Saúl Méndez
Colaborador
Este domingo 12 de abril se celebró el segundo domingo del tiempo de Pascua, también conocido como Domingo de la Divina Misericordia, en la cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador. La eucaristía fue presidida por el padre Jhonny Ramos.
Durante la procesión de ofrendas se recordó el momento en que Jesús misericordioso se presenta ante sus discípulos, les concede la paz y les comunica el Espíritu Santo, otorgándoles la potestad de perdonar los pecados.
Asimismo, se presentó la imagen de Jesús de la Divina Misericordia como símbolo de amor y perdón. En este contexto, se evocaron palabras de monseñor Óscar Arnulfo Romero, al destacar a Cristo como presencia viva en los pueblos, que inspira una misión basada en la misericordia y la redención.
Una de las características especiales de la eucaristíen en la Cripta de Catedral Metropolitana es que se rememoran las homilías del martir y ahora Santo Oscar Arnulfo Romero, como parte de la labor de memoria histórica de la comunidad de la cripta.
“Cristo es el viviente que ha vencido la muerte y se manifiesta ante unos apóstoles marcados por el dolor y el miedo. Con la expresión ‘La paz esté con ustedes’, Jesús vence el temor de sus discípulos y los fortalece con su Espíritu para enviarlos a anunciar la buena nueva”, expresó Ramos durante la celebración.
También se hizo referencia a la segunda aparición de Jesús, en la que fortalece la fe del apóstol Tomás, quien dudaba de la resurrección. Según el relato, Cristo le muestra sus manos y le invita a tocar sus llagas. Como signo de este pasaje, se presentaron las manos llagadas de Jesús, símbolo del llamado a la fe y a no dudar de su condición de Hijo de Dios, en cuyo nombre se encuentra la vida.
Inspirados en el pensamiento de monseñor Romero, se destacó que el amor es el vínculo que une a la comunidad y refleja la vida que se espera alcanzar. En ese sentido, se presentó una canasta de víveres como símbolo de la misericordia de Dios y de la solidaridad comunitaria hacia familias en situación de necesidad.
Asimismo, se subrayó que, según monseñor Romero, no basta con pertenecer a la Iglesia, sino que es fundamental dejarse transformar por el Espíritu de Cristo. En este marco, se presentaron el pan y el vino, que en la eucaristía se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como signo de esa presencia espiritual que anima la vida de los creyentes.
Durante la celebración también se recordó una homilía de monseñor Romero, en la que afirmó: “Vale la pena sufrir porque estamos esperando el retorno”. En su mensaje, destacó que la salvación en Cristo no puede desligarse de la realidad concreta de liberación en lo político, económico y social, y que la Iglesia está llamada a acompañar estos procesos sin perder la perspectiva de esperanza en el Reino que está por venir.
También se evocó la esperanza cristiana como un encuentro esperado con Cristo, comparado con el reencuentro con un ser querido. Se retomó la expresión de la Iglesia como comunidad que anhela ese momento: “¡Ven, Señor Jesús!”. Con ello, se reafirmó la convicción central del mensaje pascual: Cristo vive.
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