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jueves , 19 octubre 2017
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Concertación

Guido Castro Duarte
guidocastrod@yahoo.com

A 24 horas de haber finalizado los comicios del 9 de marzo, buy aún no se oficializan los resultados debido a una escasa diferencia de 22 centésimas, treatment equivalentes a 6634 votos de diferencia, aunque las cifras indican una indiscutible victoria del FMLN.

Frente a la inminencia de la derrota, ARENA se aferra a la posibilidad de modificar el resultado, ya que una derrota implica cinco años más como oposición y el descalabro de la actual dirigencia arenera.

Difícilmente se podrá superar ese resultado, aunque hay que reconocer que ARENA tuvo una gran capacidad al recomponer sus fuerzas y remontar la diferencia de más de 300,000 votos de la primera vuelta. Sin embargo, el sprint final no fue suficiente.

Podríamos llenar este espacio analizando las causas de estos resultados, pero la realidad es lo que tenemos y es más importante analizar el futuro inmediato.

Gane quien gane, si se quiere sacar adelante al país, no se puede seguir gobernando ignorando a la otra mitad de la sociedad, y necesariamente, deben abrirse los espacios y tender puentes para lograr acuerdos en favor del desarrollo social del país. El nuevo gobierno no puede cumplir con su mandato constitucional sin entrar en un diálogo abierto con todos los sectores productivos y sociales del país.

Todos somos  parte de El Salvador y todos juntos debemos sacarlo adelante. No podemos seguir azuzando los antiguos odios, no podemos seguir aumentando la brecha que mantiene separados a los ricos de los pobres, debemos discutir de manera franca y abierta, la forma en que cada uno de los grupos de poder contribuirá en la promoción humana de los más desposeídos.

ARENA y el FMLN deben comprender que las diferencias que no lograron dirimirse con la guerra, deben solventarse de manera pacífica, ya que ha corrido suficiente sangre a lo largo de la historia, y se sigue derramando por la violencia social que azota El Salvador.

Son dos los puntos fundamentales en los que tienen que ponerse de acuerdo: El primero es el modelo económico que debe superar al mercantilismo que prevalece actualmente y que margina a las grandes mayorías de los beneficios del desarrollo, modelo que debe superar el desprecio de los que creen tenerlo todo contra los que casi no poseen nada, que debe promover a la persona humana y no marginarla, que debe superar el modelo del Estado benefactor y abrir las oportunidades para que las personas puedan desarrollar al máximo sus potencialidades.

El segundo es el de las políticas sociales, en las que deben prevalecer tres áreas: la educación de calidad que forme personas integrales; la seguridad que asegure el correspondiente ambiente de desarrollo personal y económico, erradicando la influencia del crimen organizado; y la salud, que asegure calidad de vida para toda la población, sin distingo alguno.

Esto nos lleva a la ineludible discusión de la necesidad de la reforma del Estado, a través de la suscripción de una nueva Constitución que goce de la representatividad de todos los sectores de la sociedad, la cual, no la posee la Constitución de 1983, dada su naturaleza contrainsurgente por el momento histórico en el que se aprobó.

Hay que trabajar por alcanzar la formación de un gobierno de unidad nacional, de lo contrario, el pueblo cada vez desconfiarán más de los partidos políticos y los gobernantes gozarán cada vez de menos legitimidad, hasta que el ciclo histórico se cierre y la propia sociedad realice los cambios que considere necesarios.

Es hora de bajar los puños y guardar los himnos de guerra, es hora de pensar en formar una verdadera Nación en la que todos participemos y todos apoyemos la construcción de un verdadero Proyecto Histórico, que nos beneficie a todos y en cuya construcción trabajemos todos.

De lo contrario, cada cinco años vamos a seguir polarizando la sociedad y cada tres escogiendo una Asamblea en la que algunos diputados traicionen a sus electores, gocen de privilegios y hagan más difícil la vida institucional del país con la aprobación de más y más leyes.

Ha llegado la hora del pueblo, de reivindicar la participación popular, de democratizar los ámbitos de participación social y política, y de hacer realidad la democracia en El Salvador.

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