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Dilma Rousseff: Corazón Valiente, Corazón Guerrero

Dr. Víctor M. Valle

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ilma Rousseff ganó las elecciones presidenciales en Brasil, doctor el 5 de octubre de 2014, no rx con el 41% de más de 100 millones de votantes (el 80% del padrón); pero por no haber obtenido el 50% más un voto, tendrá que contender en segunda vuelta con Aecio Neves, quien obtuvo el 34%.

En realidad es una victoria. Con la legislación de otros países, ese 41 % daría para  otorgarle la presidencia a Dilma Roussef.

Los políticos del mundo, principalmente los de América Latina,  están muy pendientes de los resultados en Brasil. Los sectores populares están pendientes y esperan un triunfo de Dilma en segunda vuelta.

En Brasil se libra, en estos momentos, una batalla política, que es mundial, entre sectores populares y progresistas que construyen una sociedad más justa, y los sectores plutocráticos y sus servidores que desean preservar y acrecentar el modelo económico que concentra riqueza, armas y poder para quedarse con la tajada más grande del producto de los pueblos, en beneficio de  elites  minoritarias.

Brasil es el hermano mayor de América Latina, la séptima economía del mundo y,  con  China, Rusia, India y Sur África, hace esfuerzos para crear y consolidar un orden mundial donde los humildes de la tierra tengan sus derechos protegidos y sus necesidades básicas satisfechas.

En Brasil hubo de una dictadura militar tenebrosa (1964-1985) que competía con Irán del Sha y Grecia de los coroneles golpistas, para ser los torturadores más refinados de la época en defensa del “mundo libre”. En Brasil se usaba la tortura de poner reos políticos en parrillas calentadas con electricidad, asadoras de carne, todo en nombre de la defensa de la democracia.

Durante la dictadura, como parte de las luchas populares y los movimientos sociales, se fundó en 1980 el Partido de los Trabajadores, cuyo líder Luiz Ignacio Lula Da Silva, obrero metalúrgico que después de cuatro intentos, a partir de 1989, ganó la presidencia en el 2002, Fue re-elegido y ocupó la presidencia hasta 2010 y lo sucedió, para el período 2010-2014, Dilma Rousseff quien en el 2010 obtuvo una abrumadora mayoría en segunda vuelta.

En doce años de gobernar, los presidentes Lula y Dilma han cambiado, para bien,  la sociedad brasileña y son fuente de inspiración para los luchadores sociales y los países que luchan por desarrollarse con  dignidad.

En Brasil, gracias a Lula y Dilma,  hay menos pobres, más personas acceden a la educación y al empleo y la inflación y la deuda externa han sido puestas bajo control. Brasil tiene prestigio internacional, sobre todo en los países menos favorecidos,  y la política internacional es progresista y  manejada con ecuanimidad. Más con Lula que con Dilma, se ha podido atraer sectores empresariales para que se sumen al desarrollo de los más necesitados. Y es que los programas para abolir el hambre y disminuir la pobreza, dinamizan el mercado interno y abren oportunidades económicas para empresarios proveedores de alimentos y propietarios de transportes que trasladan  alimentos y bienes.

Brasil, por mucho tiempo, ha sido un país con desigualdades, opresiones y exclusiones. Sus élites han sido poderosas e insensibles. Las luchas no han sido fáciles y, después de doce años de gobiernos progresistas, buscan el retorno de las políticas de siempre por medio de la derrota de Dilma Roussef en las elecciones del 26 de octubre próximo, y detrás de esas élites están las derechas del mundo que quieren impedir el avance de modelos liberadores y en función de los de abajo. Ya se verán los medios internos y transnacionales enalteciendo a Aecio Neves y atacando a Dilma.

La confrontación política actual ha tenido sus desarrollos sorpresivos. A partir del accidente aéreo, del 13 de agosto de 2014, donde murió Eduardo Campos, el candidato del Partido Socialista Brasileño, asumió la candidatura Marina Silva, una ex ministra de Lula y que rápidamente expresó su alineamiento con la derecha y en contra de Dilma, Lula y el Partido de los Trabajadores. Se le infló y se le encogió. Su papel era que se forzara una segunda vuelta y lo lograron. Al caer su popularidad, el beneficiado fue Aecio Neves, un político de la llamada socialdemocracia brasileña, nieto de Tancredo Neves, el político centrista y democrático que ganó la presidencia de 1985,  pero que no pudo tomar posesión por quebrantos de salud y posterior muerte.

Aecio Neves y sus patrocinadores rápidamente han recibido el apoyo de los retrógrados y nostálgicos del mundo y de Brasil para emprender una restauración de un régimen político al servicio de las èlites.

En esta campaña presidencial,  en Brasil ha circulado mucho un “jingle” publicitario llamado ¨Dilma, corazón valiente. Fuerza brasileña, garra de esta gente¨

(Ver “jingle” en:http://www.youtobe.com/watch?v=3k8YQCSs8es )

Y es que Dilma es corazón y coraje y lo ha sido a lo largo de su vida.  Pero además de corazón valiente, es corazón guerrero.
Dilma Roussef es una luchadora social y política popular de larga data. Fue  parte del movimiento sindical de Brasil y, para luchar contra la dictadura militar instaurada en 1964, se incorporó a una organización político-militar, lo cual le valió prisión y tortura de 1970 a 1973.
Es economista y  fue Ministra de Energía y de la Presidencia del Presidente Lula.

Poco antes de emprender su victoriosa  campaña presidencial, de 2010,  le fue diagnosticado cáncer, pero con tesón y ganas de vivir y servir, derrotó a la enfermedad.

Como Presidenta de Brasil, Dilma continuó con energía los programas sociales que disminuyen el hambre y la miseria y enfrentó con coraje a los denostadores y desestabilizadores.

Gracias a los gobiernos de Lula y Dilma han sido aumentadas las capas medias sociales que, ahora educadas, presionan por más cambios. Estas presiones son, a veces, manipuladas por los anti-populares, pero Dilma, en la coyuntura del campeonato mundial de futbol, ejerció un liderazgo fuerte y valiente y salió avante.

Dilma es corazón valiente, y lo demostró frente a las torturas de los militares brasileños. Y es corazón guerrero, sobre todo en sus guerras frontales al hambre y la miseria.

Ojalá, el 26 de octubre próximo se repita la historia y las mayorías brasileñas alimenten la esperanza entre los pobres y den la victoria a Dilma. El triunfo de Dilma deberá inspirar a los políticos progresistas de nuestras tierras,  a esos que Monseñor Rosa Chàvez describió hace poco como los políticos que les duele el dolor del pueblo o que, como lo dijo Paulo Freire 40 años antes, se descubren en los desarrapados del mundo y con ellos sufren y con ellos luchan.

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