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El autoritarismo de Bukele no es una opción personal, es parte de la estrategia de dominación de Estados Unidos en la región

Por Colectivo Tetzáhuitl*

 La Dictadura, una opción de clase y de dominación imperial…

 Desde el punto de vista político, un régimen autoritario y dictatorial siempre ha sido la mejor y más efectiva estrategia de dominación del imperialismo estadounidense y de las Oligarquías latinoamericanas para mantener su hegemonía y preservar sus intereses en la región.

Así han sido todas las Dictaduras Latinoamericanas que conocemos: Hernández Martínez en El Salvador, Castillo Armas en Guatemala, Somoza en Nicaragua, Noriega en Panamá, Batista en Cuba, Trujillo en República Dominicana, Duvalier alias “Papa Doc” en Haití, Stroessner en Paraguay, Videla en Argentina, Fujimori en Perú, Pinochet en Chile, entre otros.

Bukele no es la excepción.

Existen profundas similitudes entre todas ellas.

Entran a funcionar cuando los intereses de Estados Unidos están en riesgo y dejan de funcionar cuando ya no constituyen instrumentos de dominación confiables para estos intereses.

Es el caso del “Martinato” en el siglo pasado en nuestro país.

El golpe militar que lleva a Maximiliano Hernández Martínez al poder fue fraguado, estimulado y consentido por el Departamento de Estado de Estados Unidos.

Su gobierno acabó en 1944 cuando perdió el apoyo del gobierno estadounidense y entró en conflicto con la Oligarquía cafetalera y financiera.

No cayó por una revuelta popular.

La “huelga de brazos caídos” que precedió a su renuncia y a su huida del país fue financiada y estimulada por los grandes empresarios para los que el Brigadier General se había convertido en un problema que no garantizaba la continuidad de sus intereses.

Lo mismo ocurrió con el golpe militar de Octubre de 1979

Los militares en El Salvador después de gobernar en forma ininterrumpida por 17 años (1962-1979) debieron entregar el poder a una Junta de Gobierno confiable para los Estados Unidos y capaz de contener el avance de las organizaciones populares y de las guerrillas izquierdistas en el país.

Esta transición política de diez años (1979-1989) le permitió a la Oligarquía salvadoreña recuperar el control total del aparato de Estado con la llegada de Alfredo Cristiani a la Presidencia de la República.

El mismo Cristiani provenía de uno de los grupos oligárquicos que promovió la entrada y consolidación del Neoliberalismo desde finales de los ochenta.

Con la victoria del FMLN en el 2009, las políticas neoliberales y los intereses oligárquicos y del capital financiero de Estados Unidos enfrentaron un impasse de diez años que finalizó con la pérdida de las elecciones presidenciales en el 2019 por el FMLN.

Aunque hay algunos en la izquierda que sostienen que el FMLN solo se dedicó a administrar el Neoliberalismo y no enfrentó a la Oligarquía salvadoreña, lo cierto es que los gobiernos de izquierda, en especial el primero, contuvieron el avance de las políticas neoliberales de despojo de los bienes públicos, de apropiación por parte de los grandes grupos empresariales de la riqueza nacional y de avance y profundización de la pobreza y las desigualdades sociales.

La victoria de Bukele en 2019 le permitió a la Oligarquía retomar el control total del Estado.

Este control solo podía ser posible con la entronización de un régimen autoritario con matices dictatoriales como los del siglo pasado.

Para Estados Unidos y la Oligarquía, Bukele ha sido y seguirá siendo su mejor aliado y opción para implementar sus planes de dominación…

 Bukele gana en el 2019 el control del Ejecutivo pero no el poder total del Estado.

Le faltaba aún controlar las decisiones legislativas y el poder judicial.

A eso se debe que centre su gestión en descalificar a la Asamblea, a la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General, Raúl Melara.

Solo de esa forma podía aspirar a ocupar y controlar el resto de las instituciones del Estado.

Solo así tendría el control total del país y podía convertirse en la mejor opción de dominación para los grupos oligárquicos y los intereses estadounidenses en la región.

Esto lo consigue en las elecciones legislativas y municipales de Febrero del 2021, que le permiten ganar mayoría calificada para nombrar a un Fiscal General corrupto y genuflexo y a una Sala de lo Constitucional espúrea que se ajuste a sus propósitos.

El régimen autoritario que comienza a edificar Bukele desde esas elecciones no fue una opción personal, ni siquiera de su clan familiar.

Se trató de una estrategia diseñada por los “tanques” de pensamiento estadounidenses, a la que se sumaron los grupos oligárquicos con los que ya había construido una sólida y cada vez más estrecha alianza para gobernar sin tropiezos.

La megalomanía  y la inmadurez de Nayib Bukele fue un factor coadyuvante para la instauración de este régimen.

Solo la entronización de una Dictadura basada en el control ideológico de la población, en la persecución penal y consiguiente anulación de la oposición social y política, sobre todo de izquierda, en el uso de la fuerza militar y policial para reprimir a la población y el establecimiento de  un régimen de excepción que lleva ya más de dos años de vigencia, podía fortalecer el Neoliberalismo pro Oligárquico y representar los intereses de Estados Unidos en el país y en la región centroamericana.

Si Bukele no fuera un gobernante autoritario no sería funcional para el imperialismo y los grupos oligárquicos del país.

El régimen autoritario y la ruptura permanente del Estado de Derecho y del ordenamiento constitucional le ha permitido y le seguirá permitiendo a Bukele impulsar medidas económicas que favorecen los procesos de acumulación de riqueza de los grandes empresarios en detrimento de la población y asegurar el control de los negocios del Estado, a través de la corrupción gubernamental y de la sustracción de los recursos públicos.

Este mismo carácter autoritario del régimen también le asegura a Estados Unidos que Bukele se convierta en factor de desestabilización regional para favorecer los intereses de la industria de guerra estadounidense que vive de los conflictos sociales y políticos en los países que están bajo su hegemonía.

Bukele es un Dictador no por decisión propia, sino porque es la única forma como puede sobrevivir políticamente, profundizar y encubrir la corrupción, proteger los intereses de los grupos oligárquicos aliados del imperialismo y sentarse en la mesa de la Oligarquía nacional.

 

*El colectivo Tetzáhuitl está integrado por un grupo de periodistas, investigadores y analistas de la realidad nacional sin vinculaciones partidarias ni ataduras ideológicas.

Su objetivo es esclarecer procesos políticos y económicos como el que vive El Salvador.

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