que la propuesta puede generar una percepción de beneficio por los tres días de descanso, pero trasladar los costos a los trabajadores durante los cuatro días laborados.
Rodríguez explicó que, si una persona trabaja 11 horas en una jornada diurna, tres de esas horas corresponden actualmente al período que excede las ocho horas ordinarias. Según su cálculo, si esas horas dejan de ser consideradas extraordinarias, el trabajador podría perder una cantidad significativa de ingresos durante el año en concepto de horas extras.
Para los trabajadores nocturnos, la situación sería todavía más compleja, debido a que la legislación establece límites menores para ese tipo de jornada y contempla una remuneración especial para las horas nocturnas, que actualmente es de 7 horas laborales en periodos nocturnos.
Los representantes del MDCT sostienen que la discusión debería centrarse en cómo avanzar hacia jornadas más cortas, en lugar de ampliar las horas diarias de trabajo.
El impacto en las prestaciones
Otro de los aspectos señalados durante el análisis es el posible efecto que tendría la distribución de la jornada sobre las prestaciones laborales.
Rodríguez planteó que, al trabajar únicamente cuatro días por semana, podría reducirse el número de días contabilizados para determinados beneficios si no existe una modificación integral de las normas laborales.
Entre las preocupaciones mencionadas están el cálculo proporcional del aguinaldo y las vacaciones, así como las cotizaciones relacionadas con la seguridad social y el sistema de pensiones.
El sindicalista advirtió que una modificación de los horarios debe analizarse conjuntamente con todo el marco legal, porque cambiar la distribución de las horas sin revisar sus efectos sobre las demás prestaciones podría generar consecuencias que actualmente no forman parte del discurso oficial sobre la propuesta.
Salud y calidad de vida
Para Viñerta, el debate también debe considerar la salud física y mental de los trabajadores. Señaló que las jornadas prolongadas pueden incrementar el desgaste laboral y afectar el tiempo disponible para la familia, la formación profesional y el descanso.
La representante citó investigaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) relacionadas con los sistemas de producción y las jornadas prolongadas, mientras que durante la conversación también se hizo referencia a estudios que relacionan el exceso de horas laborales con enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares.
El planteamiento del MDCT parte de que la modernización laboral debería orientarse hacia una mejor calidad de vida y no únicamente hacia una mayor disponibilidad de tiempo de producción.
El transporte, un problema adicional
Los efectos de la propuesta, según Rodríguez, también deben analizarse considerando las condiciones concretas de vida de los trabajadores salvadoreños.
Una persona que ingrese a trabajar a las 8 de la mañana y termine a las 7 de la noche podría llegar a su vivienda mucho más tarde si se toma en cuenta el tiempo de traslado. En zonas industriales alejadas de los lugares de residencia, esto puede convertirse en una dificultad adicional debido a las limitaciones del transporte colectivo.
El problema sería mayor para trabajadores que viven fuera del área metropolitana y dependen de varios recorridos para llegar a sus hogares.
¿Modernización o esclavitud laboral?
Los representantes del MDCT consideran que la discusión sobre la jornada laboral debe partir de una revisión integral de las normas nacionales e internacionales y de una consulta amplia con los sectores involucrados.
Rodríguez recordó que la conquista de la jornada de ocho horas fue resultado de décadas de luchas de los trabajadores. Desde su perspectiva, cualquier reforma debería mantener como criterio central la protección de los derechos laborales.
Viñerta, por su parte, sostuvo que una política pública de esta naturaleza debería contar con estudios, consulta y participación de los sectores afectados. Además, custionó si realmente se trata de una modernización o de esclavitud laboral.
Para ambos representantes, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre las necesidades productivas de las empresas y la protección de quienes generan esa producción.
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