Saúl Méndez
Colaborador
Este domingo 1 de marzo se celebró el segundo domingo de Cuaresma en la Cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador, en una Eucaristía presidida por el vicario Antoni Gutiérrez.
Durante la homilía, el sacerdote evocó palabras pronunciadas por Óscar Arnulfo Romero el 23 de marzo de 1980, en las que el entonces arzobispo hizo un llamado firme a la conversión, la justicia y el compromiso activo de la Iglesia con el pueblo.
En aquel mensaje, monseñor Romero exhortó a la comunidad eclesial, sacerdotes, religiosos y laicos, a convertirse en “motor de liberación”, fiel al proyecto de Dios.
Subrayó que la Iglesia debía iluminar la realidad nacional, denunciar lo injusto y alentar todo aquello que promoviera el bien común.
El vicario recordó uno de los pasajes más contundentes de aquella homilía, en el que Romero llamó a la conciencia de los miembros de las fuerzas armadas en medio de violencia que atravesaba el país.
”En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”, sentenció.
Gutiérrez también rememoró la homilía del 10 de febrero de 1980, en la que el arzobispo instó a los cristianos, especialmente a quienes ejercen responsabilidades públicas o participan en organizaciones sociales y políticas, a actuar con coherencia con el proyecto del Reino de Dios.
Romero insistía en que la fe debía traducirse en compromiso concreto con la dignidad humana y la transformación de la realidad.
Durante la procesión de ofrendas, distintos signos reforzaron el mensaje litúrgico del día:
Jesús transfigurado junto a Moisés y Elías: se destacó que Cristo es el camino para llegar al Reino de Dios y que, pese a la fragilidad humana, invita a levantarse sin temor y a contemplar la promesa de salvación.
La luz en memoria del llamado a Abraham: en alusión al pasaje bíblico en el que Dios pide a Abraham salir de su tierra hacia la promesa, se presentó una luz como símbolo de la guía divina y de la esperanza en la tierra prometida.
Imagen de monseñor Romero: en sintonía con las palabras de san Pablo sobre compartir los sufrimientos por el Evangelio, se recordó el testimonio del arzobispo, quien asumió las consecuencias de proclamar la Buena Nueva y defender los derechos humanos de los más vulnerables.
Canasta de víveres: como signo de la esperanza en una vida digna para los desposeídos, la comunidad ofreció alimentos, reafirmando su compromiso con las familias en situación de pobreza.
Pan y vino: se presentaron los dones eucarísticos, que al convertirse en el Cuerpo y la Sangre de Cristo representan la transfiguración de la vida y la salvación ofrecida a la humanidad.
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