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sábado , 21 octubre 2017
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Conflicto Hegemónico: crisis, guerras y revoluciones

JOSÉ GUILLERMO MÁRTIR HIDALGO

El veintiocho de Julio de mil novecientos catorce, doctor se inicia la Primera Guerra Mundial. Roberto Sáenz, health en su artículo “El fantasma del cien aniversario de la Primera Guerra Mundial”, la caracteriza1, como un enfrentamiento entre potencias imperialistas por el reparto del mundo.

Sáenz hace una analogía de la actual desintegración del orden mundial consagrado a fines de la Segunda Guerra Mundial, con el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Previo a dicha conflagración, asevera, existía una crisis hegemónica mundial.  En la actualidad, hay un declive lento de los Estados Unidos y una ascensión de China a primera economía mundial. Al mismo tiempo, hay un desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacía el área del pacífico. China, es un imperialismo en proceso de construcción.

Hace cien años se abrió una lucha hegemónica imperialista por espacio de treinta años, la cual se inaugura con la Primera Guerra Mundial y se resuelve con la derrota de Alemania y Japón y el ascenso de los Estados Unidos como primera potencia mundial.

Sáenz asevera que la crisis hegemónica que se está viviendo, remite a las enseñanzas de la Primera Guerra Mundial: toda lucha hegemónica puede conducir a una conflagración. Por eso, el potencial conflicto hegemónico entre los Estados Unidos y China, está colocando al mundo en alerta.

Otra enseñanza de la Primera Guerra Mundial es que las conflagraciones pueden abrir una dinámica revolucionaria. Actualmente no se vive un momento de polarización, como cien años atrás. En aquella época, las cosas eran distintas: las condiciones estaban maduras para una época revolucionaria que la Primera Guerra Mundial vendría a abrir.

La desigual distribución del mundo fue la razón del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Alemania reclamaba su cuota en el reparto del mundo de comienzos del Siglo Veinte. Sáenz afirma que de las masacres acaecidas en dicha conflagración mundial, nació la revolución. Y de la derrota militar, nació el nacionalismo extremo. Es decir, la Primera Guerra Mundial parió tanto la revolución como la contrarrevolución. El autor sostiene que a pesar que las contradicciones están temporalmente “mediatizadas” o desplazadas, tarde o temprano se abrirá una época de crisis, guerras y revoluciones. Pero la tradición del marxismo revolucionario ha quedado cuestionada, por la degeneración burocrática de los Estados Obreros o Anticapitalistas.

Política revolucionaria: instrumento de intervención en el campo político

En el libro “Apuntes de formación: ciencia y arte de la política revolucionaria”2, Sáenz explica que la política revolucionaria es un instrumento de intervención en el campo de la política. Es acción para hacer valer los intereses inmediatos e históricos de la clase trabajadora. Los partidos políticos, son las instituciones que defienden los intereses de las clases en pugna.

La política, dice Sáenz, es una economía concentrada. Ya que la superestructura (política, ideología y leyes) está subordinada a las relaciones económico-sociales. La acción política debe trascender la mera lucha reivindicativa. Se debe intervenir en el ámbito de los asuntos generales y elevarse de ella. La política revolucionaria tiene una dimensión científica (ciencia) e intuitiva (arte). En la primera estudios, análisis, principios elementales y leyes rigen el fenómeno político. En la segunda, a la primera ojeada se aprecian los elementos de la política. La política es una acción creadora de la realidad histórica, a partir de determinadas circunstancias.

La coyuntura política es la unidad de medida a partir de la cual se llevará a cabo la acción política. La comprensión de la coyuntura es una necesidad de primer orden, si no se quiere actuar a ciegas. El análisis de coyuntura sirve, para tener presente el conjunto de las determinaciones de un periodo político concreto.

La crisis orgánica y la revolución pasiva, términos  gramscianos, se suman a las categorías como situación revolucionaria, crisis revolucionaria, vacío de poder y crisis de dirección revolucionaria. La crisis orgánica hace referencia a la puesta en cuestión de la dominación de la clase explotadora. Y la revolución pasiva, cuando un grupo explotador se apropia de las banderas de la revolución popular, para vaciarla de contenido y “resolver” demandas de manera distorsionada.

La “crisis revolucionaria” se caracteriza por que se comienza a erigir un doble poder. La política revolucionaria define como resolver el problema del poder, a partir de las nuevas organizaciones de masas en lucha. Los principios, son aspectos profundos aplicables a la generalidad de la acción política revolucionaria que se plasman en la Teoría de la Revolución. El programa político, es la síntesis de los objetivos para transformar el estado de cosas de una sociedad. Las reivindicaciones parten de las necesidades y tareas más urgentes, pero, se deben encadenar a un todo orgánico que apunte al poder del proletariado. Las reivindicaciones transitorias y el programa, están vinculados a la teoría de la revolución.

La táctica y la estrategia es el arte de la lucha revolucionaria. La estrategia es el conjunto de pasos que se van a seguir para llegar al objetivo de la revolución y la táctica, la actividad que hace los pasos a tomar para completar tal estrategia. El objetivo de la política revolucionaria es conducir las luchas en la perspectiva de la revolución socialista. Cada momento parcial o “táctico” debe ser inserto en el teatro general de las operaciones de la revolución. Las organizaciones de masas deben realizar movilizaciones de masas y utilizar la palestra electoral. La guerra y la política son esferas relacionadas. La Guerra es parte de un todo y ese todo es la política. La política, como arte, ofrece más pliegues, sutilezas y complejidades que la guerra. La política, es la continuidad de la guerra cotidiana entre las clases sociales.

El militarismo es una concepción reduccionista que pierde de vista el espesor de la política revolucionaria. Las tácticas y las estrategias, deben estar al servicio de la autodeterminación revolucionaria de la clase obrera, el sustituismo no es admisible. Sáenz  sugiere rechazar las formaciones militares que actúan en sustituismo de la clase obrera y el terrorismo individual. Pero no descartar la táctica militar subordinada a un método  principal de lucha, la lucha de masas.

La centralidad social en la revolución corresponde a la clase obrera. Sin clase obrera no hay socialismo. La crisis mundial presenta mejores condiciones para la construcción de partidos revolucionarios internacionales. Pero desde la caída del Muro de Berlín, considera Sáenz, el ciclo político se ha caracterizado por la ausencia de la revolución social.

Breve historia del futuro

En “Breve Historia del Futuro”3, Jacques Attali comienza diciendo que son tres órdenes los que afectan el desarrollo de las sociedades humanas: el ritual (religión), el imperial (militar) y el mercantil (mercado). Pero, el orden mercantil ha sustituido al orden ritual e imperial.

Attali considera que el capitalismo ha tenido nueve periodos o formas. En la actualidad nos encontramos en la novena forma del orden mercantil. Ésta novena forma gira alrededor de los ordenadores, Internet y el teléfono móvil. Su corazón es California, pero, esta novena forma llegará a su fin entre el dos mil veinticinco y el dos mil treinta. Las empresas estadounidenses empezaran a ver a su propio país como enemigo de sus intereses comerciales y el modelo californiano se pondrá en tela de juicio. Surgirán once potencias económicas y políticas: China India, Japón, Rusia, Indonesia, Corea del Sur, Australia, Canadá, Sudáfrica, Brasil y México.

La nueva forma mercantil que surja, funcionará sin ninguna ciudad corazón. El mercado se irá imponiendo en un mundo policéntrico. En su afán de nuevos beneficios, el mercado desmantelara los servicios públicos, la democracia y los Estados. Las compañías de seguridad privada y las compañías de seguros, exigirán a sus clientes que se ajusten a sus normas. Se producirá una hipervigilancia, ya que  las empresas privadas almacenarán los datos de cada individuo. Algunos países conservarán la lealtad de sus ciudadanos y otros, optaran por diversos tipos de dictadura. Sin Estado, el mercado erigirá a las empresas de seguros y de entretenimiento como las formas de gobernación planetaria. Aparecerán dos nuevos tipos de empresas: las piratas, propiciadoras del hiperconflicto, basadas en actividades ilícitas, actividades criminales y violencia y las relacionales, que desencadenarán la hiperdemocracia, recrearán la gratuidad y el voluntariado. Las principales empresas serán cada vez más nómadas y la clase alta del hiperimperio será hipernómada.

Con el vació dejado por el declive de los Estados, aumentará el papel jugado por los “piratas” (mafias, bandas de delincuentes y movimientos terroristas). Crecerá el número de ciudadanos dominados por delincuentes y narcotraficantes. Para combatir a los piratas proliferarán las empresas de mercenarios. El mercado que habrá puesto el poder en manos de unos pocos con hipervigilancia, se convertirá en la forma más absoluta de dictadura. La religión volverá a la política de la mano de la extrema derecha. Las iglesias evangélicas protagonizaran enfrentamientos con el Islam, que buscará la construcción de un imperio teocrático musulmán.

Quince países tendrán el arma atómica. Las empresas privadas desarrollarán nuevas armas químicas, biológicas y nanotecnológicas.  Y podrán acceder a ellas las mafias, los mercenarios y las guerrillas. Habrá guerras para unificar etnias y pueblos como para impedir las secesiones. Habrá múltiples guerras civiles.

Sonia Déciga Campos en su artículo “Jacques Attali. Breve Historia del Futuro”4, dice que el argumento central  es que el Imperio Estadounidense cae en el dos mil treinta y cinco, lo que abre tres escenarios: Hiperimperio, Hiperconflicto e hiperdemocracia. En el hiperimperio, el mercado domina todos los ámbitos de la vida cotidiana. En el hiperconflicto, todos son rivales de todos y los conflictos religiosos son cada vez más fuertes y en la hiperdemocracia, será necesaria una nueva conciencia para evitar una catástrofe global. Ésta nueva conciencia cuidará los recursos naturales y velará por una distribución equitativa de los bienes. Su apuesta es el bien común, en cuanto calidad de vida. Y serán las empresas relacionales o sin fines de lucro, las que construirán una nueva economía.

En “Karl Marx o el espíritu del mundo”5, Jacques Attali opina que la teoría de Marx recupera todo su sentido en el marco de la globalización actual. Dice que estamos asistiendo a la explosión del capitalismo como Marx lo había previsto: conmoción de sociedades tradicionales, ascenso del individualismo, concentración del capital, deslocalizaciones, mercantilización, expansión de la precariedad, fetichismo de mercancías, creación de riqueza solo por la industria y proliferación de la industria financiera.

En la página cuatrocientos trece escribe: “Cuando haya agotado de tal forma la mercantilización de las relaciones sociales y utilizados todos sus recursos, el capitalismo, si no destruyó a la humanidad, también podría dar paso a un socialismo global (…). Para imaginarlo, habría que volver a los principios que Marx evocaba cuando soñaba con un socialismo universal: la gratuidad, el arte de «hacer» y no del producir, la distribución comunitaria y gratuita de los bienes necesarios para el ejercicio de las libertades y responsabilidades (…), esto no puede pasar por el ejercicio de un poder a escala planetaria, sino por una transición en el espíritu del mundo, esa «evolución revolucionaria» tan a gusto de Marx (…). Todo hombre se convertiría en ciudadano del mundo, y finalmente el mundo estaría hecho para el hombre”.

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